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En Domingo

"La corrupción nos ha convertido en una sociedad controlada"

"El premio Nobel no está entre mis preocupaciones", afirma el valenciano Avelino Corma

Avelino Corma

Avelino Corma F. Bustamante

Entrar por la puerta y Avelino Corma acaba de recibir el aviso del último premio. No es una sorpresa. La lista no acaba. Brilla entre ellos el Príncipe de Asturias de 2014 a la Investigación Científica. El último llega desde la Universidad de Zúrich, que era el modelo de la Politècnica de València cuando esta empezaba a andar. «Algo habremos hecho bien», dice el químico nacido en Moncofa mientras la cafetera se le resiste en una sala de reuniones del Instituto de Tecnología Química que él fundó en 1990 en un aparcamiento de la universidad y que hoy reúne a cerca de doscientas personas alrededor del misterio de las zeolitas, unos materiales cristalinos de dimensiones moleculares cuyas reacciones aspira a dominar para conseguir mejores catalizadores para hidrocarburos y sus emisiones. Algunas reproducciones a escala están sobre las mesas en esta torre de babel de la química. «Eso es sostenibilidad y medio ambiente, porque necesitas menos materia prima para producir lo mismo y porque generas menos residuos», explica con paciencia (paternal) de sabio al no iniciado.

¿Cómo le ha tratado la ciencia? ¿Mejor que la vida?

No las puedo separar. Sobre todo sufren los que están a tu alrededor, porque tú estás dentro del torbellino y lo disfrutas. Hay momentos críticos, pero no me puedo quejar. La ciencia me ha tratado muy bien y me ha dado mucho placer... Y la vida también.

¿Cómo descubre uno la vocación de científico?

En mi caso, haciéndome preguntas desde pequeño. Tuve la suerte de vivir en un pueblo, lo que quiere decir que vivíamos en la calle, expuestos a todo, en el campo, con animales... Y a medida que vas descubriendo el mundo te vas haciendo preguntas. Iba a trabajar con mi padre al campo y decía que yo era un preguntaoret, porque le preguntaba mucho. Él siempre intentaba darme una respuesta. Así continúas en la carrera, te haces más preguntas y quieres seguir investigando.

¿ Tiene más preguntas que respuestas ahora todavía?

Tengo muchas, pero con una diferencia. Hace diez años me hacía probablemente el mismo número de preguntas pero las atacaba todas. No había nada que me frenara. Iba de un tema a otro y otro. En este momento las pongo por orden de prioridad: ataco un menor número e intento profundizar un poco más.

Al fin y al cabo es asumir el paso de la vida. ¿El tiempo le hace más realista?

Mucho más. La selectividad forma parte también de la maduración personal. Antes cualquier tema parecía interesante e importante. Ahora sigo viendo muchos importantes, pero no todos son igual de relevantes y ataco los que considero que lo son más.

¿La palabra azar existe en ciencia?

A todos nos ha sucedido: estar buscando una solución a un problema y obtener un resultado que nos abre un nuevo frente. Lo que pasa es que si uno quiere pescar atunes, tiene que ir donde hay atunes. Tienes que estar en la zona adecuada y con todos los sentidos abiertos para analizar los resultados y poder encontrar lo que no esperabas.

¿La ciencia es cuestión también de fe, de creer?

Es cuestión de constancia y buenas ideas. Si quieres llamar fe a la constancia, en el sentido de buscar un resultado y obtenerlo, en ese sentido, sí.

Pero no fe divina.

No. Normalmente no hacemos intervenir a Dios en nuestras investigaciones.

¿Un científico puede creer en Dios si su punto de partida es la constatación empírica de los hechos?

Bueno, las personas tenemos el lado racional y el irracional, y ambos son válidos. Una persona perfectamente puede creer en Dios y ello no impide que en los problemas diarios se enfrente a la realidad con pruebas objetivas. Cada uno, lo que le haga más feliz. Cuando era joven quizás era más drástico, pero en ahora considero que cada uno crea lo que quiera. Si le hace feliz, me parece perfecto.

¿La vida modera?

Sí, te hace un poquito más ecuánime e intentas comprender mejor a los demás.

¿Y en estos tiempos de hechos alternativos, la ciencia también se ve afectada por ese contexto?

Ahora lo llamamos posverdad, pero en realidad es la mentira y ha existido siempre. La ciencia trata de encontrar pruebas objetivas que sirvan de base a una hipótesis sin decir que aquello sea absoluto. Puede ser que en unos años alguien obtenga un punto experimental que se salga de la correlación y haya que revisar las hipótesis. Eso es legítimo. Mira las teorías que ha habido sobre el origen del universo y cómo se han ido modificando.

Sí, pero aparecen los defensores del creacionismo, ya que cita el origen del universo, y plantean relatos pseudocientíficos para sostener sus tesis.

Yo creo que no hay que mezclar. Por un lado están los aspectos irracionales, lo que cada uno crea y deje de creer, y, por otro, la ciencia, que es otra cosa: cualquier hipótesis la tienes que mantener con hechos experimentales.

¿Se puede hacer todo en ciencia? ¿Hay límites?

Tengo dudas, pero creo que no hay límites. Al menos nosotros no debemos planteárnoslos. Los únicos límites, lógicamente, son los éticos. Pero en cuanto a posibilidad de avance, no. Tenemos que soñar con lo imposible, con lo que hoy creemos imposible.

Se refería a límites éticos. ¿Son importantes?

Sí. Hay científicos que piensan que no, que todo está abierto. Yo pienso que hay unos límites que nos marcamos los seres humanos en todo lo que afecta a la dignidad de las personas.

La opinión extendida es que en los países sajones y nórdicos, supuestamente más ordenados, el desarrollo de la ciencia es más favorable que en los latinos. ¿Lo corrobora o es un mito a derribar?

En cuanto a capacidad es un mito; en cuanto a realidad, están mejor organizados y programados y dedican más recursos. Eso al final tiene que resultar. Pero el ser humano es el mismo en todos los lugares y por tanto la inteligencia es la misma. La diferencia está en que unos países fomentan más el desarrollo que otros.

¿Lo que falta es inversión entonces? Llegamos al punto de siempre cuando se habla de ciencia.

Realmente, los puntos débiles del sistema español son programación a medio y largo plazo y presupuestos plurianuales. Aún no he hablado de recursos, solo de mejor planificación. Otro factor importante es que nos hemos convertido en una sociedad administrativamente controlada. Es cierto que ha habido corrupción y frente a eso lo único que hacemos es poner más leyes, más trabas. En la ciencia, todas estas trabas burocráticas hacen más difícil el día a día y que, aún teniendo los recursos, muchas veces no podamos gastarlos de la manera más óptima.

¿En la ciencia hay corrupción también?

Yo no la he visto. Al revés, diría que los investigadores en general son un poco tacaños. Tratan de ahorrar todo lo posible y estirar los recursos. En la gran mayoría de los investigadores el premio es el resultado. No están buscando ni siquiera gran beneficio económico.

Básicamente porque el gran beneficio económico lo pueden conseguir si emigran a la empresa privada y no se mantienen en una institución pública.

En la empresa privada seguro que un buen científico va a ganar más y va a tener la vida más fácil.

Usted ha tenido ofertas, ¿no?

Pero elegí la función pública, porque creo en ella.

Entonces más planificación que recursos es lo que hace falta.

Planificación, disminución de trabas administrativas y recursos, claro. La inversión de España en investigación no solo está lejos de la media de nuestro entorno, sino que ha disminuido en estos años de crisis. Sin embargo, el número de investigadores ha aumentado. Están bien los equipos de excelencia, pero no podemos descuidar la cantera. Es decir, hay muchos grupos en España con un nivel medio muy aceptable, pero reciben unos recursos muy limitados y llega un momento en que la gente pierde el interés, siente que no es apreciada y tira la toalla.

¿Y a lo mejor no hay demasiados investigadores, no hay una burbuja científica?

Si comparamos, el número de investigadores por habitante en España es sensiblemente inferior al de muchos países del entorno.

¿Pero es productivo crear tantos investigadores para que luego muchos acaben en el extranjero?

Con mis colegas alemanes y holandeses, cuando dicen que España es receptor de fondos, suelo decir que hay otro tipo de intercambio: el de capital humano. Estamos exportando a licenciados y doctores que han costado recursos al país. Eso es una transferencia también. En prácticamente todos los grupos con los que me relaciono en Europa hay algún español.

¿Es un drama?

Sí. Al final a nuestro sistema le falta un pie, que es tener un sistema productivo capaz de asimilar un número mayor de doctores. Eso dice también que el número de empresas que investigan, que están en la frontera y hacen avanzar la tecnología, es limitado.

La sensación al hablar de ciencia históricamente es que está fatal. ¿Esa visión negra la comparte?

No, porque a pesar de todo España es un milagro en ciencia. España tiene un peso en la investigación mundial y una parte considerable de nuestros científicos son respetados internacionalmente. Lo que nos falta es transferir este conocimiento desde los centros de investigación a las empresas. Para esto tenemos que confluir en las dos direcciones: necesitamos también un ecosistema con empresas demandantes de esa investigación.

¿Al final eso no lleva a que de la inversión pública se acaben beneficiando empresas privadas, con un fin de lucro?

Se beneficia la sociedad. Primero, porque generamos conocimientos y luego, porque si nuestro sistema productivo se aprovecha de las investigaciones genera más empleo y debería ser capaz de devolver a los centros de investigación el esfuerzo contratando más con ellos.

Debería ser capaz, dice. No sé si es capaz en este momento.

En este momento estamos limitados todavía.

¿Puede afirmar que su trabajo ha beneficiado a la sociedad?

Estoy satisfecho, porque dentro de nuestro campo hemos aportado una parte interesante de conocimiento. Y se conoce más también gracias en parte a nuestros esfuerzos. Hemos formado a gente que está trabajando en universidades, institutos y empresas.

¿El medioambiente es mejor por su trabajo?

Tenemos procesos que han mejorado claramente las tecnologías para el medioambiente, se las hemos licenciado a empresas y las están aplicando.

Gran parte de su actividad está centrada en los catalizadores y en lograr unos hidrocarburos más verdes, pero al final parece que se impone el vehículo eléctrico. ¿Les afecta en alguna medida? ¿Es la vía de futuro?

La solución tiene que venir por un mix. Buscamos soluciones rápidas y parciales. Toda la vida lo hemos hecho así y también en el vehículo eléctrico. En estos momentos tiene la limitación de las materias primas que se necesitan para producirlo, aunque en ciudades no emitiría CO2. Eso es muy favorable, pero no es solución a largo plazo.

Al final siempre hay perjudicados. En este caso, de donde se obtienen las materias primas para las baterías. Es decir, hay un Primer Mundo que se beneficia del avance y otros que lo padecen.

Así es. Nos tendría que hacer pensar a todos. Está todo muy materializado hoy. Lo que priva es el beneficio a corto plazo, sin darnos cuenta de que para que unos pocos tengan un gran beneficio, muchas personas están teniendo graves problemas. Pasa también en el Primer Mundo, donde estamos generando una sociedad muy polarizada, en la que la parte vertebradora, que es la clase media, está desapareciendo. Unos tienen mucho y otros lo tienen difícil para vivir. No se debe tolerar eso.

Volvamos a los límites éticos. En la química se puede ir hacia la destrucción del planeta y del ser humano.

No es ético que para conseguir un mayor beneficio, estés causando un estropicio en la otra parte del mundo. Eso no solamente es inmoral, sino ilegal.

¿La desigualdad le parece la peor cara de este siglo XXI? ¿Es consecuencia del neoliberalismo?

Sí, pero existe porque queremos que exista o porque alguien quiere que exista. Si una gran parte de la sociedad se da cuenta de que eso no puede ser, tenemos que exigirlo a nuestros políticos y lo tendrán que poner en marcha. Y si no, tendremos que salir a la calle.

¿Cree en la política todavía o ya es un descreído?

Cada uno tiene que cumplir su función. Pero si los partidos se convierten en sociedades anónimas o limitadas tenemos un problema. Tienen que intentar gobernar y que vivamos mejor todos. Es decir, que generemos más riqueza, pero que esta se reparta de manera que los que menos tienen, tengan lo suficiente. Creo que hay principios indiscutibles, como la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación y el sistema sanitario.

Le veo un socialdemócrata convencido.

Totalmente convencido. No podemos ser ajenos a los demás. Todos han de tener las mismas oportunidades, aunque soy consciente de que a la hora de la verdad no va a tener las mismas el chico o la chica de un pueblo pequeño y de familia humilde que el que procede de otra con mayores posibilidades.

La función de la educación sería equilibrar esa diferencia, ¿no?

Exactamente. En el momento en que la sociedad acoge a estas dos personas, han de tener las mismas oportunidades. Si tiene capacidades, hay que ayudarla para que pueda progresar.

¿Y esa capacidad de la sociedad no se ha ido perdiendo?

Sí. Desde el momento que estamos considerando al mercantilismo el valor más importante, estamos perdiendo ya este sentido.

¿Qué piensa cuando oye hablar de emergencia climática? ¿Es la situación en la que estamos?

Trato de pensar de una manera racional, porque nos movemos un poco por impulsos. El cambio climático se está produciendo a lo largo de los años. Lo que hemos hecho ha sido acelerarlo y estamos viendo clarísimas manifestaciones de ello. A lo mejor teníamos que haber empezado antes, pero ahora tenemos que compaginar desarrollo y minimizar el impacto que estamos teniendo.

Ese equilibrio es el eje del debate ahora sobre el puerto de València, entre progreso y protección del medioambiente.

Tienen que acudir a los expertos, científicos y personas que puedan dar una opinión lo más equilibrada posible. Tienen que oír a todos y, finalmente, tomar una decisión. Lo que queremos es que la tomen escuchando todo lo que se pueda aportar, desde un nivel técnico, científico, económico, de desarrollo social. Que la decisión sea sobre esas bases.

No sobre prejuicios ideológicos.

Ni sobre la base de qué puede convenir más para la finalidad de ganar elecciones.

¿Tiene tarjetas de visita como candidato al Nobel o algo así?

No, desde luego. Este tema no es parte de mis preocupaciones. Hacemos nuestra investigación cada día y los premios si llegan bien y si no, también. Para España sería bueno si hubiera uno o dos Nobel, fuera quien fuera. Influiría positivamente en la moral del país y las palabras de estas personas tendrían mayor resonancia.

Todo tiene un prinicpio. Casi como los creadores de Apple, Avelino Corma y su equipo empezaron en un garaje de la Universitat Politècnica. «En Madrid empecé en una carpintería y cuando vine a València montamos en un aparcamiento. Hicieron las paredes entre las columnas de unas cuantas plazas». No ha producido una empresa-Estado, pero ha dirigido un instituto que hoy cuenta con más de 200 personas y distintos proyectos de investigación con mercantiles privadas. Una responsabilidad, confiesa, cuando llega el mes de octubre y la renovación de contratos: «Has tenido que generar suficientes recursos para que todas las personas que están rindiendo bien continúen. Lo pasas mal». Él dice que sigue disfrutrando con la ciencia, generando hipótesis al lado de un equipo joven, muy internacional y plurilingüe, y esperando su confirmación. Cuando sucede, quiere que le avisen, sin importar la hora: «Me llaman porque saben que me va a dar mucho gusto». «Me da vida».

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