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La fiebre del Botànic II en cuatro episodios

La alianza de izquierdas ha instalado en su segunda legislatura una cogobernanza crispada con etapas de tensión y distensión desde un tortuoso inicio

Comparecencia de casi el Consell en pleno el 10 de marzo de 2020 para suspender las Fallas. | LEVANTE-EMV

Bien está lo que bien acaba. Así empezaba la crónica de este diario del 13 de junio de 2019. La mañana del día anterior, poco antes de acudir a las Corts a la primera sesión de investidura de Ximo Puig como presidente de la Generalitat por segunda legislatura, se había sellado el acuerdo que permitía la proclamación y un nuevo gobierno de izquierdas. Más de 27 meses después, es difícil presagiar cómo acabará este Botànic II, que desde el minuto 1 hasta ahora ha visto cómo se reproducían los episodios de tensión, si no más fuertes, sí más transparentes que en el primer mandato.

Oltra, en el Palau el 2 de diciembre de 2020. | F. BUSTAMANTE

Lo de aquella mañana se antoja hoy como un simbólico preludio de lo que iba a venir: una dinámica constante de momentos de tensión y distensión con escasos periodos de valle, ni siquiera durante la pandemia (solo en la primera ola, durante los meses de confinamiento más severo, se produjo un evidente repliegue de varios departamentos quedando Puig y la consellera de Sanidad, Ana Barceló, en la primera línea).

Oltra y Héctor Illueca, reunidos el pasado martes. | G. CABALLERO

Lo de aquella mañana era la última bala porque, tras quince días de negociaciones, los tres partidos (PSPV, Compromís y Unides Podem) no habían alcanzado un acuerdo. Los diputados llegaban a las Corts con la idea de que habría un aplazamiento de la sesión. Pero los líderes de las tres formaciones se citaron a primera hora en el Palau de la Generalitat, antes de que el timbre del hemiciclo diera las 10.00. No fue un encuentro fácil entre Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau. Hubo voces que se oían fuera del despacho. Hubo amagos de romper antes de empezar (por parte del entonces dirigentes morado), según la crónica de la jornada. Y hubo acuerdo, que tras muchas resistencias de Compromís pasaba por la creación de una vicepresidencia segunda (a subrayar lo de segunda) para los podemitas. Esa tarde podían sonreír todos en el castillo de Santa Bárbara de Alicante, donde se rubricó el segundo Botànic por aquello de la descentralización. El Consell tripartito se ponía en marcha. Pero con una mochila cargada con los recelos dejados por el adelanto electoral decretado por Puig y por un pacto de última hora en el que Compromís interpretó que era el que más cedía.

Sesión de investidura de Ximo Puig como presidente el 12 de junio de 2019. | EFE/ESCOBAR

Un segundo momento de fiebre interna alta sucedió en los prolegómenos de la pandemia. Los rostros de los consellers la noche del 10 de marzo de 2020 sugieren la dificultad de la reunión vivida. La crispación no es comparable a la de la mañana del 12 de junio de 2019, pero las discrepancias entre los socios se expresaron de manera clara y tajante. La decisión (suspender las Fallas) era dolorosa y arriesgada y había contado con la resistencia de los representantes de Compromís (del Consell y del Ayuntamiento de València). Había mucho en juego: personas e intereses económicos. Un miembro del Ejecutivo asegura a Levante-EMV que se llegó a exponer con crudeza el riesgo de dimisión forzada si la decisión quedaba como precipitada y errónea. La magnitud de la covid-19 se desconocía entonces. Tardaría poco en verse. Cuatro días después, el Gobierno de España dictaba el estado de alarma.

Pasarían el miedo y la incertidumbre; pasaría el verano, que pareció el principio del fin; llegó el otoño y las discrepancias y rencillas internas volvieron a exhibirse en plaza pública. Durante días y semanas. Se fundieron las desavenencias por el presupuesto con otras por la gestión de la crisis sanitaria, demasiado personalista, según Compromís. Este último frente se recompuso con la activación de la comisión interdepartamental para la pandemia, que ha venido operando hasta ahora.

La sima abierta por los presupuestos tiene ahora su segunda parte. De momento, se ha puesto en marcha (de nuevo) una comisión como fórmula de solución. Pero Oltra no está dispuesta a aprobar las cuentas sin haber estudiado hasta la última cifra. Celo o desconfianza, que cada cual interprete. Y Martínez Dalmau ya no está. Está Héctor Illueca. Y ya se ha comprobado que ahora los equilibrios son más variables. Se ha visto con la tasa turística, reclamada a la par por los dos vicepresidentes mientras Puig seguía en Sevilla con la batalla de la financiación autonómica. Ese día asumía que tiene otras más cerca.

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