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Tribuna

El Canyamelar, el Cabanyal y el 22F

El Canyamelar, el Cabanyal y el 22F

El Canyamelar, el Cabanyal y el 22F

Sí, ha leído usted bien. No hay un error en la fecha si, de forma inconsciente, asociaba el titular al archifamoso 23F. Éste fue malo y bueno para España, malo porque pudo acabar en agraz con el aún balbuceante camino hacia la normalización democrática y, bueno porque se atajó a tiempo y puso de manifiesto mucho de lo que había que sanear.

Pero, si de lo macro pasamos a lo micro, hay que reconocer que para dos históricos barrios de la ciudad de València: el Canyamelar y el Cabanyal hubo un día de febrero de 1980 – haciendo bueno el antañón y meteorológico refrán «Febrerico el corto, un día peor que otro» -, concretamente el 22, en el que un pleno municipal presidido por Ricard Pérez Casado (PSPV-PSOE) alteró, hasta el día de hoy, las demarcaciones y nombres tradicionales de los citados barrios marítimos. Los dos barrios fueron unificados en uno con un nuevo nombre: el Cabanyal-Canyamelar.

¿Cómo se llegó hasta ahí? Pues, gracias a la influencia sobre un desorientado PSPV-PSOE de dos minúsculos pero activísimos partidos de extrema izquierda: el Moviment Comunista del País Valencià (MCPV) y la Organització d’Esquerra Comunista (OEC). Exponen sus razones en el folleto «Una proposta de distribució de districtes per a la ciutat de València», elaborado en julio de 1979.

En la instancia que presentan (en castellano) el 20 de julio del citado año al Ayuntamiento para que valore su «Proposta» ya manifiestan que «desde hace tiempo es evidente que la actual distribución [de los distritos de la ciudad no se ajusta a las realidades ciudadanas, y es inadecuada a las mismas», advirtiendo ya en el apartado I de la «Proposta»: «És posible que algú demane per què un partit polític, en aquest cas el MCPV-OEC, entra en un tema tan tècnic i tan d’Ajuntament com el dels districtes. Doncs bé, bàsicament per dues raons: la primera perquè pensem que no es tracta d´un problema exclusivament tècnic, sinó bàsicament polític, i, la segona perquè pensem que el nostre Partit en concret, pel seu treball en els barris i en les Associacions de Veïns, disposa d’un coneixement, d’una experiencia i d’uns criteris que permeten que puguem aportar una proposta d’interés a aquest debat tan necessari».

Ignoramos las deliberaciones que tendrían lugar entre los componentes de aquel equipo de gobierno municipal, pero, los vecinos del Canyamelar y el Cabanyal sí conocemos – y sufrimos hasta hoy -el resultado de las mismas: la manipulación del ADN territorial y nominal de ambos barrios aquel nefasto 22 de febrero de 1980.

Lo hecho, hecho está, pero ello no obsta para que lo mal hecho no se pueda reparar. Vivimos tiempos de desagravios y restituciones en mil y un asuntos de tipo político y social. Mucho de lo que hace unas décadas era «normal» hoy es fuertemente cuestionado cuando no reprobado.

El Canyamelar y El Cabanyal son topónimos tradicionales y, según la Ley 10/2015, de 26 de mayo para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial (Tít. I, art. 2, apartado a): «Tendrán la consideración de bienes del patrimonio cultural inmaterial… la toponimia tradicional como instrumento para la concreción de la denominación geográfica de los territorios». El Tít. II, art. 3, apartado c) reconoce «el protagonismo de las comunidades portadoras del patrimonio cultural inmaterial como titulares, mantenedoras y legítimas usuarias del mismo» y, su apartado f) establece «el principio de comunicación cultural como garante de la interacción, reconocimiento, acercamiento y mutuo entendimiento y enriquecimiento entre las manifestaciones culturales inmateriales mediante la acción de colaboración entre las Administraciones Públicas y de las comunidades o grupos portadores de los bienes culturales inmateriales».

Basándonos en la incuestionable naturaleza de Patrimonio Cultural Inmaterial que los topónimos Canyamelar y Cabanyal poseen, desde la Plataforma «Canyamelar en Marxa» y, en nombre de buena parte del vecindario de los citados barrios y como «comunidades portadoras del patrimonio cultural inmaterial como titulares, mantenedoras y legítimas usuarias del mismo», instamos al equipo de gobierno municipal de València a que repare el daño causado hace cuatro décadas a la memoria histórica de esos dos barrios, revierta legalmente el topónimo compuesto Cabanyal-Canyamelar - nada tradicional - y restaure los tradicionales topónimos El Canyamelar y El Cabanyal, con una antigüedad de siglos

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