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"Voy a salvar a la Virgen de los valencianos, ¿alguien se viene?"

Los nietos del bombero Santiago Piñeiro Pascual narran cómo su abuelo desobedeció a un mando para acudir al incendio de la Basílica el 21 de julio de 1936 y salvar a la Mare de Déu

Ramón y José A.Borja  Piñeiro 
quieren poner en valor la 
figura de su abuelo.  m.a.montesinos

Ramón y José A.Borja Piñeiro quieren poner en valor la figura de su abuelo. m.a.montesinos

«Yo me voy a salvar a la Virgen de los valencianos, ¿alguien viene conmigo?». Esta frase la pronunció el bombero Santiago Piñeiro Pascual, que trabajaba en el parque de València, aquel 21 de julio de 1936 en el que una turba descontrolada prendió fuego a la Basílica de la Mare de Déu y a otras iglesias de la ciudad.

«Voy a salvar a la Virgen de los valencianos, ¿alguien se viene?»

Santiago Piñeiro, según narran sus nietos Ramón Santiago Borja Piñeiro y José Antonio Borja Piñeiro, «desobedeció la orden de un superior y en lugar de ir al incendio de otra iglesia como le ordenaron, decidió irse a la Catedral». Un grupo de compañeros le acompañó en esta decisión que tomó este chófer y mecánico experto que había nacido en una aldea gallega, Barbantes (Orense ), pero que acabó viniendo a trabajar a València, al taller de su amigo Josué, con quien hizo amistad en la mili en Madrid.

«Voy a salvar a la Virgen de los valencianos, ¿alguien se viene?»

La importante labor realizada por los bomberos de València para salvar la histórica talla de la Virgen así como sus joyas y sus reliquias está documentada de sobra. Entre otras obras en «150 años del cuerpo de bomberos de València», que ha editado el propio Ayuntamiento, o en «El incendio de la Catedral Metropolitana de Valencia el 21 de julio de 1936» , de Andrés de Sales. De hecho, tal como muestra la foto superior, cuando terminó la Guerra Civil, la Patrona de València salió a hombros de sus salvadores del Archivo Municipal del Ayuntamiento donde fue guardada para que no la quemaran. El propio Santiago Piñeiro portaba a hombros el anda en esta imagen de mayo de 1939, que muestra la procesión triunfal de la Verge de vuelta a la Basílica.

De hecho su nombre figura en el parte oficial del retén de la ciudad, como uno de los héroes que actuó el 21 de julio en el siniestro de la Basílica, el Palacio Arquibesbal y otros templos valencianos. Y está enterrado en el Panteón del Cementerio General dedicado a los bomberos de la ciudad.

Católico y de derechas

«Mi abuelo -explica José Antonio Borja- era un hombre de derechas, conservador y católico». «También era simpatizante -añade su hermano Ramón Santiago- de la CEDA, la Confederación Española de Derechas Autónomas. De hecho, mi «iaio» estuvo repartiendo propaganda de esta organización en el multitudinario mitin celebrado en el estadio Mestalla y que pronunció José María Gil-Robles». Tal como les ha narrado su madre Carmen Piñeiro Cervera a estos dos hombres, Santiago Piñeiro se salvó hasta tres veces de ser fusilado por las milicias del bando rojo durante los primeros meses de la Guerra Civil. Fueron a buscarlo varias veces al parque de Bomberos para ejecutarlo. Como cuenta él en una dramática carta, pistola en mano fue arrestado y encarcelado. Gracias a la mediación y a las firmas de unos cuantos compañeros le dejaron en libertad con la obligación de presentarse al día siguiente en el parque.

Sin embargo, él decidió huir a Losa del Obispo para tratar de pasarse al bando Nacional. Este era el pueblo de su mujer Purificación Cervera, donde estuvo escondido al menos 2 meses. Sin embargo, volvió a ser detenido y conducido por la fuerza ante el Comité de Salud Pública de València. En esta institución, gracias a la ayuda de otros conocidos, también fue liberado. Ante este acoso, otro amigo le aconsejó que se marchase al frente donde tras ser arrestado otra vez, estuvo trabajando para el Ejército Rojo como jefe de mecánicos en la base de Torrebaja.

En primera línea también fue represaliado y se le acusó de ser «desafecto» al Régimen republicano y de haber esculpido un sello con el yugo y las flechas de la Falange. De hecho en la carta legada a sus familiares, relata que el Ayuntamiento de València lo expulsó de su empleo por repartir proclamas en el mitin de Gil Robles. En resumen, fue encarcelado y liberado en varias ocasiones, sirviendo al bando republicano, sin entrar en contienda y en contra de sus ideales.

Al acabar el conflicto, y cuando entran las tropas franquistas en València, las cosas no mejoraron para Santiago. Al menos en primera instancia. «Nuestra madre cuenta -dice Ramón Santiago- que los nacionales también lo detuvieron y quisieron fusilarlo, con la acusación de que había servido en el bando republicano como responsable de los talleres de mecánica».

De hecho, parece que la esposa de un personaje influyente en la época, don Manuel Tolsa, intercedió por él ante los franquistas y logró que lo sacaran a escondidas cubierto con una capa de la cárcel. A partir de ahí, pudo rehacer su vida y reintegrarse al cuerpo de Bomberos sin más sobresaltos.

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