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El picudo rojo no da tregua en València

Los técnicos municipales valoran positivamente que aunque la plaga sigue creciendo los tratamientos funcionan y el número de palmeras abatidas baja

Revisión periódica visual de las palmeras. | LEVANTE-EMV

La plaga de picudo rojo no da tregua en València. Los datos de palmeras infectadas siguen al alza año tras año, aunque los tratamientos preventivos y de la enfermedad han reducido muy notablemente el número de palmeras taladas, que según fuentes municipales, es el dato que hay que tener en cuenta para evaluar la evolución del problema. En el último año, por ejemplo, se han detectado 111 nuevos ejemplares infectados, con tan solo 9 talados.

El picudo rojo, importado con las palmeras traídas desde Egipto, llegó a la Comunitat Valenciana en 2005 y dos años después apareció en València capital, donde había alrededor de 16.000 palmeras. Hasta 2015, cuando la plaga estaba en todo su esplendor, se detectaron 665 ejemplares afectados, de los cuales 245 tuvieron que ser abatidos, es decir, un 37%. Y ahora, el número de ejemplares enfermos enfermos sigue creciendo, pero con una mayor tasa de curación.

Si tomamos como referencia los últimos cuatro años se observa que en 2018 hubo 45 palmeras infectadas y 13 taladas; en 2019 fueron 46 y 24, el peor de los últimos ejercicios; en 2020 fueron 75 y 10; mientras que en este año se han contabilizado 111 ejemplares enfermos, 31 curados y 9 talados.

Esto demostraría que la evolución de la enfermedad es de más contagios pero menos palmeras abatidas. Concretamente, los nuevos casos de palmeras enfermas representan el 4,9% del grupo de mayor riesgo, mientras que las 9 taladas representan tan solo el 0,40%.

Para combatir el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) los servicios municipales de jardinería han creado dos grupos de riesgo. En el grupo I están todas las palmeras canarias y palmeras datileras de más de 12 metros. Y en el grupo II están las datileras de menos de 12 metros y las washingtonias. En el primer grupo hay 2.236 ejemplares y en el segundo otros 5.900.

De todas formas, la mayor parte de los esfuerzos se hacen con el grupo primero, pues las palmeras canarias son las más afectadas por esta plaga. Para detectar nuevos casos se realizan dos evaluaciones anuales, una entre abril y mayo y otra en octubre y noviembre. Y se hacen tratamientos preventivos a todas las palmeras de este grupo según la biología del insecto y persistencia de los productos fitosanitarios. Uno de los más comunes es la pulverización de la corona de palmas de la palmera.

Además, se controla el vuelo del insecto a través de 86 trampas de captura repartidas por toda la ciudad, lo que ha permitido saber que los principales momentos de contagio se registran antes del verano y en octubre.

En realidad, se hace una evaluación de la situación según los insectos atrapados en las trampas, un dato que permite también programar las actuaciones de prevención.

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