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La familia del bombero que salvó a la Geperudeta pide una calle para él

Solicitan un reconocimiento de la ciudad para el hombre que ayudó a salvar a la Mare de Déu y a cinco compañeros en el incendio de la catedral de 1936

Adán Fernández y Matilde 
Roca visitaron Levante-EMV
.  m.a.montesinos | FAMILIA ROCA

Adán Fernández y Matilde Roca visitaron Levante-EMV . m.a.montesinos | FAMILIA ROCA

La familia del bombero valenciano Francisco Roca Pallardó ha pedido desde 2015, y en varias ocasiones, que el Ayuntamiento de València le dedique una calle para hacerle justicia tras ser depurado, represaliado y obligado a marcharse a Madrid por el régimen franquista, solo por su ideología republicana. Tal como publicó el domingo Levante-EMV, Francisco Roca salvó la histórica talla de la Geperudeta y sus joyas de su destrucción en el incendio de la Catedral de 1936 y logró rescatar a 5 compañeros, atrapados entre las llamas, de una muerte segura. El nieto de este republicano condenado por su ideología, Adán Fernández Roca, explicó a este periódico que ha presentado varios escritos en el ayuntamiento «para que ya que mi abuelo fue depurado y perseguido por el franquismo, a alguna de las calles franquistas de la ciudad se le hubiera cambiado el nombre y se la hubieran dedicado a mi abuelo, pues en València solo hay un bombero, el Bombero Ramón Duart, que da nombre a una calle». Sin embargo, de momento se le ha contestado que no hay vías disponibles en el callejero para dedicarle este honor a su familiar y que está entre los nombres candidatos. Mientras, el Gobierno de España sí le ha otorgado la Declaración de Reparación y Reconocimiento Personal, según lo previsto en la Ley de Memoria Histórica, porque Roca Pallardó «padeció persecución por razones políticas e ideológicas en la dictadura». E igualmente, el concejal Aarón Cano, del Cuerpo de Bomberos de València, le rindió homenaje el pasado 8 de marzo, hace un año, y lo puso como ejemplo ante los actuales bomberos porque no dudó en arriesgar su vida para salvar a sus colegas y a un símbolo cultural y religioso como es la Mare de Déu dels Desamparats.

En uno de los documentos que posee Adán Fernández, escrito a mano por Francisco Andrés Castellet, este funcionario del Ayuntamiento de València certifica que Pallardó Roca era «persona de orden» que colaboró «activamente en el salvamento de Nuestra Señora de los Desamparados» de «las ordas rojas», «salvándola del fuego al mismo tiempo que recogió parte de las joyas que estaban esparcidas por el suelo». Asimismo, este funcionario certificó que el bombero luego represaliado por el franquismo «expuso la vida» para lograr salvar a estos compañeros: Francisco Martínez Castro, Juan Pallardó Sorlí, Ramón Llorens Prósper, Francisco Canós y Francisco Andrés Castellet. Francisco Andrés dice en su escrito del 24 de abril de 1940 que nunca en su vida olvidará lo que Roca hizo por él.

Otro compañero citado en este manuscrito, Ramón Llorens, firmó otro certificado con fecha del 4 de mayo de 1940 en el que confirma la heroicidad del homenajeado y afirma que fue testigo de cómo salvó los restos del General Elías y del escudo del Rey Jaime I, de las llamas.

La hija de este bombero perseguido y encarcelado por sus ideas políticas señalaba ayer que su padre «era un hombre muy bueno que estando fuera de servicio no dudó en acudir al Palacio Arzobispal a salvar a sus compañeros». De su infancia y juventud, recuerda que su progenitor le contó varias veces «que recogió las alhajas de la Virgen del suelo, y pudiendo quedárselas, las devolvió, porque era un hombre muy justo», subrayó.

A sus 88 años, Matilde Roca Seguí, rememora que a partir de 1940, tras ser condenado por un Consejo de Guerra al exilio -pese a que era civil y no militaba en ningún partido- : «Tuvimos que irnos a Madrid a vivir: allí pasamos mucha hambre y mucho frío». Ahora se siente muy feliz porque el Gobierno le ha reconocido a su padre que fue una víctima de la represión franquista.

La noche en que lo detuvieron recuerda que se presentaron en su casa dos policías secretas. «Le dijeron que tenía que presentarse ante las autoridades, como pensaba que era para poco, nos dijo, seguid cenando que yo ahora vengo dentro de un rato, será cosa de firmar algo y vuelvo», cuenta Matilde Roca.

Y desde luego no volvió al cabo del rato. Fue apresado, encarcelado junto a los hombres que iban a fusilar al día siguiente y menos mal que la ayuda de una marquesa le sirvió para recibir un mejor trato. Luego vino la condena y la libertad condicional para el destierro. En fin, una vida de persecución a un hombre que fue considerado un héroe por sus compañeros y vecinos, pero al que el franquismo no dudó en castigar por sus ideales.

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