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Las pedanías se alejan del "Cap i Casal"

El cierre de consultorios y alcaldías se suma a la histórica falta de servicios básicos en los pueblos de la ciudad

Contrastes entre pueblos: calles desiertas en El Palmar y trabajos en el campo de Poble Nou. levante-emv / miguel a. montesinos

La cuarentena está siendo especialmente dura en algunos de los quince pueblos de la ciudad de València, sobre todo en los núcleos más pequeños. Su histórica carencia de servicios básicos se ha visto agravada estos días por el cierre de los pequeños consultorios y también de las alcaldías, por lo que la distancia con el «Cap i Casal» se ha agrandado durante la crisis de coronavirus.

En la mayoría de Pobles del Nord las urgencias ahora se atienden en el consultorio de Juan XXIII, en Benicalap, mientras que Cases de Bàrcena han perdido la referencia de Bonrepòs y ahora han de acudir, en caso de necesidad a Almàssera. En Pobles del Sud el ambulatorio de referencia está en Castellar-Oliveral, por lo que las urgencias en pueblos como El Perellonet o El Palmar se hacen con trayectos de media hora en coche.

Además del cierre de los pequeños consultorios, las alcaldías pedáneas están todas clausuradas hasta nuevo aviso y los funcionarios municipales de cada uno de los pueblos realizan sus funciones mediante teletrabajo. Solo atienden avisos urgentes, como problemas en el alumbrado, en el agua u otras cuestiones que necesitan una rápida resolución.

El aislamiento, al igual que en el Cap i Casal, lo está respetando la gran mayoría de la población de estos pequeños núcleos, según informan a este periódico los diferentes alcaldes pedáneos. Algunos vecinos recuerdan ahora, con cierta ironía, que ahora ven más que nunca patrullar a la Policía Local e incluso a la Guardia Civil, quienes garantizan el cumplimiento del confinamiento del estado de alarma. Tampoco se ha descuidado la desinfección de los pueblos, y al igual que el resto de la ciudad, se están llevando a cabo operaciones de baldeo con cierta periodicidad.

Con todo, no hay que olvidar que casi todos estos pueblos son «la despensa» de la ciudad, ya que la mayoría están enclavados en zona de huerta productiva y, por lo tanto, son «esenciales» para abastecer a València de los productos básicos de proximidad, como frutas u hortalizas de temporada. Así pues, la actividad agraria es lo único que le da cierta normalidad a la extraordinaria situación que se vive. En Poble Nou, por ejemplo, la cooperativa Vega Horta Nord se ha convertido en el principal comercio de la zona, ya que no solo dispensa productos para el campo, sino que también cuenta con una pequeña tienda con víveres básicos.

En Benifaraig, Carpesa o Borbotó las farmacias, hornos, estancos y pequeñas tiendas de ultramarinos mantienen con vida a los pueblos, pues el resto de compras se han de realizar en los supermercados de las localidades grandes como Moncada o incluso «bajar» a València.

Sonido de tractores

Al sur la situación es similar, aunque en el caso de algunos pueblos como El Palmar o El Perellonet la distancia física kilométrica se une a la emocional. Los alcaldes de los diferentes pueblos están gestionando los pequeños problemas que surgen a través del teléfono y aquellos que disponen de página oficial en las redes sociales, también han intensificado las informaciones «online».

La monotonía la rompen en muchos casos los tractores que trabajan en los campos aledaños a l'Albufera. Es el momento de preparar la tierra para la futura «barrejà», o siembra del arroz, y se hace necesario acudir con frecuencia.

El Palmar, pueblo fantasma

Donde no se acostumbran a la situación es en El Palmar. El pequeño pueblo del Sud, acostumbrado a la revolución diaria que vivía gracias a la actividad de sus restaurantes (principal actividad de la pedanía), vive ahora con tristeza el paso de los días. «Somos un pueblo fantasma, que ha pasado de ver cómo llegan más de 5.000 coches los fines de semana para disfrutar de nuestra gastronomía y no venir nadie», lamenta el alcalde, Ernesto Peris.

La economía del Palmar se verá fuertemente golpeada por el cierre de la hostelería, dado que además en la mayoría de los casos son negocios familiares donde están empleados más de un miembro.

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