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El urbanista del plan general: "València no puede renunciar a conectar la Alameda con el mar"

El urbanista Alejandro Escribano asegura que la sostenibilidad no son solo zonas verdes y previene: "El Grao no puede ser un tapón" - "Me gusta la idea de que la Alameda empiece en un gran jardín como Viveros y acabe en un gran parque de Desembocadura", afirma Gerardo Roger

Figuración del Grao con la prolongación de la Alameda ahora eliminada

La decisión de la concejalía de Desarrollo Urbano de renunciar por “innecesaria” dentro de la reformulación del sector del Grao a la prolongación del Paseo de la Alameda hasta el mar divide a urbanistas y arquitectos. Este diario ha recabado la opinión de varios profesionales sobre la renuncia a llevar la Alameda hasta la fachada marítima, una decisión que se enmarca en las políticas de renaturalización del gobierno del Rialto y que supone la supresión de un eje fundamental para vertebrar el centro de la ciudad con la fachada marítima dentro del Plan General de Ordenación Urbana de 1988

Para el urbanista Gerardo Roger, autor entre otras de la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística y de la Ley del Suelo, la reformulación del sector del Grao prescindiendo de la prolongación de la Alameda para ganar zona verde "no es un mal planteamiento". La idea de “que la Alameda nazca y acabe en dos grandes espacios verdes, como son el Jardín de Viveros y el futuro parque de Desembocadura, me parece una buena solución”. A juicio de Roger la ciudad se puede permitir renunciar a este eje viario porque hay otros viales de tráfico que llegan al frente litoral, como la avenida del Puerto y la propia avenida de Francia, que si se prolongará aunque sin llegar al mar, porque acabará en el vial transversal (norte-sur) previsto en el sector. Esta conexión norte-sur, para vertebrar Natzaret y el Grao con el Cabanyal, en cuyo nuevo plan especial trabaja ahora Roger, "si es fundamental". El experto urbanista valora las nuevas soluciones de conexión "en peine" a través de ejes peatonales y verdes como los previstos en el Cabanyal que permiten que la ciudad se integre de mejor manera.

La idea de mantener en el Grao el paso elevado ajardinado sobre las vías del tren que propuso hace unos años José María Tomás en línea con otros parques urbanos como el High Line de Manhattan, "me parece muy acertada". "No pasa nada por tener un paso en altura que además aportaría una perspectiva interesante de la ciudad", asegura el urbanista, al que en cambio le parece "improvisada" la nueva alineación de las edificaciones, para las que en todo caso reclama singularidad y potencia porque la fachada marítima requiere una arquitectura representativa. Añade Roger que lo primordial ahora es que las propuestas "se consoliden" y se lleven a la práctica.

"No soy dogmático, pero creo que el acceso rodado, con transporte público, al puerto está resuelto ya con viales con buenas secciones".

La opinión del arquitecto Alejandro Escribano, autor del vigente PGOU (1988) donde se sentaron las bases de la ciudad moderna, es distinta. El urbanista asegura que "València no puede perder la oportunidad de llevar la Alameda hasta el mar" y advierte que renunciar a esta avenida será "un error sin paliativos que se tendrá que rectificar cuando se analicen las consecuencias".

Escribano explica que la prolongación de la Alameda es la única alternativa que queda para conectar el centro con la fachada marítima, corrigiendo un desequilibrio histórico fruto del carácter bipolar que València desde su fundación romana ha tenido. València tiene dos polos, el centro urbano y la fachada marítima, donde está el Grao y el puerto que es fundamental para la actividad económica de la ciudad desde el siglo XV. La ciudad emocionalmente busca resolver esa conexión, explica Escribano. Cuando se hizo el plan general de 1988 se intentó corregir ese desequilibrio y, entre otras cosas, se proyecto en su actual emplazamiento la Ciudad de las Artes y las Ciencias. No es una casualidad que esté donde está, recalca Escribano. En el PGOU se proyectaron varias avenidas como Tarongers, la prolongación de la Alameda y la avenida de Francia para romper la visión centralista y la trama de circunvalaciones. "La fachada marítima y las playas tienen una singularidad y siempre será necesario ir allí".

La Alameda, detalla Escribano, "tiene un impacto muy importante para unir el centro de la ciudad con la marina". Es un eje que lleva muchas décadas gestándose y "el Grao es la pieza clave" de todo. "No puede convertirse en un tapón", insiste Escribano quien recalca que "la sostenibilidad no está reñida con la movilidad". "No por meter más jardines es mejor ciudad". Escribano recuerda que dentro de la movilidad están los coches de hidrógeno y eléctricos. "El tráfico en unos años va a dejar de ser un problema", asegura el autor del plan general, quien destaca además que la Alameda, tanto la histórica como la parte nueva, no han sido concebidas como una "autopista urbana", de hecho gran parte del vial es bulevar y zona ajardinada. "Quitar un eje fundamental para añadir zona verde por añadir, cuando al lado están las playas urbanas y el jardín del Turia, no tiene sentido". "Es una visión muy local", remacha Escribano.

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