A mí este año el frío me ha cogido a traspié, aunque visto lo que se comenta por ahí, en titulares, redes sociales y en la frutería Consuelín, creo que es algo bastante común. Tras un verano insufrible y un otoño renqueante, el paso de la manga corta al suéter está siendo un suplicio. No hay forma de aclimatarse. También debe estar influyendo todo el bombo y platillo que se le ha dado al descenso de temperaturas, con un sinfín de consideraciones propias de un bestiario, y la crisis energética que atrofia el dedo índice, el de encender la calefacción, aquejado de inflacionitis.

Durante el fin de semana, todos los inputs te metían en Siberia, entre tigres de Amur en la más gélida de las estepas, y de repente se me encendió la bombilla. Aunque la sensación efectivamente era esa, me extrañó que las temperaturas estuvieran desentonando tanto. Al final, en diciembre tiene que hacer frío y nevar, para eso es el primer mes del invierno climatológico -el que se guía por valores de temperatura y no por los tejemanejes del Sol-. Así que, raudo, visité la web del Centro Europeo de Predicción a Medio Plazo para consultar las anomalías y en efecto, estos días los registros no han dejado de ser normales a excepción del extremo norte peninsular, donde sí eran ligeramente más bajos, y en el sur, allí por altos.

Al final nuestra percepción no deja de estar sesgada por el entorno social y mediático. Por mucho que se venga hablando del frío a costa de invocar fantasmas filoménicos, lo cierto es que noviembre fue de nuevo un mes mucho más cálido de lo normal, me consta una anomalía de +1,9 ºC ¡que es mucho!, y nuestro modelo de confianza en Meteored (tiempo.com) anticipa un diciembre lluvioso y otra vez eminentemente cálido. Ayer actualizó sus mapas y sorprendió por las muchas precipitaciones que prevé en el oeste de Andalucía, Extremadura y Madrid, en detrimento del sureste peninsular y el Cantábrico oriental; y no por el frío, que apenas podría dejar huella en Pirineos y quizá en la provincia de León y su entorno.

Después de consultar todo esto me acordé de los que, basándose en las cabañuelas, estaban pronosticando semanas con “el frío más duro de la historia”. Unas cabañuelas con aroma inexperiencia y mapas caducos, porque sí, en el ámbito científico se barajaba esto como un probable escenario pero pronto los indicadores cambiaron y se desestimó. Alguno se anticipó, se tiró a la piscina y no había agua. Pero sorpresa, tiene más vidas que un gato.