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El día inesperado de la Escolanía

Se sacará un órgano para sustituir a la orquesta e interpretarán con distancia entre ellos y con mascarilla

Los niños de la Escolanía han cantado numerosas veces, pero desde los balcones.  | V. GUTIÉRREZ / AVAN

Los niños de la Escolanía han cantado numerosas veces, pero desde los balcones. | V. GUTIÉRREZ / AVAN

La Escolanía de la Virgen de los Desamparados se convertirá en más protagonista que nunca en la Missa d’Infants del próximo domingo. Tanto en el fondo como en la forma. Porque los niños cantores de la patrona de València serán los que interpreten la totalidad del repertorio y ofreciendo una imagen -con separación entre ellos y con mascarillas- que pasará a la particular carpeta de imágenes imposibles que se llevan viviendo desde hace catorce meses.

Los niños están ya acostumbrados a la irregularidad, pero seguramente la visibilidad que da la Missa d’Infants aún lo pondrá más en perspectiva. Porque, como dice su director, Luis Garrido, «ya lo llevamos haciendo». Cantando desde los balcones de la Basílica. Por grupos. «Queda bonito» asegura el director. Y tanto: más coro celestial, imposible. «Es la consecuencia de estos tiempos que estamos viviendo».

En el oficio del domingo por la mañana estarán juntos, pero con separación entre ellos y con ese atentado a la calidad de sonido que es una mascarilla. «Claro que no es lo mismo. Es un artilugio que complica la respiración, que reseca la garganta, que reduce la sonoridad...». La solución será «que el sonido esté lo más amplificado lo mismo». Aunque siempre bajo el parámetro de que una misa, al aire libre, y llena de trabas, no es el mejor espacio de lucimiento. Que estará en lo emocional. «Los niños están ilusionados con el compromiso que van a tener». La Missa d’Infants en su episodio 2021 ha conseguido un diseño que al menos recuerda al tradicional. Salvando no pocas diferencias. Especialmente, su carácter multitudinario. Es, sin duda, después del maratón, el acontecimiento que más gente convoca a una hora más temprana. El lunes quedó diseñado el operativo que permite la asistencia como acto público, convirtiendo la plaza en una «jaula» donde, si no se tiene invitación, no vale la pena asistir.

Los presentes se dividen entre feligresía, clero y cantantes. La Escolanía no corre, habitualmente, con el peso de la liturgia. Asisten más como acompañantes. Pero este año había que recortar y ni habrá orquesta ni el Coro Juan Bautista Comes. «Hay que tener en cuenta primero la limitación que tienen los coros y, sobre todo, la incertidumbre. Prácticamente no hay tiempo para prepararlo y la solución, que sea la Escolanía quien cante, era la lógica». Estarán acompañados por un órgano litúrgico y el repertorio «son cantos tradicionales, que no les son extraños».

Un coro que ha desarrollado su actividad condicionado por las restricciones. Hubo un paro forzoso en los primeros meses de pandemia, pero se retomaron los conciertos aprovechando la ventana de después del verano. Pero «hubo que parar en la tercera ola». Ahora hay una casi normalidad: lunes, miércoles, viernes y algún sábado. Con las diferencias de ubicación ya explicadas. Pero para los días alrededor del segundo domingo de mayo tienen trabajo. «Tan sólo se pierden la procesión y como, en su lugar, sí que cantan en la Misa d’Infants, prácticamente van a tener el mismo trabajo que otros años».

El viernes, las vísperas, el sábado, la Salve a puerta cerrada, la novena, las misas de gremios... cantar y cantar, aunque será el domingo donde estará el foco sobre ellos. «Y están muy ilusionados», concluye.

Y el día 22, puertas abiertas para «fichar» voces

La festividad de la Virgen de los Desamparados es el momento de visibilidad de la Escolanía. Algo que aprovecharán para ponerse en valor. En las últimas semanas se están llevando a cabo pruebas de voz, pero el 22 se llevará a cabo la más importante jornada de puertas abiertas, para que los padres puedan conocer la institución y el proyecto educativo. El nuevo curso se acerca y llega el momento de renovar voces. «Son para niños que el próximo año estén a partir de tercero y cuarto de primaria». El censo de medio centenar de niños sobrevivió a los rigores de la suspensión, pero toca volver a empezar.

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