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El Bicentenario de la diputación de xàtiva

El Bicentenario de la diputación de xàtiva

Hace doscientos años, por estas fechas, Xàtiva se convertía en capitalidad. En mayo de 1822 inició su efímera historia como provincia alojando las principales instituciones de la diputación provincial. A lo largo de los próximos meses iremos recordando algunas efemérides de aquel sueño que pronto se transformó en pesadilla, al desatar una guerra civil entre realistas y constitucionalistas, preludio de la larga lista de enfrentamientos que iban a teñir de rojo la historia de la ciudad, hasta bien entrado el siglo XX.

Una revolución política causada por un pronunciamiento militar derogó el sistema absolutista e hizo que Xàtiva adoptara durante un trienio, el liberalismo y la constitución de 1812. A regañadientes, el rey absoluto, Fernando VII, tuvo que abrazar de nuevo la senda constitucional derogada por su real persona tras la victoria en la guerra de Independencia, y permitir que la ley fuese en teoría igual para todos, donde los ciudadanos sustituían a los súbditos.

Encabezó el levantamiento el general Rafael del Riego y Florez Tuña, al que en principio nadie hizo caso, pero una revuelta en Madrid hizo al rey cambiar de política y prestarse a jurar la constitución. Los sublevados argumentaron, para justificar el pronunciamiento, que el monarca absoluto, al negarse a aceptar la sumisión del poder ejecutivo al legislativo, había faltado el respeto a las leyes fundamentales de la Nación, y a toda la sangre derramada durante la guerra contra José I Bonaparte, y en defensa de la constitución de 1812.

Una vez consolidada la España liberal, el 20 de febrero de 1821 el parlamentario Agustín de Larramendi propuso una nueva división provincial para el país, con la creación de nuevas provincias, que pudiesen vertebrar mejor las comunicaciones del estado. El 27 de marzo de 1821, el diputado setabense Joaquín Lorenzo Villanueva sugirió al Ayuntamiento de su ciudad natal que presentara un memorial a las Cortes Españolas, argumentando las razones por las que podría ser Xàtiva una de las capitales de provincia nuevas que se pensaban crear.

Era una ciudad populosa, tenía un área de influencia que abarcaba a 136 pueblos, a muchos de los que les resultaba más fácil resolver problemas burocráticos en Xàtiva, que no desplazarse hasta Alicante o València. Era un importante centro comercial, con una fértil y extensa huerta, que necesitaba exportar sus producciones de cereales, principalmente arroz. Se situaba bien cerca del Camino Real, la autopista de la época, y los recientes procesos de exclaustración había dejado libres muchos espacios religiosos, que podían ser reutilizados para ubicar importantes servicios públicos. Además, la capitalidad era una buena oportunidad para atraer a la nobleza terrateniente desaparecida de la ciudad desde 1707 y conseguir recuperar a los propietarios absentistas, que dejaban la administración de sus rentas en manos de gestores sin escrúpulos. O atraer altos funcionarios del estado, o militares de alta graduación. La coyuntura política permitiría repoblar Xàtiva con grandes fortunas dispuestas a invertir en lujos, lo que redundaría en el comercio y artesanía local.

El 12 de octubre de 1821 llegó la noticia de que Xàtiva se había convertido en la cuarta provincia del Antiguo Reino de València. El alcalde Pedro Nolasco Morales declaró tres días de fiesta para celebrarlo. El 27 de enero de 1822 se publicó el Decreto de la nueva división provincial de España. Tras el nacimiento oficial de la provincia de Xàtiva, fue enviado Ignacio de Diego, en representación del ayuntamiento, para agradecer al rey Fernando VII la gracia recibida. El 4 de febrero de 1822 abriría su casa de la calle Moncada para agasajar al general Riego, al que se le invitó a conocer la ciudad después de enterarse el consistorio que iba a pasar por Alberic. El general informado de que Xàtiva era una nueva provincia de la España liberal, no pudo negarse, e hizo hueco en una apretada agenda a un viaje no programado. Realizó una visita relámpago de dos horas y media, siendo recibido con el himno creado por el músico de Ontinyent José Melchor Gomis, para arengar a la tropa en la defensa de la constitución 1812, con el estribillo «Juremos por ella, vencer o morir».

El 26 de marzo se cedía el Palacio de Alarcón para residencia del primer presidente de la Diputación, Bartolomé Amat, el 17 de mayo quedaba constituida la primera comisión de gobierno de la ciudad. Y así comenzó la pesadilla de lo que en principio tendría que haber sido motivo de alegría. Desde la primavera de 1822, partidas realistas circulaban por toda la provincia de Xàtiva. Querían volver al predominio del poder ejecutivo sobre el legislativo. La sustitución de la renta señorial por el contrato a corto plazo, los derechos señoriales por la propiedad privada, no había hecho mejorar su situación, sino todo lo contrario. Los precios seguían subiendo y los jornales iban a la baja.

Xàtiva quedó dividida entre los que gritaban viva el rey absoluto, y los que lo hacían en nombre de la constitución, tarareando el himno de Riego y jurando por ella, vencer o morir. Reflejo de ello fue la Plaça del Mercat, a los que los primeros bautizaban como de Fernando VII, y los segundos, como de la Constitución. Los enfrentamientos eran frecuentes, y las principales medidas de la estrenada diputación se orientaron no hacia mejoras en infraestructuras, control de epidemias, milicias, u otras inversiones económicas, sino a impulsar la labor didáctica, de hacer entender a la ciudadanía, que era mejor tener un rey constitucional, que no absoluto.

Consideraban los diputados provinciales que no se había fomentado suficientemente un espíritu público de fidelidad y respeto al nuevo régimen. No se había hecho suficientemente didáctica de éste a través de manifiestos, bandos, ni se habían utilizado los púlpitos eclesiásticos de los discursos dominicales para hacer proselitismo, ni la alusión a repetir los horrores de la guerra de Independencia sirvieron para calmar los ánimos. La labor didáctica iniciada por Bartolomé Amat había fracasado. La Diputación sólo se podría sostener mediante la dialéctica de la violencia. Constitución o muerte, sería el grito de guerra de los liberales, para contener a los numerosos voluntarios realistas. Se iniciaba así la pesadilla que duraría poco más de un año.

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