Suscríbete Levante-EMV

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ramón y Cajal y el "Gaster Club"

El premio Nobel de Medicina vivió y trabajó durante tres intensos y divertidos años en la ciudad de València (1884-1887)

Ramón y Cajal y el "Gaster Club" FOTO AJEDREZ SOCIAL

Uno de nuestros siete premios Nobel, concretamente el segundo, fue Santiago Ramón y Cajal. Obtuvo este merecido premio en 1906, compartido con Camilo Golgi, que fue el auténtico descubridor de la estructura del sistema nervioso. De hecho las opiniones de ambos investigadores eran diferentes con respecto a la conexión neuronal, aunque Ramón y Cajal fue el máximo exponente del descubrimiento en España.

Ramón y Cajal y el «Gaster Club» | FOTO LEGADO CAJAL 1887

Hijo de médico y presionado por su padre se convirtió en un buen diseccionista pero su verdadera vocación era mirar a través de un microscopio, dibujar y fotografiar todo lo que veía.

Ramón y Cajal y el «Gaster Club» | FOTO UV

Cajal vivió en València. El 13 de diciembre de 1883, Ramón y Cajal toma posesión de la Cátedra de Anatomía de Valencia y en ella permaneció hasta 1887 en que partió a Barcelona. Llegó a nuestra ciudad casado y con dos hijos, cuando se marchó ya había nacido el quinto hijo y después aún tendría dos más. Con una muy modesta economía, 3.500 pesetas anuales, la familia se estableció en una casa de huéspedes en la zona del mercado, después se trasladaron a la calle Avellanas, a la calle Pizarro y finalmente a la calle Colón, donde Cajal tenía su laboratorio experimental, en el que contaba con un microscopio zeiss, un micrótomo y una cámara de fotos. En este laboratorio, se dedicó principalmente a la histología, de la que escribió diversos tratados que se editaron en València. Complementó sus ingresos creando unas clases particulares en su domicilio, donde impartía cursos teórico-prácticos de histología patológica y bacteriología.

Ramón y Cajal y el «Gaster Club»

Gusto por la ciudad

Le gustó a Cajal nuestra ciudad, la recorrió entera en los primeros días de su estancia y pese a tildar de provinciana su universidad, dejó escritas estas palabras: «Me encontraba en un país nuevo para mí, de suavísima temperatura, en cuyos campos florecían la pita y el naranjo, y en cuyos espíritus anidaban la cortesía, la cultura y el ingenio. Por algo se llama a Valencia la Atenas española».

Ramón y Cajal y el «Gaster Club»

Apenas dos meses después de llegar a València se hizo socio del Casino de la Agricultura a fin de socializar, lo mismo hizo un poco mas tarde con el Ateneo Mercantil. Donde verdaderamente encontró eco para sus tertulias y alegrías fue en la rebotica de la farmacia de La Morera de Narciso Loras. En el ambiente provinciano que le ofrecía nuestra ciudad, Cajal vivía muy tranquilo con sus clases, sus investigaciones, su familia y sus tertulias con José Arévalo Baca, Vicente Peset, Pérez Chiari, Rodrigo Pertegás, Miguel Marsal, Emilio Ribera y muchas otras figuras destacadas de la cultura local.

Ramón y Cajal y el «Gaster Club»

Es allí donde nace la idea de fundar un club o asociación gastronómico-deportiva, pues D. Santiago era de muy buen comer. Con la aquiescencia de todos, se fundó el «Gaster Club», utilizando la acepción latina de la palabra «estómago» y creando de paso cierta jocosa confusión con la palabra Ganster. Salían de la capital a visitar lugares próximos, en los que el fin principal era degustar una buena paella hecha al aire libre, aunque también se deleitaban con los productos locales o típicos de la zona.

Prohibido hablar de política

El reglamento, escrito por Cajal «excluía como cosa nefanda y abominable cuanto oliera a política, religión o filosofía, con sus inevitables derivaciones, las controversias acaloradas, perturbadoras de la digestión y enervadoras de la cordial amistad. Sólo de ciencia y arte estaba permitido discurrir, y eso en términos llanos y fácilmente comprensibles. Habíamos declarado guerra sin cuartel al énfasis y a la declamación».

Estas excursiones domingueras eran muy alegres, casi siempre en tren o tartana, se realizaban de día y las llamaban xalas. Mientras se condimentaba el festín, los participantes en la excursión gozaban de la naturaleza, hacían caminatas, observaban plantas, piedras y animales del campo, pero todo se paralizaba al grito de… ¡a la mesa!. De numerosas de estas salidas recogía Ramón y Cajal documentos fotográficos.

«De paella en paella y siempre en amena y agradable compañía, visitamos todos los rincones atrayentes de la comarca levantina: Sagunto, Castellón, Játiva, Sueca, Cullera, el Desierto de las Palmas, Burjasot, La Albufera, Gandía, las sierras del Monduber y Espadán, etc., desfilaron sucesivamente por el objetivo de mi Kodak, cuajando en pruebas que guardamos piadosamente, como recuerdos de añorada juventud, los pocos supervivientes de aquella generación» .

Ramón y Cajal sentía una verdadera afición por la fotografía, descubrió muchos de los mecanismos necesarios para obtener las imágenes a color. Tanto es así que en 1900 es nombrado presidente de honor de la Real Sociedad Fotográfica. En 1906 descubre el proceso de retículo policromático y en 1912 publica el libro «La fotografía de los colores». Según sus propias palabras, el privilegio de la fotografía es inmortalizar las fugitivas creaciones de la naturaleza.

A partir de 1885, tras la grave epidemia de cólera que asoló a València, el Gaster Club cobró su máximo esplendor y lozanía. Lejos de permanecer apesadumbrados, sus miembros comprendieron lo efímero de la vida y se dispusieron a vivirla con mayores alegrías.

Durante los años que Cajal vivió en València, desde 1884 a 1887, tomaron mucho auge los trabajos y las publicaciones del médico francés Charcot sobre las neurosis e histerismo, enfermedades puramente nerviosas que afectan a la parte emocional del individuo. Santiago Ramón y Cajal, que ya conocía esos experimentos, animó a sus amigos a organizar un Comité de Investigaciones Psicológicas.

Creó una consulta de psicoterapia hipnótica en su domicilio de la Calle Colón, dedicada al estudio sobre el sonambulismo artificial, los fenómenos de sugestión y en general el hipnotismo. Comenzaron sus actividades con la busca y captura de sujetos idóneos. «Por mi casa, convertida al efecto en domicilio social, desfilaron especies notabilísimas de histéricas, neurasténicos, maníacos, y hasta de acreditados médiums espiritistas». Entre los amigos y personas que colaboraron en los experimentos de sugestión se encontraba Silveria, su mujer, a la que llegó a hipnotizar para aliviar los dolores durante el parto.

Ramón y Cajal tenía una habilidad especial para tratar a los pacientes con histerias y neurosis, su fama alcanzó tales magnitudes que tuvo que cerrar el consultorio por no poder atenderlo.

Ramón y Cajal se marchó de València a Barcelona y después a Madrid para lograr averiguar el cauce material del pensamiento y de la voluntad y sorprender la historia íntima de la vida. Sabía lo que buscaba, tenía clara la idea no así los medios para llevarla a cabo. En Madrid, el neurólogo Luis Simarro, hijo del pintor valenciano Ramón Simarro Oltra, le mostró el método de Golgi que le proporcionaría la herramienta que necesitaba para convertirse en el primer y más brillante explorador del cerebro de la moderna Neurociencia.

A iniciativa de los médicos valencianos, el día 6 de Agosto de 1925, se rotuló con el nombre de Gran Vía Ramón y Cajal a una de las mas importantes avenidas de la Ciudad.

Compartir el artículo

stats