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La oportunidad de reducir las palomas

La ausencia de alimento en las calles obligará a estas aves a acudir a los comederos municipales, donde se les pone pienso esterilizante

Un grupo de palomas picotea en una casi desierta plaza de la Virgen.

Un grupo de palomas picotea en una casi desierta plaza de la Virgen. fernando bustamante

La ausencia del ser humano o, por lo menos, su reducción drástica en las calles de València, está generando evidentes alteraciones medioambientales y no precisamente para mal. Además de la reducción en los niveles de contaminación, la ausencia de animales racionales establece un escenario inesperado para la fauna urbanita. Y más concretamente, en la población de palomas. La conclusión es clara: «Estamos en el escenario ideal para alcanzar el equilibrio en la población». Y esto se debe a «la ausencia de competidores en la oferta alimentaria», destacaba Rubén Bueno, Director Técnico de Lokimica, empresa encargada del control de plagas en la ciudad. «La gente no sale a la calle, no alimenta a las palomas, tanto consciente como inconscientemente, y éstas tienen que recurrir a los comedores de pienso». Una alimentación que tiene trampa, esteriliza. La concejala de Bienestar Animal, Gloria Tello, defiende estos comederos «porque es la forma de reducir la población sin recurrir a métodos traumáticos y hacerlo con ética animalista. Los compuestos reducen la fertilidad de las aves. Si a esto añadimos que no hay personas alimentando en las plazas o niños que tiran una parte del bocadillo en los recreos, se verán obligados a consumir este alimento, que tienen localizado y a mano»

Las palomas forman parte del paisaje urbano y, según Rubén Bueno, es una plaga «buenista». «No tiene la mala consideración de roedores o insectos, pero es cierto que precisa de un cierto control». Especialmente por la posible transmisión de enfermedades y el deterioro que causan a los monumentos. «Es un animal que casi no tiene depredadores en la ciudad». Apenas algo los gatos y las escasas rapaces o gaviotas, más allá de las que sucumben bajo las ruedas de los automóviles. Recientemente se calculó que la población de palomas había descendido de 36.000 a 30.000 en el último año. «En las actuales condiciones la reducción sería mucho mayor. La paloma es un animal muy inteligente, que identifica a quien le da de comer. Si no lo tiene, recurre a las fuentes de alimentación fáciles que tiene al alcance». Que no los mata, pero ralentiza la reproducción. El equilibrio no está logrado completamente. De hecho, el confinamiento ha aparcado una nueva campaña municipal destinada a insistir a la ciudadanía en no dar alimento a estas aves precisamente para no malacostumbrarlas. En estos días se han visto imágenes harto insólitas, como la nube de palomas rodeando a una mujer en Benidorm junto al Parque de Elche, un asentamiento natural de aves. «De todos modos, como digo, podría tratarse o de falta de comida o que identificaran a esta mujer como alguien que las alimenta habitualmente». En cualquiera de los casos «estamos en un escenario inesperado, pero ideal para alcanzar el equilibrio»: Hay cálculos que indican que la población podría reducirse hasta en un 80 por ciento si el confinamiento se prolongara.

Los estorninos estaban ahora a punto de marchar de la ciudad en dirección al norte, por lo que no formarán parte del operativo de control de plagas y «de las cotorras, que es un animal claramente invasor, de momento no registramos un incremento que pueda ser problemático».

Los gatos, alimentados

Otro vertebrado básico en la fauna urbana es el de los gatos. La concejala de Bienestar Animal, Gloria Tello, destacaba en ese sentido que «hemos gestionado con la Dirección General de Derechos de los Animales del Gobierno de España la consideración de trabajo esencial la alimentación de colonias felinas y el traslado a segundas residencias para alimentar a los animales de compañía». En principio, la alimentación de felinos está garantizada y su censo estabilizado. Lo más que puede registrarse es el descenso de mortalidad por atropellos ante el drástico recorte en la densidad de tráfico, tanto de gatos callejeros controlados como incontrolados. «No hay datos aún en ese sentido, pero es más que probable que pueda existir un descenso en la mortalidad», reconocía Bueno.

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