Iniciativa única en España

Vivir en un barrio con un 90% de abandono escolar... y entrar en la universidad

Un proyecto de la Universidad de Córdoba permite a jóvenes con escasos recursos terminar la educación secundaria para seguir estudiando en un centro FP o en la facultad

Loli, Francisco Javier, Sergio y Brandon, estudiantes becados por la Universidad de Córdoba, en el barrio de Las Palmeras.

Loli, Francisco Javier, Sergio y Brandon, estudiantes becados por la Universidad de Córdoba, en el barrio de Las Palmeras. / OLGA PEREDA

Olga Pereda

Ningún taxista de Córdoba se mete dentro del barrio de Las Palmeras. Problemas graves de seguridad en el pasado y algún prejuicio de más hacen que los profesionales del taxi -también los policías y los políticos- consideren injustamente vetado ese “barrio sin ley”.

Las Palmeras es un barrio pobre y con un alto nivel de segregación. Ubicado en la carretera que va a Sevilla, sus humildes casitas se empezaron a levantar en los años 60. La educación nunca ha sido una prioridad entre sus vecinos. Muchos de ellos se dedicaban (y se siguen dedicando) a la chatarra o la albañilería. Y eso en el mejor de los casos porque hay otros que trapichean con drogas. El nivel de fracaso y de abandono escolar temprano es superior al 90%. Ir a clase es un lujo que muchas familias ni conciben ni se pueden permitir. Hay que trabajar para comer. Hasta ahora.

Las Palmeras tiene entre sus vecinos, por fin, a estudiantes de secundaria con ganas de aprender y de graduarse en FP y en la universidad. Un sueño que es posible gracias a una iniciativa solidaria entre la Universidad de Córdoba y la asociación vecinal La unión y la esperanza de Las Palmeras.

47 solicitudes de becas

La iniciativa, que nació en 2018 y que cuenta con el impulso de la Convocatoria de Proyectos Sociales de Fundación la Caixa, es única en España. No hay nada parecido en otra universidad. Sus responsables explican que no se puede importar el modelo porque es “un traje a medida” de Córdoba y Las Palmeras. Un traje de éxito. El primer año solo se concedieron tres becas a tres chavales. En la convocatoria de este curso ya hay 47 solicitudes.

Una de esas solicitudes es la de Loli Carmona, de 17 años, que está estudiando 2º de bachillerato y que el año que viene quiere entrar en Criminalística o Educación Infantil y convertirse en la primera universitaria de su familia. También Sergio Rodríguez, de 20 años, aspira a una beca para poder seguir estudiando el doble grado de Derecho y Administración de Empresas. “Estoy orgulloso. Pero no de mí sino de mis padres, que me han brindado la oportunidad de ser universitario”, responde con humildad ante las preguntas de este diario.

FP superior

Más tímido, Francisco José Llamas, de 20 años, comenta que está en segundo curso de Soldadura, una FP de grado medio. “La ESO se me dio muy mal. Pero fue entrar aquí, que es muy práctico, y todo mejoró. Cuando termine voy a tener trabajo seguro”, comenta el joven cordobés. A su lado, Brandon Carrillo, de 17, sonríe. También estudia un grado medio de FP de Enfermería, pero tiene claro que irá a un grado superior.

Loli, Sergio, Francisco José y Brandon -que el año pasado gozaron de la beca y que aspiran a hacerlo también este curso- tendrían muy complicado seguir estudiando si no fuera por la ayuda. Reciben no solo una beca económica sino también ayuda psicosocial.

"Queremos que estos chavales y chavalas abran los ojos al mundo. No han tenido las mismas oportunidades que otros y se lo merecen"

Sara Pinzi

— Vicerrectora de Igualdad de la Universidad de Córdoba

"Este proyecto forma parte del compromiso social de nuestra universidad”

Antonio Arenas

— Vicerrector de Formación y profesor del grado de Veterinaria

“Para que puedan dedicarse a estudiar y no tengan que trabajar para ayudar a sus familias, reciben 450 euros mensuales. Con el objetivo de cerrar la brecha digital, la universidad les ofrece un ordenador y un wifi portátil. También clases de inglés. Además, tienen el apoyo de un estudiante universitario voluntario que hace las veces de mentor o de ‘hermano mayor’”, explica Sara Pinzi, profesora de la facultad de Ingeniería y vicerrectora de Igualdad en la Universidad de Córdoba (UCO). “Queremos que estos chavales y chavalas abran los ojos al mundo. No han tenido las mismas oportunidades que otros y se lo merecen”, añade la vicerrectora.

“Muchos de los becados forman parte de familias desestructuradas y ambientes poco favorecidos. Para ellos es complicado estudiar. Con este proyecto perseguimos que se puedan concentrar, que tengan los medios para dedicarse a los libros y completar la educación secundaria. Es un proyecto que forma parte del compromiso social de nuestra universidad”, añade Antonio Arenas, profesor del grado de Veterinaria y presidente de Fundecor, fundación de la UCO.

Carta escrita a mano

Los alumnos que aspiran a una beca tienen que presentar su expediente académico, el compromiso por escrito de las familias y una carta de motivación en la que los chavales explican por qué quieren estudiar. “Son cartas escritas a mano que te llegan al corazón”, describe la vicerrectora Pinzi.

"Queríamos animar a los jóvenes a terminar la secundaria, así que fuimos a la universidad y les expusimos nuestra idea. Nos acogieron muy bien"

Luis Maya

— Presidente de la asociación vecinal La unión y la esperanza de Las Palmeras

"Nunca he pisado un colegio. No pude, tuve que ponerme a trabajar para ayudar a mis padres. Pero tengo claro que la educación es lo más importante"

Antonio Fernández, Cheche

— Miembro de la asociación vecinal de Las Palmeras

El proyecto nació de la inquietud de Luis Maya, presidente de la asociación vecinal La unión y la esperanza de Las Palmeras desde hace ocho años. Como muchos otros miembros de su generación, Maya no pudo estudiar. Le gustaban mucho los libros y valía para ello, pero tuvo que coger “una escoba”, ponerse a trabajar para ayudar a su padre y traer comida a casa.

Con el paso de los años, Maya nunca olvidó sus raíces. Ahora tiene un buen trabajo en una empresa pública y una familia, pero sigue pasando la mayor parte del día en Las Palmeras, dando vueltas a ideas para reconvertir el barrio. Gracias al empuje de los vecinos, se aprobó un plan integral. Uno de sus pilares era, precisamente, el educativo.

Once becados

“Queríamos animar a los jóvenes a terminar la secundaria, así que fuimos a la universidad y les expusimos nuestra idea. Nos acogieron muy bien”, recuerda. El primer año se concedieron tres becas. El segundo, ya aumentaron a nueve. En la actualidad, hay once. Con un poco de suerte, el número continúa aumentado en futuras convocatorias.

Maya no puede evitar emocionarse hasta las lágrimas cuando escucha a Loli, Sergio, Francisco Javier y Brando. Los cuatro chavales saben que la educación es todo. Y que sin educación, el futuro está negro. “Yo quiero ser empresario, quiero tener un negocio. A ser posible, en Portugal”, anuncia Sergio, que sacó un 10,9 en la selectividad.

También les mira con orgullo Antonio Fernández, Cheche, otro miembro de la asociación vecinal de Las Palmeras. “Nunca he pisado un colegio. No pude, tuve que ponerme a trabajar para ayudar a mis padres. Pero tengo claro que la educación es lo más importante. Es la única manera de labrarse un futuro. Estos chicos y chicas son inteligentes y son muy capaces. No han tenido las mismas oportunidades que el resto, pero se lo están currando”, se emociona.

Los chavales miran a Luis y a Cheche y también se emocionan. Les dan las gracias y cruzan los dedos para que este año vuelvan a recibir una beca que les permitirá estudiar y comerse el mundo.