29 de febrero de 2016
29.02.2016

El día más especial de Sofía Soler

La fallera mayor infantil debuta en la Crida como remate a una jornada de actividades que recordará toda su vida

29.02.2016 | 01:03
El día más especial de Sofía Soler

Si una alcaldesa se «queda en blanco» (sic). Si más de una fallera mayor se ha bloqueado y no la reconoces en ese momento culminante (Alicia Moreno, la experiencia es un grado, estuvo en ese sentido muy segura). Exigirle exquisiteces a una niña que sólo mañana cumplirá los doce años, ante un auditorio que se te merienda literalmente, es como para decir «aquí te quisiera yo ver». Aunque después, con todo el año ya acumulado, sorprende cómo mayores e infantiles se despiden con un discurso mucho más largo, ante ocho mil personas, en la Fonteta, con una facilidad que asombra. El caso es que Sofía Soler pasó ayer a la historia como la primera niña que hablaba en una Crida. En directo, porque Victoria Blázquez sí que lo hizo en un «enlatado» en 2008: un diálogo con una supuesta luna. Todo un reto para quien está empezando a vivir algunas de las muchas cosas que le esperan en el futuro.

Madrugó Sofía, como es natural. Se había acostado a las once de la noche y aunque le apuraron el despertar, «ha sido avisarla y ponerse en pie en seguida». Tiró bombetas, desayunó, vio una mascletà y se cambió para pronunciar por primera vez el sonsonete de «senyor pirotècnic».
La familia Soler Casas ya se ha trasladado a Valencia, al piso en el que se la presentó como fallera mayor. Comió rosbif, un plato que le encanta y pese a los nervios de lo que se avecinaba, tuvo la suficiente tranquilidad como para echar una «becaeta». Después vino el tocador de Jesús Sáez y Parralejo, sus peluqueros de cabecera. Para un día como la Crida hay que empezar de cero y se le rehizo el pelo completamente. «El texto lo tengo desde hace un mes. He estado ensayando casi todos los días» aseguraba la niña de Quart de Poblet mientras masticaba chocolatitos. Su hermano Ferran brujulea por la habitación. A pesar de su conocida jovialidad, los suspiros se hacían cada vez más frecuentes. Se desvela el traje: un San Antonio de Catalá, color tabaco, realizado por su indumentarista de cabecera, Entre Fils (Beatriz Rabuñal).
En las torres, «guardeu al vostre cor un trosset d´estes falles». Para la niña que ya hizo historia en Quart de Poblet, su particular epopeya continúa.

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