17 de agosto de 2017
17.08.2017

Bruno Murciano, un sumiller en busca de la excelencia del Bobal

Tras ganarse el respeto por su trabajo en establecimientos de la talla del hotel Ritz de Londres, ahora busca conquistar al consumidor con sus nuevos bobales

17.08.2017 | 04:15
Bruno Murciano, un sumiller en busca de la excelencia del Bobal

Bruno Murciano es un profesional forjado a sí mismo. Natural de Caudete de las Fuentes, este valenciano de 38 años se crió detrás de una barra, en el asador Cris, negocio familiar en el que tuvo su primer contacto con la hostelería. Su ambición y sus ganas de aprender le llevaron a cursar estudios de hostelería en Castellón entre los años 1995 al 2000. Completó su formación de sumiller en Toulouse para, en 2001, comenzar una fulgurante carrera profesional que le llevó a trabajar como sumiller en exclusivos restaurantes de 2 y 3 estrellas Michelín en Francia y Reino Unido. Tras un año como jefe de sumilleres en el restaurante Lindsay House del Soho londinense, en 2005 le llega la oportunidad de incorporarse al plantel de sumilleres del hotel Ritz de Londres, convirtiéndose seis meses después en máximo responsable de vinos del reputado establecimiento.

Pese a desarrollar su faceta profesional fuera de España, Murciano siempre mantuvo el contacto con su tierra, participando en diferentes concursos. En 2002 se alzó con el título de mejor sumiller joven en Francia, en 2005 lograría clasificarse en el tercer puesto del concurso de mejor sumiller de España, certamen en el que resultaría vencedor en 2008. Con todo, Bruno reconoce que «los concursos y los títulos no han cambiado nada en mi día a día. Yo siempre me he centrado en mi trabajo, y aunque es cierto que los títulos me han dado de manera puntual más visibilidad mediática yo siempre me he centrado en mi trabajo diario».

En 2011, cansado de las presiones diarias propias de la exigencia de trabajar en una plaza como el Ritz, Murciano decide dejar su puesto como jefe de sumilleres y pasa a convertirse en el responsable de vinos españoles de uno de los principales importadores británicos, trabajo que desarrolló hasta 2013, cuando decidió montar su propia compañía, con la que comercializa vinos de más de una treintena de bodegas españolas en Reino Unido.

Pero a Bruno siempre le había rondado por la cabeza tener su propio vino... su propio sueño. En 2009 logra seducir al reconocido enólogo David Sampedro para que visitase la zona para seleccionar viñedos de Bobal con los que hacer su vino. Junto con la familia Valsangiacomo –a la que el sumiller asesoró en diversos proyectos vinícolas–, nace La Malkerida, un joven Bobal que, desde su primera edición, conquistó paladares en el mercado anglosajón. El proyecto se consolidaría poco después con la creación de la sociedad Compañía Vitivinícola del Mediterráneo y el lanzamiento de nuevas etiquetas como El Novio Perfecto o La Novia Ideal.

Aquello removió los cimientos del sumiller, que decidió destinar los ahorros reservados para adquirir una vivienda en Londres a la compra de una finca en su pueblo natal, un terreno de 8 hectáreas con una cuarta parte de monte mediterráneo y seis hectáreas de viejos viñedos de Bobal de entre 70 y 100 años (de hecho, en el registro de Caudete de las Fuentes figura como el viñedo más viejo del municipio). Ahora, Murciano se ha asociado con su hermano José Luis en un nuevo proyecto que se alimenta de las ínfimas cosechas (un kilo de uva por cepa) que producen sus viñedos, cultivados bajo pautas ecológicas y biodinámicas.

Los nuevos vinos de Bruno Murciano son la evolución «lógica» de los pasos dados con La Malkerida, aunque en este caso el tipo de suelo donde se cultiva el viñedo y la edad de estos juegan un papel determinante. Son tres vinos, todos de edición limitada, que ya se encuentran en el mercado.

«L´Alegría» (2.428 botellas) se elabora con uva de la cosecha de 2014, cultivadas en terreno arcilloso. Fermenta en depósito de hormigón y descansa algo menos de un año en barrica de roble. «El Sueño» (2.501 botellas) es de la cosecha de 2013, se elabora en con uvas cultivadas sobre tierra caliza y la barrica tiene mayor protagonismo. Por último, «La Bruna» es la joya de la trilogía. Con una producción de 654 botellas, se hace con uvas cultivadas sobre terreno arenoso y condensa todos los aromas del paraje donde se cría: lavanda, tomillo, romero... un vino que conviene catar en último lugar, ya que todo lo que pueda venir después nos parecerá menor.

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