25 de junio de 2016
25.06.2016

La vida de cuento de un cocinero con tres estrellas

Un relato sobre valores escrito por Toni Reig e ilustrado por Marta Colomer desvela «el secreto» de Quique Dacosta, el chef de Dénia que nunca soñó con serlo

25.06.2016 | 04:15
La vida de cuento de un cocinero con tres estrellas

El secreto es que no hay secreto. Quique Dacosta, el chef de Dénia con tres estrellas Michelin, se expresa con la sencillez de un padre que le lee un cuento a sus hijos. Los suyos, Noa y Ugo, estuvieron ayer en la presentación de «El secreto de Quique Dacosta», un relato para niños («y mayores», puntualizó el chef) escrito por Toni Reig y que también entra, como los buenos plantos, por la vista. Las ilustraciones son de Marta Colomer. El cuento, publicado por Reclam Editorial, desvela la infancia y juventud del cocinero. Es una historia de constancia y de sueños hechos realidad.

Con todo, el propio Dacosta confesó ayer que él nunca soñó con ser cocinero y, menos, claro está, con llegar a las estrellas. Se maravilló, eso sí, de que su vida, «que no es nada extraordinaria», se haya convertido en un cuento. «Posiblemente este libro será más beneficioso para la sociedad que todos los recetarios que he publicado», dijo.

A Toni Reig, el encargo de imaginar un cuento sobre un personaje real le pareció todo un reto. Conocía a Dacosta, como lo conocen todos los vecinos de Dénia, pero no había tenido mucho trato con él. Y le tocó llamarle por teléfono nada menos que a Dubai. Enseguida descubrió que la vida de este cocinero destilaba «valores universales». A Reig le sorprendió la curiosidad de Dacosta, quien llegó con 14 años a Dénia y empezó a mirar a su alrededor, al Montgó y el mar, y descubrió todos esos productos que luego incorporaría a su cocina de autor. «Sus platos son paisaje, paisaje gastronómico», subrayó el escritor.

A Quique Dacosta se le ve cómodo en ese nuevo rol de personaje de cuento. Él se quita importancia. «En realidad, soy el hombre que nunca soñó con ser cocinero. Ni estaba a mi alcance ni lo pretendía», confesó. Dijo que su aspiración al llegar a Dénia era trabajar de pinchadiscos. «Pero lo más cerca que estuve de los platos fue fregando cazuelas», bromeó.

Este chef autodidacta no pudo estudiar en prestigiosas escuelas gastronómicas. Pero llegó a la cuna del producto. «Tuve la suerte de caer en Dénia, en un pueblo de una gastronomía privilegiada».

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