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Los costes disparados y las bajas ventas lastran la campaña de la navelina

La cooperativa de la Llosa prevé un 15 % más de gastos y un 10 % menos de naranjas

Cajones llenos de naranja en un campo de la Costera, en una imagen de archivo. | PERALES IBORRA

Una nueva tormenta perfecta se cierne sobre los productores citrícolas de la Costera, alimentada por un cúmulo de nubarrones adversos en el inicio de la campaña. El primer factor que ennegrece las previsiones es la estratosférica subida de los costes de las materias primas empleadas por los agricultrores: los productos fitosanitarios, los adobos y los nutrientes para el campo han sufrido incrementos de hasta un 50 % en el precio que ponen a prueba la rentabilidad de muchos cultivos.

Mientras tanto, la cosecha de la navelina, el producto principal que cuelga de los naranjos de la Costera, se ha iniciado ya pero de forma muy tímida y rodeada de demasiadas incógnitas: el comercio está comprando en mucha menor cantidad que el año pasado por estas fechas y está ofreciendo precios mucho más bajos, según las fuentes del sector agrícola recopiladas por este diario. Ricard Fillol, citricultor de Montesa y secretario comarcal de La Unió de Llauradors, cifra entre un 50 y un 60 % el descenso de las ventas y en casi un 30 % la bajada de los importes que se están ofertando. El martes, Fillol despachó a un comercial que pretendía adquirir sus navelinas a 17 céntimos el kilo, una cuantía 5 céntimos inferior a las ventas que pudo cerrar a estas alturas de 2020. «Con lo que han subido los costes de las materias primas es una vergüenza y una ruina para nosotros. Ese precio no solo está por debajo del coste, sino que significa perder el dinero: si sigue así habrá variedades que tendrán que arrancarse», augura, pesimista, el citricultor.

Las importaciones masivas de Sudáfrica y las plagas procedentes de otros países también están condicionando la campaña. Fillol ve detrás de este escenario las maniobras especulativas de los mercados, que retrasan a propósito la compra de las navelinas locales -pese a que las primeras son las más rentables- para que los productores «se asusten y bajen los precios». «No me creo que en Europa se estén comprando las navelinas mucho más baratas: el precio es más o menos el mismo que el año pasado», apunta.

En 2020, el comercio adelantó mucho la compra de las cosechas citrícolas por el efecto de la covid. El precio, además, era notablemente más alto. En esta tesitura, para el citricultor la única esperanza es que haga mucho frío en Europa para que suban la demanda y los encargos. «Pero eso ya no depende de nosotros. Se trata de estar a expensas de otros», lamenta.

Incertidumbre

En la cooperativa Crist del Miracle de la Llosa de Ranes, la única que subsiste en la Costera dedicada al cultivo citrícola, las previsiones tampoco son por el momento demasiado halagüeñas. El director de la entidad, Julián Gallego, remarca las palabras «incertidumbre» e «irregular» para describir cómo se presenta comercialmente la campaña. La crisis de las materias primas pasa factura y, de cara a los proveedores, la cooperativa está notando la falta de productos y un incremento de precios «que no siempre vamos a poder trasladar al precio de venta», subraya Gallego. Respecto al año pasado, el responsable de Crist del Miracle calcula incrementos de entre un 10 y un 15 % en los costes de la luz, el gasoil y las compras de materiales como el cartón o la madera. En la producción, en cambio, se espera una merma de entre el 5 y el 10 %.

Aún así , Gallego apela al optimismo y llama a no dejarse invadir por la visión oscura de las cosas porque la campaña «aún es incipiente» y puede remontar. «Dependerá del tiempo y del comportamiento del mercado. Hay que estar a la expectativa una vez bajen las temperaturas y con esa ilusión estamos trabajando», remacha. La mayoría de la producción de la cooperativa de la Llosa de Ranes se exporta tanto a Europa como a otros destinos ultramar.

Las importaciones también están pasando factura a las clementinas, que tampoco terminan de alzar el vuelo en la Costera. Las previsiones apuntan a que la variedad okutsa se quedará en buena medida sin recolectar en los campos.

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