En San Mauro

El misterio de la comida china en una tumba de Galicia

Sobre la lápida de una mujer cuyo asesinato quedó sin resolver en 2009 aparecen envases de comida y latas de Coca Cola

Ofrenda de comida sobre la lápida de la china asesinada.

Ofrenda de comida sobre la lápida de la china asesinada. / Gala Dacosta

Gala Dacosta

Ahora que se acerca el día de Difuntos, en San Mauro hay más trajín que nunca y por un tiempo el camposanto no parece un lugar triste. Es más bien un sitio de paseo e incluso de celebración de los seres queridos. Este cementerio municipal es el más grande de Pontevedra y alrededores. Hay quien dice que es el camposanto con más panteones de Galicia: es posible contabilizar hasta 1.064. Sin embargo, en una de sus partes más humildes, el cuadro de tierra donde hace décadas que ya no se sepulta a nadie, en 2009 el ayuntamiento hizo una excepción con dos personas cuyos cuerpos nadie reclamó. Se trataba de Guan Qu y Kung Zun, las dos de nacionalidad china, que compartían piso en la ciudad del Lérez y fueron asesinadas con apenas un día de diferencia.

La investigación quedó sin resolver al no hallarse pruebas suficientes y mientras, las dos víctimas descansan en el cementerio municipal de San Mauro. Francisco Abuín, sepulturero y apasionado historiador de los fallecidos de Pontevedra, y José González, administrador de los camposantos del Concello, cuentan que se da un caso curioso en una de las tumbas: de vez en cuando alguien deja sobre la lápida envases de comida para llevar y latas de Coca Cola. No saben de quién se trata, pues las familias de las víctimas no llegaron a reclamar sus cuerpos, por lo que nunca fueron repatriados.

En cualquier caso, los chinos celebran en el mes de abril la Festividad de Qingming, que viene a ser parecida a Todos los Santos, solo que además queman barras de incienso y llevan ofrendas de comida a sus seres queridos fallecidos. Las latas de refrescos y los envases de comida que aparecen en estas sepulturas se asemejan a esta tradición, que sin embargo aquí se repite de vez en cuando.

Otros difuntos olvidados

Enero es el mes con más entierros, explica José González. Como curiosidad, mientras que el pasado año por la pandemia se registraron casi cuarenta en enero, este se alcanzó un máximo histórico. Entre octubre y noviembre, sin embargo, hay menos defunciones. De vez en cuando, el administrador pasea por las calles del cementerio y descubre que alguien ha dejado flores en una tumba que creía olvidada. Señala auténticos mausoleos y tumbas ilustres, como la de Perfecto Feijoo, cuyos materiales nobles se han visto corroídos por la humedad y el paso del tiempo.

“La gente olvida que los nichos son propiedad del ayuntamiento y que las concesiones se terminan”. Por ahora no han “abierto el melón”, pero pronto empezarán a terminarse concesiones de sepulturas de los años 50, y entonces quizás haya que empezar a contactar a descendientes. Si no la renuevan, habría que ver dónde se depositarían esos cuerpos. Sin embargo, aunque las sepulturas más longevas de San Mauro fechan de inicios del siglo XX, no han empezado a reclamar la propiedad del Concello sobre los nichos. Y eso que González enseña alguna que “no la visita nadie desde los ochenta”.

Llena de flores

Como suele ocurrir cada año por estas fechas, la plaza de A Ferrería se llena de puestos de flores para Todos los Santos. Isabel Vello viene desde Campelo a vender flores sueltas: trae sobre todo crisantemos y rosas. Las rosas, de colores rojos y rosados mayoritariamente, cuestan un poco más que el resto de flores (están a un euro y cincuenta céntimos, mientras que las demás a uno). Explica que puede continuar con precios económicos porque tiene en casa invernadero, así como otras floristas suben porque las encargan fuera. “Por culpa del mal tiempo no pudimos traer centros como otros años, vendí unos setenta en casa directamente”.

María Isabel Vaqueiro, una de las floristas de A Ferrería que se dejaron ver este octubre, cuenta que los precios se han mantenido más o menos como el año pasado: los claveles, por ejemplo, están a diez euros el paquete. Sobre los centros, ya preparados, el abanico de precios es mucho más amplio: van desde los 12 hasta los 40 euros en función del tipo de flor y del tamaño de la composición.