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DIMARTS MERCAT

Negro Y blanco

Tener un espacio donde colocar el negro sobre blanco no tiene precio en el ámbito periodístico. Pero hay un pequeño inconveniente, y es que el blanco termina muy pronto, justo cuando estás calentando motores con el negro y las ideas se amontonan exigiendo tener su lugar, por pequeño que sea, y a pesar de que nunca serán como las del lector que te elige para pasar un ratito antes de la siesta leyendo tus reflexiones y quizás pensando «ese tío se está quedando conmigo» y que lanza un amoroso insulto cuando relee el final de tu columna: «¿será capullo?». ¿Ven? Si seguimos escribiendo, terminaremos como el rosario de la aurora o tal vez agotaremos el blanco sin haber dicho ni una sola palabra sensata y de brillante periodismo que deslumbra calles y plazas. Solo estaremos intentando contagiar alguna verdad que quema los dedos al teclear.

El jueves pasado dábamos cuenta en un pequeño reportaje de la situación que se estaba viviendo en la Feria Internacional de Turismo (FITUR) que se celebraba en Madrid, y cómo se había estructurado el pabellón de València Turisme, una vez muertas y enterradas las tropecientas marcas habidas anteriormente, todas ellas bajo el paraguas del Patronato, Agencia Valenciana, Terra i Mar, etcétera. Contando lo que contábamos se terminó el espacio para el negro, así que aprovechamos ahora para dejar constancia de otras circunstancias que demuestran que en el tema de turismo quien más tiene más ofrece y si no tiene pero le sobra el dinero público, se lleva el gato al agua, o lo que es lo mismo, convierte a su municipio en el gran foco de atención, en el gran burdel de la gastronomía, la cultura o el patrimonio.

Al parecer por aquí andamos escasos de todo eso y solo nos salimos cuando tenemos el poder en nuestras manos. El dicho de «tanto tienes, tanto vales» tiene completa vigencia tanto ahora como en el pasado, con montajes espectaculares construyendo pabellones faraónicos con el nombre de Xàtiva y acompañados de los Papas, las fuentes, el castillo, el arròs al forn, y lo que hiciera falta: «Xe, això ho pague jo». Pero se acabó esa fuente que se creía inagotable y ahora se vuelve a rendir honor y pleitesía a quien más tiene.

València Turisme decidió que todos bajo el paraguas, que llueven migajas, y casi una treintena de municipios se pusieron bajo cinco marcas principales: Cullera, Gandia, Oliva, Sagunt y Canet d’en Berenguer. Así lo explicó el alcalde de Cullera, precisamente también Diputado de Turismo. ¿Les suena? El resto, con sus diapositivas, sus cortometrajes y sus cositas de andar por casa. Fueron complemento para los poderosos, elegidos a dedo, como antes, que tampoco hay que inventar. Ni tampoco nada que reprochar, si se aceptan las condiciones del combate.

Con todo, acudir a la segunda feria turística más importante del mundo no deja de ser un regalito que no hay que despreciar, pero lo que no se debería es rendir pleitesía a quienes están ahí porque alguien los puso. Con un poco de suerte, cada 5 minutos aparecía una imagen del castillo de Xàtiva. Muy poco para todo lo que hay: era imposible saber si Xàtiva, Ontinyent, Alzira, Alboraia, etcétera estaban ahí o no estaban. Se trataba de una promoción traicionera y cicatera que como siempre, un año más, ha servido para inventar la cola con gaseosa, o lo que es lo mismo, los que venden están y a los otros ni se les espera.

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