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La Estación del Norte

Una joya modernista de estación

Su exuberante decoración cerámica demuestra el gran nivel de los artesanos valencianos y su cúpula metálica es un alarde de la ingeniería

Una joya modernista de estación

Una joya modernista de estación

Pocos edificios en la ciudad resisten tan bien el paso del tiempo y el uso intensivo como la Estación del Norte, obra del genial Demetrio Ribes. La estación ha sido objeto de ampliaciones, lavados de cara y reparaciones (la última en 2014 debido a unas preocupantes grietas aparecidas en la fachada), pero la rehabilitación integral, presupuestada en 1992 por Renfe en 600 millones de pesetas, lleva pendiente desde entonces.

«Es un edificio muy bien pensado desde la cúpula metálica hasta detalles como las barandillas, los arrimaderos de madera y las contrahuellas de la escalera de la zona de oficinas y taquillas. «Es un lujo de edificio». Así lo explica el arquitecto y restaurador Francisco Taberner, quien recuerda que el edificio icono del modernismo en la ciudad se salvó del derribo y de una operación especulativa durante los años 70. Hubo quien renegó entonces del monumento, catalogado ahora como Bien de Interés Cultural, por considerarlo «coent» o de mal gusto, pero también hubo quien salió en su defensa, como los arquitectos Fernando Puente y Emilio Giménez y la estación se salvó.

El Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) está ultimando las actividades con motivo del centenario de la estación, según informaron fuentes de la sociedad dependiente del Ministerio de Fomento, que no quisieron adelantar detalles para la efeméride de esta estación única. Otros edificios coetáneos como el Mercado de Colón y el Central ya se han adelantado y están inmersos en celebraciones para conmemorar el siglo de historia.

Una visita obligada

La Estación del Norte es, dentro de las rutas del modernismo de la ciudad, visita obligada. Desde hace unos años vuelve a estar en uso la sala de los mosaicos, cerrada durante décadas por el mal estado y restaurada en 2003. Su decoración, tal como recoge Inmaculada Aguilar en la biografía sobre el arquitecto valenciano que publicó en 1980, es «una auténtica exaltación localista» con sus paredes revestidas de cerámica de Manises con alegorías de l´Horta, la Albufera, la mujer y el Micalet. Los paneles son obra del pintor valenciano Gregorio Muñoz Dueñas y fueron realizados en los talleres Valencia Industrial (antes Azulejos Antonio Bayarri y Hermanos).

La primitiva estación de la Compañía de Ferrocarriles del Norte estuvo situada en la confluencia de calle Ribera y la plaza del Ayuntamiento pero la transformación que se produce en esta zona a principios del siglo XX y la necesidad de facilitar el tráfico en la ronda, aconsejó su alejamiento del centro, pensando en ubicarla en el cruce de las grandes vías. Emplazamiento que se descartó y que hubiera comprometido el desarollo de l´Eixample tal como hoy se conoce.

Demetrio Ribes fue una figura clave de la arquitectura española de los primeros años del siglo XX, destacando por su espíritu combativo en defensa de una arquitectura volcada al progreso. Para la Estación Central escogió a un plantel de artesanos que dieron a la estación un carácter propio con detalles que destacan como la austera y funcional valla de cierre del aparcamiento y los soportes de pletina de acero para las luminarias.

De la bóveda metálica al vestíbulo y las fachadas

Proyectada por el arquitecto valenciano Demetrio Ribes en 1906 e inaugurada en 1917, la Estación del Norte constituye, según explica Francisco Taberner en la Guía de Arquitectura de Valencia del Colegio Territorial de Arquitectos, «uno de los mejores edificios de nuestra arquitectura civil y es punto de referencia monumental y representativo de Valencia». Su estructura metálica con apoyos articulados constituyó en su época un verdadero alarde tecnológico. La estación del Norte se adscribe al Modernismo dentro de la corriente «sezessionista» de la Escuela de Viena, que Ribes reinterpretó en la ornamentación echando mano de la industria valenciana y de artesanos como José Ros, fundador de la Ceramo y poseedor del secreto de la cerámica de reflejo dorado.

La fachada principal compensa su acentuada horizontalidad con la disposición de tres cuerpos resaltados. En la fachada destacan abundantes detalles decorativos, coloristas y numerosas piezas

cerámicas.

Los accesos quedan señalizados con potentes marquesinas de hierro y cristal que exhiben de forma seriada el escudo de la ciudad. Destaca igualmente la exuberante decoración del vestíbulo, de elegantes proporciones cubiertas en sus dos crujías por el tradicional forjado de viguetas de madera y revoltones revestidos

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