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Sociodemografía

Tras el rastro de los valencianos que emigraron a Cataluña

El proyecto «Veus valencianes» quiere documentar y recuperar los testimonios de emigrantes y sus descendientes

Tras el rastro de los valencianos que emigraron a Cataluña

Tras el rastro de los valencianos que emigraron a Cataluña

Nombres de bares, horchaterías, pequeños negocios... Por poco que se «rasque» en Cataluña aparecen valencianos o descendientes de valencianos que hicieron las maletas un día y se instalaron en la otra orilla del río Sènia, por hambre, motivos políticos, para encontrar trabajo o incluso para evitar una boda. Son muchas las causas que movieron a los valencianos a emigrar. Todas ellas las estudia Kenneth Pitarch, investigador del Centre d'Estudis Demogràfics situado en el campus de la Universitat Autònoma de Barcelona. Junto con sus tutores Andreu Domingo y Amand Planes, Pitarch sigue los pasos de los valencianos que emigraron a Cataluña, el siglo pasado y, también, los de los descendientes que hoy siguen allí.

«Nos interesa ver los movimientos: dónde van los valencianos, por qué vinieron, cuál es su importancia en Barcelona y Cataluña, dónde viven, cuáles son sus destinos en el extranjero, qué vínculo tienen con su tierra de origen...», explica a Levante-EMV.

El investigador apunta que «no hay bibliografía sobre la emigración de valencianos a Cataluña», al contrario de lo que ocurre con los movimientos de andaluces, aragoneses o gallegos. Pitarch lo descubrió tras realizar un máster y elaborar un informe. Por ello decidió preparar un doctorado sobre estos movimientos demográficos, a los que «no se ha prestado atención», quizás porque se integraron mejor al compartir lengua propia, o por motivos sociopolíticos, apunta. Históricamente, Cataluña ha sido uno de los destinos principales para los valencianos. «Yo me atrevería a decir que llegó a ser la inmigración más importante en Cataluña en las primeras tres décadas del siglo XX», apunta Pitarch. Según los datos, la cifra máxima de valencianos en Cataluña se alcanzó en 1920 con 126.165, mientras que los aragoneses eran 70.000. En 1930 había 91.211 y 118.000 migrantes de Aragón; y en 1970, 109.636. El censo apunta que estas cifras se han reducido casi a la mitad, hasta los 61.769 valencianos en Cataluña en 2013. Así, se suele hablar de tres «oleadas» de migración: desde 1901 hasta los años 30, desde los 50 hasta mediados de los años 70 y desde finales de los años 90 hasta 2008.

«Queremos mostrar dónde se asentaron los valencianos a principios de siglo XX», afirma. Según los datos que han recabado hasta ahora se instalaron en el área metropolitana de Barcelona (donde se llegó a concentrar el 68 % de la población valenciana emigrada en localidades como Hospitalet del Llobregat, Sabadell o Terrassa; el 31 % de ellos solo en Barcelona, en barrios como Poblenou, Sants, Gràcia o la Plata); el eje Tarragona - Reus (en municipios como Salou, Vila-Seca, Montroig del Camp o Cambrils) y las comarcas fronterizas entre las dos comunidades autónomas (en Tortosa, Sènia...).

Historias de vida

Como parte de la investigación del doctorado, Pitarch ha incluido «Veus valencianes», un proyecto de ciencia ciudadana en el que se realizan encuestas a través de Internet a valencianos afincados en algún municipio catalán, o sus descendientes, relata. «Así, podemos saber cosas que el padrón o el censo no preguntan» e implican a la población. Además, para recabar testimonios, Kenneth Pitarch también está realizando entrevistas en persona desde hace más de un año. «Es un poco difícil encontrar gente mayor o de zonas valencianoparlantes» de la Comunitat Valenciana, como el Alto Palancia, Ademuz o la Canal de Navarrés, confiesa, y reconoce que el «boca a boca» es lo más efectivo en estos casos.

Banco de la memoria

«Me estoy empapando de muchas historias de vida, muchas vivencias, anécdotas inversemblantes que darían para escribir miles de libros y filmar muchas películas», explica Pitarch. «Es una lástima que se pierdan estos testimonios que solo estamos recogiendo nosotros», se lamenta, por lo que este grupo del Centre d'Estudis Demogràfics querría hacer «un banco de la memoria», pero esto será difícil ya que no cuentan con becas.

«Hemos podido llegar a descendientes de representantes de las primeras oleadas (hijos, nietos y bisnietos)», explica Pitarch. Eran valencianos originarios de, por ejemplo, la Vila Joiosa, Altea, Xert, les Coves de Vinromà, Argelita, Vallat, Villena, València, Benigànim, Borriana, Sagunt, Albaida o Villar del Arzobispo. La mujer más anciana con la que han podido hablar es una descendiente que nació en el barrio barcelonés de Gràcia, en 1921. «Tiene una mente brillante y recuerda perfectamente toda la República», asegura el investigador y explica que cuando a los entrevistados les pregunta por las relaciones entre Barcelona y Cataluña, la mayoría reivindican el Corredor Mediterráneo.

La historia de los valencianos que emigraron a Cataluña es la historia de pescadores, carpinteros, agricultores, judíos, comerciantes, mecánicos, artistas, políticos, deportistas, profesores, periodistas y médicos. Muchos, movidos por el hambre del siglo pasado, o por las ganas de progresar de los valencianos más cualificados de los años 2000. También es la historia de los investigadores: Pitarch y Planes, valencianos, y Domingo, descendiente de una pareja valenciana que emigró. Ellos s0n un ejemplo más que humaniza y pone rostro a los datos demográficos.

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