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Biblioteca de familias

de casinos y círculos

Socios del Círculo Setabense con la correspondiente etiqueta, en una imagen del archivo de A. Lopez.

Socios del Círculo Setabense con la correspondiente etiqueta, en una imagen del archivo de A. Lopez.

La reciente celebración de las bodas de plata de la Casa de Cultura de Xàtiva, y la polémica suscitada sobre el descuelgue o no de los cuadros de José Antonio y Franco del Gran Casino de Canals, por no ser personajes históricos adecuados en el contexto actual, para un país que aspira a ser una democracia real, nos obligan a escribir sobre el origen de aquellos círculos y sociedades, pensados como centros de cultura, recreo y relación social de las clases pudientes, que en principio debieron ser apolíticas y abiertas a todos los socios que pudiesen pagar las cuotas, pero que desgraciadamente siempre estuvieron inmersas en la polémica, y jamás cumplieron sus objetivos fundacionales de unir a sus asociados en espacios de debate.

A finales del siglo XIX, un grupo de ciudadanos de Xàtiva creó una sociedad de recreo para compartir momentos de ocio, dedicados a la tertulia, los juegos de mesa, lectura de prensa, y la degustación de licores. Nada que ver con los círculos políticos ni con las sociedades obreras, ya existentes en Xàtiva, ni con los cafés ni las tabernas, aunque arrendarán el servicio de licores y bebidas a hosteleros de reconocido prestigio. Así el primer círculo tuvo sede en la Fonda Mallol de la calle Moncada, y llegó a contar con alrededor de setenta inscritos, entre los que podemos destacar a Teodoro Picó, Francisco Conier, José María Latorre o Francisco Peris Mora. Fue bautizado con el nombre de Casino Españoleto.

Con la entrada de nuevos socios, la sociedad se politizó y llegaron los problemas. Destacamos al líder conservador y alcalde de Xàtiva, José Romero Soldevila, y a otros acaudalados personajes como Ricardo Font Gual, Joaquín Carrió o Luis Gosalbo Sifre, quienes enseguida quisieron separarse del Casino, al considerar que las ideas, educación y vestimenta de los nuevos asociados no guardaban la etiqueta adecuada, y ofendían el espíritu de los socios fundadores. Se refundaron como Círculo Setabense, y compraron suponemos los restos de un antiguo palacio, el de Mahiques-Sanç, un gigantesco espacio de tres hanegadas a caballo entre la calle Moncada y la Alameda, que a lo largo de las primeras décadas del siglo XX fueron obrando para convertirlo en aquel casino que la memoria histórica de Xàtiva recuerda con tanto cariño, con especial atención a su fachada, torres y jardín, y que quedó convertido en un club de ricos, a tenor de muchos, y a pesar de que en sus estatutos siempre se recalcaba que era un espacio abierto a todos los socios, para celebrar exposiciones, bailes, conciertos, y donde quedaba expresamente prohibida cualquier actividad política o confesional. Al lado del nuevo Círculo Setabense, permaneció el antiguo Casino Españoleto, que con el paso del tiempo se refundó en el Círculo de Comercio, posteriormente Círculo Mercantil, un espacio de clases medias, de menos poder y dinero que el anterior, pero que también realizó numerosas obras, para dotarlo de salones de verano e invierno, biblioteca, buenas salas de exposiciones, y generar así dos grandes sociedades culturales, que perseguían un mismo fin, pero desde ideales políticos contrapuestos, como se puede ver a través de sus diversas juntas directivas, todas integradas por la burguesía local, unos más conservadores, y otros más progresistas o republicanos. Entre los primeros podemos destacar a familias como los Soldevila, Gutiérrez, Maravall, Diego o Reig; entre los segundos, a los Botella, Sanz, Sanchis, Fayos o Sifre, lo que no impidió que muchos fueran amigos, e incluso socios de ambas. Lo que nadie se explica es porque se permitió la demolición de aquellos hermosos espacios de recreo allá por los setenta, y que el socialismo triunfante de los ochenta quiso reconvertir la aberración arquitectónica resultante, en un espacio cultural municipal, de libre acceso, gratuito, de titularidad pública, y que fuese abierto a todo el mundo independientemente de su bolsillo y orientación política. Qué lástima no haber conservado aquellos círculos fusionados en una única Casa de Cultura, pero eran otros tiempos, y el gusto por la funcionalidad primaba sobre la estética de la rehabilitación y recuperación del patrimonio histórico.

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