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María Consuelo Reyna (1ª parte)

´Me apunto el cauce del Turia, la batalla de los símbolos y el Saler´

 17:39  
María Consuelo Reyna
María Consuelo Reyna Manuel Molines

Profesional de raza, directora de batallas y campañas periodísticas desde el que fue su diario, "Las Provincias", la mujer que puso y quitó políticos valencianos se confiesa y desvela algunos de los pasajes más controvertidos de la realidad social, cultural y política valenciana de una época en la que jugó un papel determinante. Entre ellos, su relación e influencia con personajes como Manuel Broseta, Eduardo Zaplana, Vicente González Lizondo o Ricard Pérez Casado, o cómo sugirió a José María Aznar quién debía optar a la Presidencia de la Generalitat Valenciana.

J. R. SEGUÍ Hace apenas unos días, Alejandro Mañes se preguntaba en estas mismas páginas dónde estaba escondida la sociedad civil, mientras abogaba por recuperar un espíritu de cooperación social olvidado por las nuevas generaciones y recordaba la escasa participación actual de la burguesía valenciana en las iniciativas ciudadanas.
En realidad, esta sociedad no puede ser la misma puesto que la situación tampoco lo es y cada uno va a la suya. Son muy pocos los temas que actualmente apasionan o llevan a la gente a involucrarse.

¿Por desinterés, desánimo, indiferencia...?

Quizá hablaría de desánimo. Antes había más asuntos por los que ilusionarse, grandes temas por los que luchar. La puesta en marcha de la democracia nos llevaba a ilusionarnos y conseguía que pequeños logros nos emocionaran. Ahora con llegar a fin de mes la mayoría tiene bastante. Hay cierto desinterés. Y si hablamos de desencanto es por parte de mi generación. Después de haber luchado por muchísimas cosas y de haberte llevado muchos disgustos, o grandes satisfacciones, miras hacia atrás y a veces te preguntas: ¿todo aquello para qué?

¿Cree también que existe falta de tensión política? Las encuestas del CIS sitúan a la clase política como una de las principales preocupaciones de la sociedad

Es posible. La gente de la Transición eran personas de enorme talla. Eran profesionales liberales que se volcaban en la acción civil o política o que venían de las universidades. Hoy no, hoy todos son profesionales de la política, no sólo en el buen sentido sino, además, en el mal sentido. Gente que arranca en las juventudes de un partido y jamás se ha bajado del tren, personas que no han demostrado que como sociedad civil valen para algo, que sólo han hecho política y han vivido del dinero público.

¿Por qué tampoco ha existido un verdadero poder económico valenciano con peso en Madrid?

Es el mismo caso. Aquí son individualidades. Estoy pensando, por ejemplo, en personas como Juan Roig. AVE, en su momento, con Federico Félix, sí consiguió un auténtico poder valenciano. Pero hoy a muchos de los empresarios no se les ve aparecer. No existen. Quizá después se le puso sordina a AVE y no ha existido en temas como la A3, que se ha quedado pequeña y ellos no hacen nada. Con Boluda creo que pueden cambiar las cosas. Es un empresario muy peleón, no es extrovertido, pero puede ser capaz de dar un vuelco.

¿De dónde le vienen a usted las ganas de batallar?

Nací así (ríe). Siempre me he implicado cuando he creído en algo y por eso lo he defendido hasta el final. A mí sé que me odian o me quieren, pero creo que nadie duda de mi coherencia. Que digan eso me parece precioso. De hecho, no me podrán coger en muchos renuncios.

¿Cuántas batallas cree que ha ganado y cuántas perdió?

Perdidas, perdidas... una y media: la del teatro romano y la media, las ruinas del Real, sobre las que ahora me están dando la razón. Y ganadas... me apunto la de los símbolos, la del cauce del Turia, la del Saler. Recuerdo cuando querían derribar la finca esa tan bonita de Cánovas o el trencadís de la Estación del Norte, o la propia estación...
Sin embargo, la sociedad valenciana ante muchos temas actuales hoy prefiere no pronunciarse y sobre aquellos prefiere no recordarlos.

Somos una sociedad sólida a ratos intermitentes y también somos desmemoriados y un poco, o bastante, olvidadizos. Recuerdo cuando a Manolo Valdés se le declaró una guerra y, mientras tanto, él se abrió las puertas del mundo. Hoy es un número uno.

¿No cree también que todas esas energías perdidas se podrían haber aprovechado en otras cuestiones en lugar de haber acabado creando enfrentamientos sociales?

Es que hubo sectores a los que no les interesó pactar y por eso hubo que dar batalla. Y pienso, en concreto, en el tema de los símbolos. Muchos lo tenían claro, pero otros no lo querían aceptar. Y se tuvo que dar batalla. Se comenzó con aquello de que la Senyera era fascista y se tuvo que batallar porque de otra manera se hubiera perdido la guerra. Luego... sí hubo un beneficio porque ganó el deseo de la mayoría de la sociedad, que es lo importante.

Pero usted, siempre en medio.

Y estaba también la gente que me llamaba al diario porque sentía la necesidad de organizar una manifestación y su capacidad para decirlo u organizarla era mínima. Tenía la suerte de conectar bien con la gente. Parecía que era yo quien estaba detrás, pero era la sociedad la que tenía necesidad de expresar lo que sentía en su interior.

Y Eliseu Climent, siempre enfrente.

Eliseu es un maniobrero como pocos, la verdad, pero tengo buen recuerdo de él. Hasta participé como jurado en unos Premis Octubre de Periodismo y me manipuló por primera y última vez... Lo bueno del paso del tiempo es que deja lo mejor y lo malo tiendes a archivarlo. Pero si no hubiera existido él habría habido otro. Él era un mandado de Jordi Pujol y de los presupuestos de la Generalitat Catalana.

¿Fuster, entonces, sólo era el parapeto?

Creo que se aprovecharon de Fuster porque él vivía muy encerrado en su vida, en sus libros y, más o menos, se dejaba llevar.

No me creo que no se considere una mujer de poder cuando ha manejado muchos de los hilos durante años.

El poder no residía en mí sino en el periódico que dirigía. Nunca tuve la sensación de tener el poder, ni de estar ejerciéndolo. Sólo hacía periódicos. Quizá ahora eche la vista atrás y, fríamente, pueda llegar a pensar que sí lo tuve, pero entonces no. Supongo que algunos lo creerán porque verían a la gente que pasaba por entonces por mi despacho y creerían que estaba manejando el poder, pero no era conscientemente. En serio. Ahora, que luego lo que yo hiciera o transmitiera tuviera un efecto es diferente. Pero si me lo hubiera creído me habría dedicado a la política.

Pues para casi todos ha hecho más política que los políticos y lo demás es un poco un sarcasmo.

Lo que hice fue defender determinadas cuestiones que para mí eran parte de una sociedad y los políticos dejaban de lado. Mire, una de las cosas que más valoro es haber peleado contra los incendios forestales y creo que los actuales medios son uno de los activos del PP. Este asunto, por ejemplo, nadie lo vende y es la auténtica inversión importante de un gobierno. Y cuando lo sugieres la respuesta es que no se vende. Ve, un logro positivo que dicen que no se vende.

Pero sus disputas llegaron hasta con la Universitat.

Pues sí, pero es que la Universitat tenía momentos realmente peculiares. ¿O es que tampoco nos acordamos que en aquella universidad se abría la puerta a personajes como Pepe Rei? O cuando se negaron a utilizar el nombre de Comunidad Valenciana. O en su empeño por el catalán. Es que vivían en un mundo que no existía. Buena diferencia de la universidad de la época de Joaquín Colomer o el rector Báguena, el bueno. Esos sí que daban la cara por la sociedad real.

Dejó también muchos cadáveres y algún que otro rencor en el camino, que nunca se lo perdonarán.

Cadáveres ni uno. Si hubo "muertos" es porque se suicidaron con sus propias acciones... que yo contaba. En cuanto a que no me perdonen. Pues quizá. Pero allá ellos. Guardar rencores amarga mucho. No vale la pena.

Si le pregunto por el mejor alcalde seguro que dirá Ricard Pérez Casado, uno de sus ojos derechos y de quien dicen le consultaba más que a su grupo municipal.

Para mí han existido dos buenos alcaldes. Pérez Casado tenía un modelo de ciudad, en cuyo diseño colaboró Alejandro Escribano, y que impuso. Y la otra ha sido Rita Barberá, que sabía lo que quería para la ciudad. Y es imbatible elección tras elección. Por algo será.

¿Del resto se olvida?

Martínez Castellano fue un suspiro y Clementina Ródenas estaba más preocupada por enfadarse que por llegar a la ciudad.

¿Cree realmente que tenemos la ciudad que merecemos?

No sé si la que merecemos, pero a mí me gusta mucho. No sólo por sus virtudes sino también por sus defectos.

¿A qué se refiere?

Pues que abriría el Paseo al Mar. Me niego a hablar de Blasco Ibáñez. Se debería haber mantenido el nombre como prueba de que aquello es una aspiración y no una volada. Además, me duele que venga un señor-Oriol Bohigas-que ha arruinado la Barceloneta, a darnos lecciones sobre lo que hay que hacer en el Cabanyal. Allí no le tembló a él la mano. Y si le pregunta a Ricard Pérez Casado le dirá lo mismo.

¿En algo no estaría de acuerdo con él? ¿ En algo se equivocaría?

En su dimisión, se equivocó en su dimisión, pero fue producto del cansancio que le produjeron ciertas cosas del partido.

¿También le sugirió que se quedara?

Por supuesto.

¿Y él qué le dijo?

Estaba muy cabreado. Tenía la carta de dimisión escrita y me la mandó aquella noche.

¿La guarda?

No. Debe de estar archivada con otros documentos. No guardo muchos papeles. Sólo alguna que otra historia divertida del Saler, del franquismo, con todas aquellas prohibiciones que había...

¿Y Rita no se ha equivocado en nada?

Rita no piensa dimitir (ríe). Ha acertado a la hora de hacer una ciudad agradable. Muchas veces, las mujeres tenemos ideas menos faraónicas que los hombres y los pies más puestos en el suelo. Las mujeres somos más cotidianas, más del día a día.

¿Por qué Broseta nunca se atrevió a dar realmente el salto a la arena?

Lo dio, pero lo que ocurre es que no se sabía. Le aceptó a Aznar ser número uno de la lista al Congreso en 1992 y luego optar a la presidencia de la Generalitat. Lo tenían acordado. Pero lo asesinaron.

Martín Quirós le confesaba hace unos días a mi compañero Juanjo García que Broseta no aceptó optar a la alcaldía de Valencia porque desconocía las encuestas que le daban la victoria al centro-derecha.

Creo que si no dio el salto fue porque tenía su despacho activo y no lo podía abandonar. No era de los que dejaban las cosas colgadas ni a medias, sino una persona muy responsable.

¿Hubiera sido buen alcalde?

Hubiera sido mejor presidente.

Está comparándolo con Zaplana, otro de sus ojitos derechos.

Broseta hubiera sido absolutamente distinto. Zaplana fue fundamentalmente un político ambicioso que supo transmitir a la sociedad su propia ambición. Broseta hubiera sido un presidente que hubiera transmitido a la sociedad valenciana la conciencia de sociedad valenciana. Quizá hubiera sido menos espectacular que Zaplana en sus acciones pero habría conseguido que esta sociedad tuviera unas raíces potentes.

Aún así, antes de que usted apostara por Zaplana de forma abierta lo hizo por González Lizondo y Unión Valenciana para luego dejarlos caer o ponerlos en manos del PP.

Sí, pero por la idea de contar con un partido regional. Hubiera sido bueno contar con uno, pero se malogró por la irresponsabilidad de algunos de los de Lizondo que fueron quienes mataron al padre. La gente se ha olvidado de que Lizondo murió en el escaño cuando se defendía de las agresiones verbales de quienes habían sido compañeros de partido. La prueba de su fracaso es que se han quedado a cero.

¿Quiénes fueron para usted los 'judas'?

No daré nombres porque ellos lo tienen ya en su conciencia. Si es que la tienen. Con Lizondo muchos se aprovecharon. Si el PP fagocitó a UV es porque algunos comenzaron a tomar unos derroteros equivocados y fue la sociedad la que los castigó. UV perdió el norte cuando comenzó con aquello del independentismo.

No me ha contestado al hecho de su cambio drástico y brutal de Lizondo a Zaplana.

Yo diría que más que brutal, evolutivo. Precisamente, porque Zaplana era una persona joven, con ambición, ganas de trabajar y en aquel momento el PP estaba resignado a la oposición y él se negaba a estar en ella. Eso lo transmitía. Esas cualidades básicas son fundamentales.

¿Después fue lo que esperaba o su ambición fue desmedida?

La decepción que tengo con él es la misma que con Pérez Casado y en su caso, más concretamente, porque se fue a Madrid. Le dije que cometía un error.

¿Qué le contestó él?

Que no se le podía decir no a Aznar. Es en lo único que no se dejó aconsejar. Él sabía que Aznar iba a estar sólo ocho años y quería estar allí para cuando llegara el momento. Le avisé que no pasaría de ministro.

¿Cuál diría que fue el mejor consejo que le dio?

No se lo di a él sino a Aznar en casa de Juan Villalonga.

¿Lo puede confesar?

Pues porque, junto a dos nombres más, le propuse a Zaplana como candidato a la Generalitat. O sea, que fue el mejor consejo porque salió beneficiado Zaplana.

¿Allí es dónde se intrigaba?

No lo sé, digamos que cené allí con Aznar y sus familiares, pero no sé si se trataba de intrigar. A mí sólo me preguntaban y, como ahora, contestaba. Nunca me he mordido la lengua y decir lo que piensas es mucho mejor que hacer política. Yo hacía periodismo. Soy una persona tirando a asilvestrada y no soy capaz de decir que sí si algo no me gusta, ni tampoco soy de las que siguen la corriente.

Pero estoy seguro de que, en más de una ocasión, le tentarían.

Sí, a una candidatura en el Senado con UCD y también el PP me propuso algo.

Cuente, cuente.

Cuando asesinaron a Broseta, Aznar me propuso seguir el mismo patrón y le dije que yo no valía para eso.

¿Las corruptelas continúan siendo las mismas?

Todo lo que he sabido de corrupción lo he denunciado. Ahí está el caso Cartagena, el de Vicente Sanz...
Mire cómo ha acabado después de una carrera que comenzó con aquello de estar en política para forrarse.
Lamentable. Cuando dijo aquello era el momento de haberlo retirado de la política. Pero no lo hicieron.

¿Por qué?

¿La verdad?... No lo he entendido nunca.

¿Mantiene contacto con Zaplana?

Ninguno. Desconozco el por qué de la distancia. Ha conseguido lo que quería. Tiene una buena situación económica. Ha encontrado de rebote un cargo en Telefónica... pero a él lo que le gustaba era el poder. Dentro de él siempre quedará. Pero ya es tarde para que vuelva. Él quería ser presidente del Gobierno y cuando llegó aquí le deslumbraron ciertos sectores de la sociedad valenciana, aquellos de más poderío económico. No se daba cuenta de que no es que le tuvieran admiración, sino que querían aprovecharse de él. Y él lo que quería era ser presidente del Gobierno.

¿Se lo confesó abiertamente alguna vez?

No, pero yo lo sabía. No se fue a Madrid a ser ministro de Trabajo. Lo que más valía era estar al lado de Aznar en el momento que tocara.

Hace unos días recordaban que gran parte del lastre económico que arrastra la Generalitat aún es consecuencia de su época. Mire si nos costó su idea de querer ser presidente.

Se endeudó pero dejó una obra que ha conseguido que nuestra comunidad esté como está. Hay otros que se endeudan y no dejan nada. Zaplana lo dejó.

Pues no sé cómo no logró convencerle cuando tenía a su ex marido como mano derecha.

El que trabajaba con Zaplana era él.

Se puede también asesorar en la intimidad.

Lo que tenía que decir lo decía desde el periódico.

¿Y después de tantos consejos nunca ha recibido pruebas de gratitud?

Algún ramo de flores. Eso sí, mi despacho a veces parecía... yo que sé... una floristería. Pero nunca nada, jamás.

¿Camps está mal aconsejado?

Creo que ha estado rodeado algunas veces por personas que lo han aislado de la espontaneidad, de la realidad y no ha sabido encarar ciertas cuestiones con naturalidad. Creo que durante la segunda legislatura no le ha funcionado ese aspecto muy bien.

Sin embargo, no tiene alternancia.

No, no la tiene. Debería tenerla por lógica porque siempre hay algún delfín. A lo mejor es que tampoco le interesa.

*Lee mañana segunda entrega de la entrevista

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