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Tàrbena: zona cero de la Xylella

El municipio, de apenas 600 habitantes, teme que las consecuencias del plan de erradicación contra esta plaga que ha invadido los almendros acabe con la actividad turística de la zona

Tàrbena: zona cero de la Xylella

Tàrbena: zona cero de la Xylella DAVID REVENGA

Cuando los almendros florecen, el valle de Tàrbena se tiñe de blanco y rosa. Las vistas que ofrece el municipio, situado sobre un barranco, hacia los campos y las rutas que se pueden hacer en la zona, hacen de esta pequeña localidad de la Marina Baixa el atractivo de todos aquellos que quieren huir del ajetreo de la ciudad. Ciclistas, senderistas o motoristas eligen las carreteras y sendas de alrededor para sus excursiones que terminan en el pueblo para disfrutar de la gastronomía.

Tàrbena ya tuvo que resurgir después de que sus moradores moriscos fueran expulsados por Felipe III. Fueron familias mallorquinas enviadas por el virrey de Palma quienes hicieron resurgir a la localidad, que aún mantiene alguna costumbre como la fabricación de embutidos como la sobrasada y expresiones propias de Baleares. Sin embargo, desde que la plaga de la Xylella Fastidiosa llegó a la provincia, en concreto a las comarcas de la Marina Baixa, la Marina Alta y El Comtat, todo este valle de árboles en flor, que abarca sobre un 70% del término, podría estar condenado a desaparecer y a que la localidad se enfrentara a una despoblación ante la falta de oportunidades.

Las consecuencias de que Tàrbena se convierta en un desierto por la amenaza de esta bacteria no son sólo medioambientales o agrícolas, sino que pueden ser sociales y, sobre todo, económicas. Y más porque la mayoría de los cerca de 600 habitantes que hay en esta localidad de interior viven del turismo que visita el valle cuando los almendros florecen, pero también hay unos pocos que viven directamente de los campos que deberían ser arrasados.

En concreto, en Tàrbena, hay 23 parcelas afectadas: una en el tercer foco hace meses; quince en el cuarto hecho público por la Conselleria de Agricultura; y siete más en el último que se dio a conocer el 19 de febrero. De ellas, el plan de erradicación, es decir, el arranque de árboles afectados y los de 100 metros a la redonda, ha llegado ya a la mitad del primer foco detectado. Pero irá a más. Esta incidencia convierte a la localidad en la más afectada de las tres comarcas o lo que es lo mismo, en la «zona cero» de la Xylella.

Perjuicio económico

Así que con el temor de que en un futuro el paisaje que inunda esta zona cambie a campos arrasados, los habitantes de la pequeña localidad intentan continuar con su actividad diaria. Es el caso de Fran, uno de los agricultores afectados y además miembro activo de la plataforma de Afectados Xylella Fastidiosa de Alicante (AXFA). Él es agricultor y tiene terrenos en los que se ha detectado la presencia de la bacteria.

El joven explicó a este diario que las consecuencias «no sólo serán para la agricultura y para los que viven de las cosechas, sino también para el turismo rural porque la floración de almendros es algo muy atractivo». El agricultor cuenta con tres parcelas afectadas por lo que podría perder 500 almendros. Para él, el plan de erradicación del Consell es un error y pide que se arranque sólo los árboles infectados y no toda la parcela y los 100 metros alrededor. «Tampoco se está analizando el insecto, porque si no hay, no habría por qué arrancar los árboles sanos».

Pero no sólo la consecuencia es para quien cultiva. En el pueblo hay otro joven que se dedica a descascarar las almendras, es decir, a quitarles la cáscara. «Si no hay almendros, no tendrá trabajo», apunta Fran.

Pero no sólo los perjuicios económicos son para el campo, sino para aquellos que viven del turismo. Los empresarios que tienen negocios de hostelería o venta en la pequeña localidad coinciden en una palabra: «desierto».

Uno de ellos es Felipe Ferrer. Él y su hermana tienen un restaurante en una zona desde donde se puede ver todo el valle tomando algo en una terraza. A su negocio acuden muchas familias y grupos de amigos que realizan rutas alrededor. «Los domingos esto se llena de familias que suben a comer y a pasar el día» por el atractivo paisajístico de la zona. «Si acaba siendo un desierto nos tocará salir del pueblo para ganarnos la vida», apuntó. Así añadió que «aquí prácticamente todos vivimos del turismo» y se nota en que «con los vecinos que somos, hay una docena de restaurantes o negocios dedicados a esto», así que «imagina lo que nos da el turismo».

El empresario argumentó que si el valle acaba siendo un desierto «vamos a tener que cerrar casi todos. Yo y mi hermana llevamos el restaurante y, si no, me tendré que ir de aquí a donde salga trabajo». Para Ferrer, «la cosa no puede acabar bien pero esperaremos a ver cómo se desarrolla».

Negocios condenados

No sólo los restaurantes o alojamientos se enfrentan a esta falta de turistas si el valle desaparece. Negocios como el de Francisco Ripoll, que tiene el único supermercado de la localidad, también están condenados a desaparecer, pero no porque no haya turistas, sino porque la falta de empleo y oportunidades hará que los habitantes salgan de Tàrbena a buscar trabajo y se reducirá la población.

«Pueblos como estos están cada vez menos habitados» y si ahora «las vistas y la naturaleza desaparece, ya no habrá vida» porque «los que tienen que venir no vendrán y se quedará todo desierto». Y es que «la poca población que queda sobrevive con el turismo y un poco con la agricultura». Ripoll asegura que si lo que está pasando fuera a afectar al turismo de otras zonas, la cosa sería diferente: «Si esto fuera Benidorm, tendría más impacto porque aquí somos muy pocos y no tenemos voz ni voto».

Y mientras la población teme por las consecuencias, el Ayuntamiento anunció esta semana que pedirá que se declare «zona catastrófica» a Tàrbena y los pueblos afectados por la Xylella. Los vecinos sólo esperan no tener que acabar abandonando el pueblo en el que nacieron.

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