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Los jóvenes dan la espalda al carné

La tasa de licencias por edad se sitúa en el 25 % entre los 18 y los 20 años y por debajo del 50 % entre los 21 y los 29

Jóvenes desplazándose en patinete y bicicleta frente a la Estación del Norte de València.  | JM LÓPEZ

Jóvenes desplazándose en patinete y bicicleta frente a la Estación del Norte de València. | JM LÓPEZ

O no quieren tenerlo o no pueden pagarlo. Y algunos, las dos cosas. Es la realidad que experimentan los jóvenes en la Comunitat Valenciana cuando llega el momento de sacarse el carné de conducir. Poco más de la mitad de las personas en la franja de edad entre los 21 y los 29 años tiene el permiso. Y solo uno de cada cuatro conduce entre los 18 y los 20 años, según los últimos datos de la DGT.

«Cuando llegó mi mayoría de edad lo fui alargando, y a mis 27 ni tengo carné ni lo tengo pensado», cuenta Álvaro García, periodista que vive y trabaja en València. Esta es precisamente una de las razones que le aleja de ponerse al volante. «Utilizo la bici, me gusta andar, y sinceramente me compensa el transporte público frente a tener que sacarme el carné, comprarme un coche, buscar sitio para aparcar, mantener el seguro, hacer papeleo en caso de accidente, etc. El transporte público es pasar tu bono y subir», explica.

«No quiero sacarme el carné. La idea de conducir no me atrae en absoluto», coincide Maya Romero, estudiante de 20 años del barrio valenciano de San Marcelino. «Quizá en algún momento me lo tenga que sacar porque así está hecha la vida, pero el transporte público y la bicicleta en una ciudad como València son más que suficientes». La barrera económica es otro obstáculo no menor. «No veo el día en que vaya a poder permitirme un coche al menos por ahora, así que no me voy a esforzar en sacarme el carnet para nada», incide Romero.

Manolo Cáceres es vicepresidente de la Asociación Valenciana de Autoescuelas (AVAE) y confirma esta tendencia a la baja. «Ahora hemos registrado un repunte puntual, pero es por los meses que tuvimos que echar el cierre por la pandemia. Es evidente que la presencia de los jóvenes en las autoescuelas ha bajado».

Desde AVAE apuntan a un cambio de rol. Los jóvenes ya no incluyen en coche dentro de su proyecto vital. «Antes había casi un contrato ficticio entre padres e hijos; el padre tenía la ilusión de que su hijo se pusiera al volante y el hijo lo veía como un gran paso para su independencia. Esto era algo que estaba en la sociedad, ahora es muy distinto», profundiza Cáceres, que en cualquier caso matiza: todo depende de dónde viva un y en las grandes ciudades es donde las autoescuelas tienen más plazas libres. «Las alternativas del transporte público son enormes, luego la bici incluso puede alquilarse, el patinete... Hay muchísimas opciones para desplazarse sin depender del coche», puntualiza.

Ya no hay un contrato social, pero tampoco dinero en los jóvenes ni en las familias. Y eso condiciona. «Ahora la edad para muchos de sacarse el carné es entre los 22 y los 25 años. Tiene que ver también con empezar a trabajar, poder ahorrar un poco de dinero y poder pagártelo», afirma Cáceres. Antes eran los padres los que pagaban, pero cada vez menos familias pueden permitirse el permiso de conducir de sus hijos. Y eso retrasa a los que sí que quieren tenerlo.

Es el caso de Ana Rojas, investigadora de 22 años. «No tengo dinero y mi familia tampoco. Es como una tradición que tus padres te paguen el carné cuando cumples 18, pero hay una clase social para la que es impensable, que no se puede permitir pagar 1.000 euros», dice. Y ese no es todo el capital que hay que desembolsar. «Págate el coche, el seguro, el combustible para moverte por la ciudad, todo».

Pau Giménez, animador sociocultural de 24 años, es un ejemplo de alguien que ni quiere ni puede. «Personalmente, no me atrae nada la idea de conducir. Y además es bastante dinero. Vivo en Algemesí y trabajo en València, así que el transporte público me permite manejarme bastante bien. En tren se tarda lo mismo que en coche». En su caso, con un trabajo precario de pocas horas a la semana no puede pensar en tener la licencia. «El precio me parece desorbitado, sigue siendo demasiado dinero para mí. Así que no me planteo hacer algo que no me apetece y además gastándome una pasta», sentencia.

Conciencia climática

Una tercera razón, no definitiva pero que influye, es la mayor conciencia de esta generación con la emergencia climática. «Si puedo, prefiero usar transportes menos contaminantes», señala Álvaro García, que pide más acción política, por el clima y para no depender de los coches. «Veo un poco incomprensible que la restricción del transporte privado no venga acompañada con mejoras en el transporte público, y sobre todo que lo pongan más barato», sentencia.

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