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"Nos apañamos sin clase presencial, pero es complicado aprender así"

"La fiesta fue irresponsable, pero no se debe generalizar", piden universitarias afectadas por la suspensión de las clases en la Politècnica

Rita, María y Fátima, en su piso de la zona universitaria de València en el que viven de alquiler.

Rita, María y Fátima, en su piso de la zona universitaria de València en el que viven de alquiler.

Fátima, Rita y María reciben a Levante-EMV en su piso de estudiantes, ubicado en pleno meollo del barrio universitario por excelencia de València. Apenas a unos minutos de la nueva ‘zona cero’ epidemiológica de la Comunitat Valenciana, el colegio mayor Galileo Galilei, estas tres estudiantes viven con inquietud la situación derivada de un brote que de una forma u otra está afectando a toda la comunidad universitaria de la provincia. En el inmueble reside una cuarta persona, que no puede atendernos porque está examinándose desde su habitación en el momento de la visita.

Testimonio de tres universitarias afectadas por la suspensión de las clases en la Politècnica

Dos de ellas, Fátima y María, estudian en la Universitat Politècnia de València y son perjudicadas directas. Rita y la cuarta persona, que prefiere mantener el anonimato, padecen los daños colaterales, ya que lo hacen en la Universitat de València. Así, Fátima y María llevan toda la semana con clases online por el riesgo de contagio mientras sus compañeras acuden a diario a las aulas, situadas al otro lado del tranvía que divide la Avinguda del Tarongers.

«Sigo con clases presenciales, pero lo tengo en la acera de enfrente», explica Rita Ronda, que estudia para ser Maestra de Educación Primaria. «Miras desde la ventana y no hay nadie en la Politècnica. Es raro, porque si está allí está aquí». Pese a la «inquietud» que la cercanía al foco del virus genera, esta estudiante de Dènia apuesta por «aprovechar mientras se pueda» esa presencialidad que les han arrebatado a sus compañeras de la UPV.

María Navarrete también es natural de Dènia y lleva desde hace una semana formándose a domicilio. Estudia Diseño y Tecnologías Creativas y ya siente el lastre de la teleeducación: «Me afecta bastante porque en algunas asignaturas necesitamos materiales especializados que solo están en la facultad. Ahora tenemos que apañarnos con lo que tenemos, es más complicado aprender así», lamenta.

En una situación similar se encuentra Fátima Ezzahra, de Almería y estudiante de Ingeniería Aeroespacial en la UPV. «En mi caso las prácticas son muy importantes, porque es donde afianzas más los conocimientos de lo estudiado. Ahora, al cancelarse, a ver cómo lo podemos llevar a cabo desde lejos», reflexiona.

Las tres jóvenes, de 19 años, admiten cierto «enfado» con aquellos «irresponsables» que acudieron a la fiesta ilegal en la azotea del Galileo Galilei «por la que ahora estamos pagando todos». Eso sí, todas ellas coinciden en reclamar no «generalizar a todos» los universitarios. «Nos sentimos un poco señaladas, especialmente tras lo sucedido en verano. Entonces se criticó mucho a los jóvenes y ahora esto, es como que se va centrando la atención en un grupo concreto cuando hay gente de todo tipo que no cumple las normas», advierte María.

La evolución del brote y la vuelta a las aulas es una incógnita que también inquieta a estas jóvenes, que pagan un alquiler mientras no asisten a clase. Pese a todo, de momento esperarán unos días hasta decidir si regresan a su casa. «Nos han avisado de que en unas dos semanas sabrán cuánta gente hay infectada, pero claro, mientras tanto es un gasto absurdo», remata Fátima.

«Por lo que contaban del Galileo, estaba tardando en pasar»

«Conozco a personas del Galileo, ya que el año pasado estuve en esa residencia y sabía que iba a pasar. Por las cosas que me contaban, estaba tardando», confiesa Rita. Ninguna de las tres ha asistido a ninguna fiesta desde el inicio del curso, pero admiten que «no les sorprendió» la suspensión de las clases por un brote aunque no esperaban que este surgiera de «una fiesta tan grande en la que se juntara tanta gente», añade Fátima. Sobre los protocolos del colegio mayor, Rita asegura que en el tiempo en el que estuvo allí el curso pasado, cuando estalló la pandemia, «sí que se aplicaban» medidas de prevención. Y apunta que las residencias provocan «una mayor socialización porque hay más gente conviviendo», lo que facilita incumplimientos de este tipo. M L B. València

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