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LA CIUDAD DE LAS DAMAS

Mayores pero sin tonterías

mayores pero sin tonterías

Este 1 de Octubre se celebra el Día internacional de las personas mayores, como se viene haciendo desde hace 30 años, por lo que es difícil que los homenajeados en las primeras ediciones puedan hoy seguir siendo protagonistas del evento. No pasa nada. Hay recambio más que suficiente porque, a día de hoy, en todo el mundo hay cerca de 1.500 millones de personas de 60 años o más, superando ampliamente la cifra de niños y niñas menores de 5 años. Interesante contraste.

Ha habido un considerable progreso a la hora de describir a quienes alcanzan esa franja de edad. Se les ha llamado veteranos, pensionistas, vejestorios, ancianos, yayos, jubilatas, vejetes… y no todos los términos tienen una connotación cariñosa. En resumen, son viejos y viejas, lo que no es nada malo si se eliminan las connotaciones negativas que asocian la vejez a la decrepitud y a la muerte.

En España, hay más de 9 millones de personas con más de 65 años, y cuidado con considerar a todas ellas, solo en razón de su dígito de edad, como personas carentes de independencia y autonomía, de voluntad y criterio, de expectativas y proyectos vitales. Quizás no sea del todo cierto que la edad se lleva en el corazón porque también se hace notar en otras partes de la anatomía, pero, a día de hoy, las pautas de envejecimiento activo, el autocuidado, las tecnologías y sobre todo la existencia de un colchón de afectos y cuidados, permiten que los cumpleaños no sean un camino irremisible hacia la ruina física y mental.

Vivir más años, si la suerte acompaña y se consigue llegar en buenas condiciones físicas y mentales, abre posibilidades inéditas, sobre todo si las condiciones económicas acompañan, lo que justifica plenamente la lucha incansable para garantizar pensiones dignas. En Xàtiva viven aproximadamente 5.000 personas mayores de 65 años, entre las que predominan las mujeres. Constituyen el 17 % de la población total. No es una cifra despreciable, ya no solo por su volumen estadístico sino por el aprovechamiento que una sociedad inteligente debería hacer de los recursos a su alcance.

Aprovechamiento no es explotación y no se reduce todo a la yaya cuidadora sin horarios o al abuelo generoso cuando no se llega a final de mes. Ni siquiera se trata de valorar su capacidad de escucha o su habilidad para el consuelo. La gente mayor tiene algo que nadie adquiere si no es con el tiempo: experiencia. Hay sujetos que poco o nada han aprendido de la vida que han tenido, pero, en general, la vejez proporciona una distancia, una perspectiva, una mirada que clarifica muchos agujeros negros.

No siempre la edad implica sabiduría, pero la tontería se suele ir perdiendo por el camino cuando éste ha sido largo y productivo. Sumar años no es amargo, ni ha de representar un castigo. Lo duro es sumar déficits y dependencias y enfrentarse al edadismo, esa forma sutil de discriminación que considera a la gente mayor una carga que lastra a la sociedad sin aportar nada. La vejez es un privilegio si se vive con dignidad y sin miedo.

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