Para él, los años no han pasado; la pregunta continúa siendo la misma: ¿Está vivo o muerto? Esa incertidumbre es, sin duda, el principal escollo para que la memoria colectiva pueda pasar, por fin, la última página y cerrar para siempre un libro que no ha causado más que dolor. Su capacidad camaleónica, la suerte que lo acompañó en su desesperada huida y un par de errores policiales graves contribuyen a alimentar la leyenda del monstruo.

El grupo central de Homicidios de la Policía Nacional, dirigido entonces por uno de los investigadores más reconocidos de este país, el inspector jefe Ricardo Sánchez (jefe de seguridad del Atlético de Madrid desde 2005), fue el encargado de intentar seguir el rastro de Anglés desde que rompió el cerco y escapó de España. En aquel momento, solo la Policía Nacional se ocupaba de las investigaciones internacionales.

El fantasma del asesino múltiple de Alcàsser, que en su carné de identidad tiene la insolencia de decirse fontanero, continúa arrojando su sombra de ave de rapiña sobre el recuerdo de las tres niñas. Su pista se perdió, tras una intensa búsqueda por toda la geografía española, en las aguas gélidas de Irlanda. Sin embargo, la alargada sombra de Anglés continúa oscureciendo el caso; es la excusa que mantiene vivas las teorías de la conspiración.

Fuentes del grupo central de Homicidios confirmaban a Levante-EMV que una década después del crimen todavía llegaban «supuestos avistamientos, pero mucho más esporádicos». En aquel momento, una mujer que dijo haber recogido a un indigente en un albergue londinense y haberlo llevado a su casa «para invitarlo a tomar el té» creyó reconocer en su convidado al temido «matador español».

Ni la descripción, ni el perfil del sujeto se parecían en lo más mínimo a Antonio Anglés. Es más. Los agentes de Homicidios de la Brigada Central ni tan siquiera pudieron interrogar a la testigo porque contestó una sola de sus llamadas. El caso seguía captando protagonismos más allá de nuestras fronteras.

Un criminal camaleónico, los pasquines de Antonio Anglés incluían sus múltiples caracterizaciones.

Antes de la de Londres, fue otra en la selva nicaragüense, que tampoco llevó a ningún puerto. Como ésas, muchas. Eso sí, cada vez más distanciadas en el tiempo. Hasta hoy.

Pero, ¿está vivo o muerto? Es como abordar la existencia de Dios; una cuestión de fe y de «pálpito». Para unos, murió al saltar del «City of Plymouth»; otros, por contra, defienden que vive en algún lugar del planeta. Pero nadie tiene pruebas de nada.

La última pista real —a éstas alturas nadie con dos dedos de frente debería dudar ya de ello— de su paso por esta tierra fueron los seis largos días a bordo del «City of Plymouth» —posteriormente renombrado en cinco ocasiones que terminó sus días, hace ya unos años, como «Sarah Hanem»—, el carguero británico que zarpó el 18 de marzo de 1993 del puerto de Lisboa y atracó en el de Dublín a las 22.50 horas del 24 de marzo.

El carguero «City of Plymouth» en el que Anglés escapó como polizón. ROBBIE COX

En ese tiempo, el Houdini de Catarroja logró salir no una, sino dos veces del camarote en el que permanecía encerrado desde que un marinero lo había descubierto robando comida en la cocina. La primera fue para saltar por la borda tras arriar el bote salvavidas Géminis cuando el barco navegaba a 14 nudos y las olas alcanzaban varios metros de altura y la segunda, para perderse para siempre. Cuando el buque atracó en Dublín, el único vestigio del polizón era el salvavidas del «City of Plymouth» flotando en las heladas aguas de Irlanda.

Los interrogantes sobre su desaparición

¿Por qué no se cuidaron más las medidas de seguridad para evitar las sucesivas huidas? Posiblemente la respuesta es tan simple como que, para ellos, era un polizón más. Y éste, además, llevaba dinero fresco, que siempre resulta tentador… Como poco buena parte del millón de pesetas [6.000 euros] que su madre, Neusa Martins, asegura que le robó para huir.

Una segunda cuestión. El tercer responsable del barco y un marinero declararon a la policía británica —la irlandesa no se tomó la molestia de interrogarles en Dublín, pese a que ya se sospechaba que era Anglés; claro, no era un asesino local— que, en plena travesía, llamó un periodista de una radio portuguesa preguntando por él. Si eso fue realmente así, ¿qué le impedía a la policía lisboeta hacer lo mismo para alertar al capitán? Indolencia.

Neusa Martins, madre de Anglés, tras un registro a su vivienda durante el cerco policial a su hijo

La misma que les llevó a inventar que no había orden internacional de detención cuando se les pidieron explicaciones de por qué no lo habían detenido cuando estaba en la barriada marinera de Tafaria, un pequeño núcleo urbano frente a Lisboa, en la otra ribera del Tajo. El mismo toxicómano que le dio cobijo y le vendió su documentación personal avisó a la policía cuando supo por un programa de televisión quién era su huésped, así que no podían alegar desconocimiento, por lo que argumentaron que no había orden internacional de detención.

Falso. El juez de Alzira firmó esa orden el 12 de marzo e Interpol la cursó el día 14. Anglés estuvo con Carlos Joaquim González Carvalho, el toxicómano que le ayudó y cuya documentación exhibió como propia a la tripulación del City, al menos entre el 11 y el 18 de marzo. De hecho, cuando se camufló en el barco lo hizo espoleado por el revuelo mediático y policial montado desde hacía una semana por su presencia en tierras lisboetas.

Pero, ¿y antes? Dos fallos garrafales de la Guardia Civil —uno por excesiva cautela y el otro por el afán de protagonismo de algún mando— fueron los dos primeros empujones del triple asesino hacia la libertad. Y eso, sin contar la inestimable e inesperada ayuda que le brindó el agricultor de Vilamarxant al que obligó a sacarlo del pueblo para llevarlo a Minglanilla (Cuenca) y que ocultó durante dos días lo sucedido, cuando Anglés estaba ya camino de Lisboa y, por tanto, no podía causarle daño alguno, actitud que le puso al borde del procesamiento judicial por encubrimiento.

Sea como fuere, lo único cierto es que, mientras Anglés no aparezca, vivo o muerto, la maldición seguirá envenenándonos a todos.

[Con información de Ramón Ferrando, Marga Vázquez, Ignacio Cabanes y Fernando Bustamante]

Hostal Boluda, junto a la Estación del Norte de València, por la que pasó Anglés mientras escapaba de la policía

Nota al lector: 

Esta información fue elaborada por Levante-EMV en 2019 con motivo del 27 aniversario de la desaparición de Miriam, Toñi y Desirée, las niñas de Alcàsser. Hoy, 13 de noviembre de 2020, recuperamos este especial sobre el triple crimen de las jóvenes.