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El PP la enterró en vida

El PP la enterró en vida

El PP la enterró en vida

La muerte interrumpe la historia, pero no la desmiente. Rita Barberá fallece en medio de la algarabía que sacude a la desaparición de populistas de la talla de Gil y Gil o Ruiz Mateos, en un país que no tiene nada que envidiar a Estados Unidos en este apartado. El PP pretende ahora elevar al martirio a la sempiterna alcaldesa de Valencia, omitiendo el detalle de que los populares la habían enterrado en vida. La ningunearon estratégicamente en cuanto fue rechazada por el electorado, la vitorean cuando ya solo pueden utilizarla sin posibilidad de réplica. Los conservadores tienen derecho a sentirse aliviados por la desaparición de la política temperamental sin haber desvelado sus secretos, pero la superioridad moral no le cuadra a un partido especialmente enfangado en la corrupción.

En su ilimitada sabiduría, los forenses del PP han determinado las causas exactas de la muerte de Barberá sin necesidad de examinarla. Dado que había sobrevivido airosa a las críticas de la prensa y al rechazo de los votantes, el desahucio de sus correligionarios opta razonablemente a la depresión que ha comunicado Margallo. La muerte iguala a todos los seres humanos en víctimas, pero este trance no apisona la existencia previa. Barberá fue una privilegiada, según atestigua un somero repaso a la documentación de su biografía. El Congreso la homenajea sin ser diputada, pero no guardó un minuto de silencio por la anciana de Reus fallecida tras serle cortado el suministro eléctrico. La muerte de quienes fueron víctimas en vida no merece una consideración especial.

El hipersensible Rajoy confiesa que habló con Barberá antes de su muerte. Se guardó mucho de divulgar, antes del fallecimiento de la alcaldesa, su reincidencia en comunicarse con investigados por la justicia. Tras haber despachado a la fallecida, añade el presidente que «se dejó la vida por Valencia». Es posible, pero el esfuerzo no valora por sí solo la bondad de los resultados. Después de haber rendido el pésame que merece la muerte de todo ser humano, los contribuyentes deberán seguir pagando las facturas pendientes de Rita Barberá. El PP ya no.

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