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Las llamas sobre Benimassot y el desalojo a toda prisa

Los agentes van casa por casa para cerciorarse de que no queda nadie en el pueblo

Los guardias civiles fueron casa por casa para desalojar a todos los vecinos. | A. P. F.

Los vecinos de Benimassot no podían apartar la vista de la montaña del «Tossal». Observaban con el corazón encogido la enorme nube negra. Ya intuían que las llamas asomaría de un momento a otro. «Si entra en la pinada, ya no hay forma de apagar el fuego y nos toca irnos del pueblo», comentó un residente. Fue una premonición. El pueblo, que tiene censados poco más de 100 habitantes, está ahora en fiestas y triplica su población. Bulle de vida.

El incendio de la Vall d’Ebo, que se originó la noche del sábado por un rayo y que ya ha devorado 10.000 hectáreas (tiene un perímetro de 65 kilómetros), se echaba encima de Benimassot, un precioso municipio de la comarca del Comtat. Los vecinos se preguntaban por qué los aviones de extinción pasaban de largo. Pero hay muchos frentes. A dos kilómetros, las llamas bajaban por la montaña hacia Tollos, pueblo en el que no queda ni un vecino (los desalojaron a primera hora de la tarde de ayer lunes).

La hipnosis colectiva del fuego la rompió el panadero de Gorga, Rafa, del horno Montse, que llegó como todos los días en su furgoneta. «Rafa no falla. Podemos estar muy tranquilos que aquí todos los días tenemos pan», afirmó un residente. Estos panaderos itinerantes, que llevan el pan de cada día a los pueblos más pequeños, son imprescindibles. El mundo rural y los pueblos en riesgo de despoblación les deberían erigir un monumento.

Los vecinos acudieron a comprar pan, cocas y dulces. Al menos hay rutinas que se rebelan contra el fuego. Eso sí, ya asomaba la negra columna de humo. Por fin, habían llegado los aviones y comenzaban a realizar las primeras descargas. Ese gesto diario de comprar las barras se hacía bajo una escena dantesca. El cielo estaba cubierto de humo y pasaban como una exhalación los aviones.

Ya eran algo más de las 11 de la mañana. Irrumpieron en el pueblo dos patrullas de la Guardia Civil y una de la Policía Nacional, así como un mando de los bomberos. La orden era cristalina. Había que desalojar el pueblo de inmediato. Los agentes hicieron amago de recorrer con el coche las estrechísimas calles y pedir por megafonía a los vecinos que abandonaran sus casas. Pero era poco práctico. Las callejas son angostas y empinadísimas. Optaron por tocar casa por casa. Así, además, se cercioraban de que ningún vecino reacio hiciera caso omiso.

Los agentes avisaban de que hay un albergue preparado en Muro para acoger a los desalojados. Sin embargo, los vecinos afirmaban que se hospedarían en casas de familiares o que daban por concluidas sus vacaciones en Benimassot y se volvían a sus residencias habituales.

La evacuación se hizo rápidamente. Los vecinos recogieron lo justo. Benimassot es el noveno pueblo desalojado por el terrible incendio de la Vall d’Ebo. Los residentes se marcharon con la tranquilidad de que hasta ahora las llamas no han entrado en esos pueblos que se han evacuado. «Pero claro que nos vamos con angustia. Yo pasaré estos días en casa de mi hijo en Alcoi. Pero es una pena dejar el pueblo y más ahora que tenía vida por las fiestas», indicó una vecina de unos 75 años.

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