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El legado romano de la Corona de Aragón

El geógrafo Josep Vicent Boira recopila en un libro la herencia de valencianos, catalanes, baleares y aragoneses en la Ciudad Eterna

El legado romano de  la Corona  de Aragón

El legado romano de la Corona de Aragón

Cuenta «una de las más preciosas leyendas de la ciudad de València» recogida por el teólogo ilustrado Pere Antoni Beuter (1490-1554) que «València fue creada por un tal Rom, descendiente de Noé y el primer hombre que, después del diluvio universal, pisó la península ibérica, quien edificó la ciudad de Roma en la provincia Contestania, cerca del mar en la ribera del Túria. Esta ciudad de Roma en España, al llegar los romanos, se nombró València, para que no hubiera otra Roma, sino la suya».

Esta leyenda que «atribuye un hermanamiento directo, sin intermediarios» entre València y Roma es sólo uno de los miles de «detalles joya» que recoge el geógrafo Josep Vicent Boira en el libro «Roma i nosaltres. La presència de valencians, catalans, balears i aragonesos a la Ciutat Eterna», publicado por la Editorial Pòrtic. Un libro que, como el propio autor indica, es heredero de «una tradición del viaje, reposado y calmado». Y que invita a viajar a la gran ciudad europea, cuando el coronavirus lo permita, pertrechado con una vieja guía en la mano, como la ruta por Viena que Boira recorrió pertrechado con una vieja Baedecker de 1911, «como un miembro del selecto club de visitantes pacientes, camarada de los fieles observadores de la historia cultural urbana, presente o pasada, continuador atento de la saga de los viajeros literarios y de las ciudades interpretadas, enemigo acérrimo de la descripción aséptica y enumerativa. Una cosa así me gustaría transmitir con este libro».

Un reto que Boira consigue. Porque «Roma i nosaltres» despierta el deseo de volver, o estrenar viaje, a la Ciudad Eterna para recorrerla, libro en mano, en búsqueda de las huellas de la Corona de Aragón. Que son muchas. A pesar del «desconocimiento popular y académico, incluso real, de la formidable presencia de los hombres y las mujeres de la Corona de Aragón en tierras italianas y en especial a Roma, y de la especial relación que unía los territorios de la corona con aquellas zonas».

Y ésta es, precisamente, una de las grandes virtudes de «Roma i nosaltres» según el escritor y poeta Antoni Puigverd, quien destaca en el prólogo «las tres grandes aportaciones» que realiza el autor en el libro: «reivindica la Corona de Aragón, subraya las huellas de los territorios aragoneses en Roma» y sugiere doce «deliciosos itinerarios de visita por la ciudad». Y otros tres por la periferia.

Un pasado que sigue presente porque, como reivindica el mismo Boira en el preludio de la obra, «la Corona de Aragón no es hoy -no lo ha sido nunca- una pieza arrinconada, carcomida y polvorienta en el mostrador de la historia común de catalanes, valencianos, aragoneses y baleares». Porque «la Corona de Aragón, con su existencia nunca idílica ni exenta de conflictos internos mostraba que había otra manera de ordenar la convivencia peninsular». De hecho, «aquella manera de estructurar políticamente bajo una misma dinastía hasta cuatro estados diferentes (el Principado de Cataluña, el Reino de València, el de Aragón y el de Mallorca), dotados de culturas políticas diferentes, cuatro constituciones diversas y dos lenguas, como mínimo, siempre ha despertado una cierta admiración y una pizca de nostalgia entre los partidarios de concebir la configuración política española de una manera diferente de la centralizadora y jacobina».

Embebidos de la cultura pactista y del equilibrio entre reinos de la Corona de Aragón, el geógrafo Josep Vicent Boira nos introduce en las huellas que dejaron los dos papas valencianos Alejandro VI y Calixto III en la Ciudad Eterna y que pese a su extenso legado descansan en un discreto mausoleo ubicado en un espacio aún más discreto en la iglesia de Santa Maria in Monserratto, a donde llegaron en 1881 tras una «auténtica peregrinación por San Pedro del Vaticano», que Boira relata brevemente. «La tumba de los dos únicos papas 'españoles' en la historia de la iglesia católica ocupa un lugar secundario en el templo de Santa Maria in Monserratto». Y el mausoleo, obra del escultor Felipe Moratilla, incluye errores históricos como las cruces de Santiago que coronan los capiteles de las pilastras que enmarcan el monumento».

Aunque «Roma i nosaltres» también permite conocer el legado de otros valencianos ilustres como el cardenal Joan de Castro, fallecido en Roma en 1506, que pudo haber sido el sucesor de Alejandro VI y el tercer papa valenciano, aunque perdió la votación frente a «Julio II, el papa guerrero» y que está enterrado en la iglesia Santa Maria del Popolo... ¡valentino!», exclama Boira, en alusión a las referencias a personajes valencianos que existen (en la actualidad o en el pasado) en esta iglesia que comenzó a construirse en el año 1099.

Boira no realiza en solitario los recorridos por los alrededores de la Salita dei Borgia, San Pietro, Santa Maria sopra Minerva o la Piazza della Repubblica. Entre la extensa bibliografía recopilada por el geógrafo en «Roma i nosaltres», destacan las referencias del escritor francés Henri Beyle «Stendhal» (1783-1842). Y también las contínuas aportaciones de Elías Tormo i Monzó (Albaida, 1869; Madrid, 1957) que fue el primer catedrático de Historia del Arte de España, diputado, senador y ministro de Instrucción Pública. Y de quien Boira cuenta la anécdota, verídica, de la carta que Tormo remitió al «Generalísimo Franco, Caudillo de España» el 2 de febrero de 1939 en la que le plantea la opción de declarar Barcelona como capital de España porque «sería indestructible unificadora» y resolvería «el problema catalán» con el «desplazamiento allá de la cabecera de España». El libro es una joya.

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