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Debate

Los matemáticos quieren calculadoras

«En la enseñanza de las matemáticas debe primar el razonamiento sobre el algoritmo»

Los matemáticos quieren calculadoras

Los matemáticos quieren calculadoras

«Las matemáticas ya no se pueden estudiar como en el siglo XIX, haciendo muchos cálculos y a mano», destaca el decano de la Facultat de Matemàtiques de la Universitat de València (UV), el profesor Rafael Crespo, que además coordina en la C. Valenciana el programa de Estimulación del Talento Matemático (Estalmat) en estudiantes de ESO. Esta reflexión llega tras la prohibición del uso de calculadoras gráficas en dos tribunales del selectivo de la Universitat Politècnica de Valencia (UPV) pese a estar permitido su uso en las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) y su utilización contemplada en el currículo de Bachillerato.

Crespo sostiene que el debate de calculadoras sí o no en los exámenes «aún está sobre la mesa porque no se ha introducido el uso de las Tecnologías de Información y la Comunicación (TIC) en las aulas». Este profesor de Análisis Matemático apuesta por el uso no sólo de las calculadoras gráficas sino también de las tabletas informáticas, «que contienen aplicaciones en línea más poderosas y permiten a los alumnos descubrir más cosas». Algo, dice que es una oportunidad «para reflexionar cómo enseñar matemáticas en el futuro a unos jóvenes que son nativos digitales».

«A mi me interesa más que un alumno de Bachillerato sepa explicarme que significa que una función tenga derivada positiva que plantarle una torre de funciones grandísima y se pase dos horas derivando», recalca. En la enseñanza de las matemáticas, añade, «debe primar el razonamiento más que el algoritmo, que el estudiante sepa cómo tiene que hacer las cosas y con la calculadora esto lo puede aprender más rápido». «No hay que seguir castigando a un joven con las tablas de multiplicar cuando tiene 16 o 17 años para que multiplique números de cuatro cifras si eso ya lo hace una máquina».

Eso sí, el decano, distingue las operaciones complicadas de los cálculos básicos que necesitamos saber para desenvolvernos en la vida. «Aunque haya calculadoras, los niños tienen que aprender las tablas de multiplicar y cualquier persona, incluso los que dicen que son de letras, saber que cuando van a comprar una camisa de 80 euros con un 15 % de descuento, el 10 % menos son 8 euros y 0tros cuatro el restante 5 %».

El uso de calculadoras gráficas en las pruebas de acceso a la universidad, que es obligatorio en Alemania, Portugal y Francia, sólo está permitido en cinco autonomías: la C. Valenciana, Castilla-La Mancha, Cataluña, Illes Balears y Canarias. La Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas (Fespm), que agrupa a más de 6.000 docentes, lleva más de una década luchando contra la resistencia a la innovación.

Entre los argumentos refractarios al uso de las calculadoras gráficas en la selectividad está su precio. Es decir, que el alumno que pueda pagarse una buena máquina esté en ventaja respecto al resto. Otro aspecto de fondo, no menos importante, es que hay bastantes profesores, no sólo en los institutos si no también en las universidades que son quienes supervisan las PAU que siguen viendo un enemigo en las calculadoras y las consideran perjudiciales para el aprendizaje, bien por el desconocimiento de las posibilidades que ofrecen o por miedo a no saber utilizarlas.

El presidente de la Fespm y de la Societat d'Educació Matemàtica de la C. Valenciana (Semcv) Al-Khwarizmi, Onofre Monzó, que además es profesor del máster de didáctica de la UV, asegura que «no hay ninguna investigación internacional que diga que el uso de la calculadora entorpece el aprendizaje de las matemáticas».

Monzó niega también el argumento económico: «Hoy en día una calculadora gráfica es más barata que cualquier móvil o zapatilla de marca que llevan los chavales». Su precio oscila entre los 45 y los 140 que cuestan las que permiten hacer cálculo algebraico. No obstante, en la práctica totalidad de IES que apuestan por la innovación en la enseñanza de las matemáticas, estos dispositivos son propiedad del instituto y se los presta a sus alumnos. El presidente de la Fespm entiende que el veto de los dos tribunales de la UPV «está cuestionando el trabajo de los profesores de más innovadores de los institutos por parte de docentes universitarios que quieren seguir enseñando como hace 30 años».

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