29 de abril de 2012
29.04.2012

La rentabilidad dispara los robos de caquis en los campos de la Ribera

Los árboles son arrancados todavía tiernos y los agricultores denuncian que
se destinan al mercado negro

29.02.2012 | 01:00
La rentabilidad dispara los robos de caquis en los campos de la Ribera

El caqui es hoy por hoy el único producto agrícola capaz de ofrecer al agricultor una cierta rentabilidad económica. Por eso son cada vez más los que apuestan por este cultivo hasta el punto de que existe más demanda que oferta de plantones de caqui.
Ello ha provocado que en los últimos meses se disparen los robos en campos recién plantados, especialmente en los municipios de Carlet, Alginet y l'Alcúdia, que son los máximos productores de caqui de la comarca.
Pese a las continuas denuncias los robos no han cesado. Si a principios de mes este diario se hizo eco de la sustracción de al menos un millar de plantones aún tiernos, en la última semana se han producido al menos tres nuevos robos en plantaciones de estos municipios. Uno de los últimos afectados es Salvador García, exalcalde de Carlet entre 1991 y 1995. A su familia le han sustraído un campo de seis hanegadas y media plantado hace menos de una semana, según explicó ayer. "Probablemente ocurrió el fin de semana cuando arrancaron los plantones que estaban aún tiernos y llevaban unos días en el campo", explicó García. En total le han sustraído 114 plantas que tienen un valor cercano a los 500 euros, aunque más allá del valor económico de los plantones está el trabajo en la plantación o la preparación del campo e incluso también la dificultad de encontrar nuevos plantones en un mercado completamente saturado por la elevada demanda.

"Totalmente desprotegidos"
A principios de mes Levante-EMV ya ofreció el testimonio de uno de los agricultores afectados, que denunció que le habían sustraído más de 350 árboles recién plantados que no ha podido recuperar. Los casos se repiten.
Varias fuentes apuntan a la existencia de un mercado negro de plantones de caqui y señalan que los árboles robados aún tiernos acaban en manos de redes que los venden en mercados clandestinos y señalan a zonas de Andalucía o incluso en Marruecos. Además, explican que el modus operandi pasa por pintar el tronco de las plantas robadas para que puedan pasar desapercibidas.

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