03 de diciembre de 2012
03.12.2012
Cuando la naranja tenía un precio

Dos siglos del primer negocio con naranjas

Documentan la primera venta de fruta en Carcaixent en 1792 con 2.500 pesetas pagadas por la cosecha - El cultivo disparó el desarrollo industrial que llegó a contar cien almacenes

04.12.2012 | 03:20

La historia del comercio de la naranja en la Ribera es conocida. Nació en Carcaixent hace ahora algo más de dos siglos, a finales del XVIII, pero menos sabido es que hace exactamente 220 años se produjo el primer trato con naranjas a cambio de dinero ya que en sus inicios siempre funcionó el trueque. Aquella efeméride la ha documentado Jordi Alcañiz, uno de los máximos conocedores de este cultivo en Carcaixent y propietario de la marca comercial naranjasecologicas.com.

La primera plantación se remonta a 1781. La impulsó un sacerdote con una plantación en una zona yerma hasta entonces, que ha pasado a la historia como el primer campo de naranjas de la Ribera. «Tuvo tanto éxito que pronto se propagó a los pueblos cercanos», explica Alcañiz. «Hasta entonces la naranja había sido una especie de fruto maldito porque era muy agria hasta que los tratamientos lograron dulcificarla», relata Alcañiz, que ha recopilado abundante bibliografía sobre el negocio de la naranja.

Aquellos primeros promotores perforaron pozos, instalaron norias como siglos antes habían hecho los árabes, construyeron balsas de riego y casas de labor y cambiaron un paisaje que hoy, dos siglos después, sufre otra transformación histórica, pero ahora con el arrinconamiento del cultivo de la naranja.

El primer negocio con aquella fruta se realizó en 1792, dos siglos antes de la crisis de la naranja a finales de los 90 del siglo XX. «La primera tierra para plantar naranjas se compró a 35 pesetas la hanegada y ese año se vendió a más de 2.500 pesetas por hanegeda», explica. Fue tal el éxito que el cultivo de la naranja, hoy en declive, se extendió como una mancha de aceite. Primero a la Muntanyeta y el Barranquet y después a Alzira y la comarca entera. En el siglo XIX ya se había enseñoreado de toda la costa mediterránea.

Sin transporte para sacar la fruta
Pero el aumento de la oferta se topó con un problema insalvable. Era imposible sacar el producto desde la Ribera por el déficit de vías comunicación terrestre. Antes de la revolución del ferrocarril, a mediados del XIX, los sistemas de transporte eran prácticamente idénticos a los de la época de los romanos y el exceso de oferta provocó la caída del precio.

Las primeras exportaciones de naranja tuvieron como destino Francia, aunque en condiciones muy precarias hasta que se decidió, en 1826, embalar el fruto con papel de estraza y empaquetar la naranja en cajas de madera. Mejoró el precio y recobraron vida las decaídas plantaciones.
Pero, la inauguración, en 1853, de la nueva línea de ferrocarril de la Encina a Valencia y el Grao supuso un salto histórico para la naranja. En 1848, un comerciante mallorquín habilitaba en Carcaixent el primer almacén para la confección de envases. Ya no hubo marcha atrás. En 1859 sustituyeron el basto papel por otro de seda blanco, que comenzó a importarse del extranjero. Con los envíos a Francia totalmente consolidados, en 1870 se abre el comercio con Inglaterra. El naranjo como cultivo predominante y su comercialización a gran escala produjo un espectacular desarrollo. A Carcaixent llegó el primer tren en 1854 y una década después comenzó a funcionar el tranvía Carcaixent-Gandia-Dénia. Varios trenes diarios salían del término cargados de naranjas en plena temporada. Más de 10.000 operarios se ocupaban en la recolección y confección y hubo necesidad de acoger numerosa mano de obra, que quedó asentada en el municipio.

Creación de barrios enteros
Al extenderse los cultivos hubo necesidad de levantar barrios enteros, primero Santa Bárbara después la Muntanyeta, que flanqueaba la recién abierta vía férrea a Gandia. También se desarrolló un tercer núcleo urbano en la zona de les Barraques

Al primer almacén le siguió la primera serrería ante la demanda de envases de madera. Llegaron después industrias de rotulación del papel de envoltura y con la proliferación del tren de vapor, talleres de reparación. Ello supuso una auténtica revolución industrial para Carcaixent, que llegó a contar con más de un centenar de almacenes hoy casi desaparecidos y alcanzó su máximo desarrollo a principios del siglo XX, hace ahora un siglo. Por ello, en 1916 lograría el título de ciudad.

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