14 de abril de 2018
14.04.2018

Arroz, alcohol y nichos en Moncada

Cerca de 24.000 personas acudieron ayer a las Paellas Universitarias, un evento que ha estado rodeado de polémica

14.04.2018 | 11:40
Arroz, alcohol y nichos en Moncada
Arroz, alcohol y nichos en Moncada

Y las paellas universitarias llegaron. Moncada amaneció ayer preparada (física y mentalmente) para albergar el evento del que tanto se ha hablado en el último mes. La estación de Metrovalencia Seminari-CEU fue como la entrada «al paraíso» de miles de jóvenes que dejaban el tren, por la mañana, sonrientes, cargados de bebidas alcohólicas y con el ya tradicional atuendo paellero: la camiseta colorida con una frase sobre la disciplina académica.

Amanda, una alumna de primer año de Filosofía, definió de esta forma la razón del «uniforme» de tantos universitarios. «La frase de la camiseta es para nosotros resaltar el espíritu de identidad de cada uno. Dentro del conjunto te identificas abiertamente con tu carrera, enseñas a lo que te dedicas», explicó la joven que vestía de granate y lucía la frase: «Soy de filosofía, no me Descartes».

A partir de la una del mediodía, un parque cercano al recinto por el que días anteriores paseaban ancianos y vecinos con sus canes, exhibía un cuadro totalmente diferente. Los bancos ya no los ocupaban los hombres y mujeres del vecindario moncadense, sino jóvenes que bailaban al ritmo de la música que venía desde dentro del recinto y de vehículos aparcados que hacían sonar sus bafles y bebían sus mezclas alcohólicas coloridas. Poco a poco, estos asistentes se sumaron a los muchos que nada más bajar del ferrocarril iniciaban camino a los accesos señalizados para incorporarse a la fiesta en el recinto acondicionado. «Entrada», se leía bien grande nada más abandonar la estación del tren, y detrás, una gran fila de gente dispuesta a disfrutar del festival paellero con un total de 19 artistas invitados que amenizaron el evento durante todo día, «nonstop». Una vez dentro, los grupos se distinguían a simple vista: rojo, verde, morado...cada carrera tenía esa «seña de identidad» y bailaba a ritmo de reguetón, «trap» y música «techno».

La organización del evento ha realizado para esta edición diferentes campañas para garantizar un evento libre de sexismo, regalando camiseta con el lema «No es No, por unas paellas libre de machismo» y acondicionando puntos violeta con profesionales en igualdad para asistir a las jóvenes que puedan verse en una situación machista. Uno de los momentos más destacados de la jornada fue la canción que Arkano y la rapera Woyza protagonizaron en «freestyle», en la que reivindicaron la libertad de las mujeres y el «Sí es Sí al cambio feminista». Asimismo, sindicatos estudiantiles como Saó emitieron un comunicado para evitar camisetas machistas. No obstante, la tradición de incorporar mensajes con connotaciones sexuales seguía siendo visible ayer y algunas de las frases se tambaleaban entre la fina línea de lo gracioso y lo grosero. «Si quieres levantar la empresa empieza por debajo de mi mesa», «Invertir y follar, todo es empezar» o «Mi único impuesto es quitarte lo que llevas puesto» fueron algunos mensajes. Por otra parte, también pudieron leerse frases ingeniosas como «Si el xiquet no calla, un xupito de cassalla». Para Claudia, una estudiante de un master en criminología, las frases «tienen contenido sexual, pero siempre y cuando no sean discriminatorias, me parecen bien». La joven explicó que lo que no es tolerable es exhibir mensajes como «Hoy follo, mañana juicio», una frase que incitaba a la violación y estuvo presente en la edición anterior.

Cerca de las tres de la tarde, la mayoría de los asistentes ya se encontraban dentro de un recinto que, desde arriba se veía abarrotado. No cabía un alfiler entre un mar de cabecitas y camisetas arcoiris. Las colas para disfrutar de la paella que da nombre al macrofestival eran interminables y en un recipiente gigante acababa de cocinarse la segunda tanda de comida para abastecer la demanda de los asistentes. El parque exterior que horas antes había sido la previa del «botellón» ya estaba limpio. Decenas de operarios de limpieza vial ultimaban la zona.

Los vecinos que paseaban por la calle paralela al evento decían: «a ver como acaba el día, esperemos que bien». Pilar, que paseaba a su perro, opinaba que «de momento todo va bien, están limpiando constantemente, qué menos». Una pareja de mayores hablaba así de la fiesta: «Es massa jaelo para el pueblo, que vengan todos los estudiantes de València aquí...es demasiado y si no hay beneficios para el pueblo...eso no está claro». Minutos después, Estrella y Daniel salían de su casa en la finca que linda con el recinto con una maleta y sus perros: «Nos parece un fastidio... sobre todo para la gente que tiene niños. Nosotros nos vamos a dormir fuera para no aguantar esto», explicaron ayer a Levante-EMV.

Uno de los motivos por los que algunos vecinos de la zona rechazaban el evento era por estar justo al lado del cementerio municipal, lo que consideraban «una falta de respeto». Al mismo tiempo, según ha podido saber este diario, temían que «los borrachos se cuelen dentro y hagan barbaridades». Pero eso ayer no fue posible. Personal de seguridad custodiaba la entrada del camposanto para que tal acción no ocurriera. Así y todo, la imagen opuesta de ambos escenarios era muy evidente por la cercanía de los espacios. Por un lado, la gran multitud de jóvenes llenaban el recinto de las paellas y la música a todo volumen le ponía banda sonora. Por otra, un cementerio vacío y silencioso aguardaba el momento de volver a su tranquilidad. A pesar de que se colocaron lonas negras para que el contraste de espacios fuera menor, el hecho de que el recinto estaba separado únicamente por una pared del camposanto era una realidad indiscutible.

Los primeros protagonistas de ayer fueron los estudiantes y los artistas de moda, entre ellos los más esperados: Danny Romero, Kaydi Cain, Wöyza, Arkano o Maikel Delacalle, que despega en la música urbana. Con todo, también hubo un segundo actor que estuvo muy presente: el alcohol. La imagen de antaño se repitió y los más de 24.000 estudiantes que se congregaron en Moncada llevaban «bajo el brazo» diferentes bebidas alcohólicas. Y tal como llegaron, se fueron. Las paellas universitarias, tan esperadas por algunos y muy rechazadas por otros, tuvieron ayer su día «de gloria» en una nueva ubicación que no ha estado exenta de polémica.

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