Carlos Fabra: el sargento de Chella que frustró el golpe militar en Paterna

Una novela y una iniciativa popular rescatan la figura del militar que desactivó la sublevación en tierras valencianas entre otras gestas, a la espera del reconocimiento oficial pendiente desde hace años. En 2024 se cumple el 120º aniversario de su nacimiento

Sergio Gómez

Sergio Gómez

Carlos Fabra Marín (Chella, 1904) ingresó en la categoría de mito popular de la República el 29 de julio de 1936, cuando armado con una pistola y acompañado de un pequeño pelotón, el entonces sargento irrumpió en la Sala de Banderas del cuartel de Zapadores de Paterna y detuvo la rebelión de un grupo de oficiales amotinados, que respondieron a tiros, pero fueron derrotados. «Fue un golpe de mano muy audaz que evitó que Valencia cayese en manos de la sublevación militar», resume los hechos el memorialista Matías Alonso. La gesta encumbró a Fabra como héroe del pueblo y le brindó un fulgurante ascenso hasta el grado de comandante. 

Apadrinado por el general Miaja y convertido en icono republicano, la figura del chellino comenzó sin embargo a difuminarse con el avance de la Guerra Civil hasta caer en el olvido. Reclutado para la lucha antisubversiva y encargado de sofocar los conatos de rebelión interna en el seno del bando republicano, fue víctima de las rencillas que dividían a la izquierda y, tras sufrir un intento de secuestro, envió a su mujer y sus dos hijos a Francia, donde él acabaría exiliándose en marzo de 1939, disconforme con algunas decisiones de Miaja.

En París, siguió ayudando a cientos de compatriotas, brindándoles un lugar de acogida y encontrándoles trabajo

Por el camino evitó que la represión en la retaguardia republicana causara derramamientos de sangre en su pueblo natal y salvó la vida de varios vecinos afines al bando sublevado cuyos descendientes todavía le están muy agradecidos. Ya en París, donde fue detenido por el régimen pronazi de Vichy e internado en un campo de concentración, siguió ayudando a cientos de compatriotas, brindándoles un lugar de acogida y encontrándoles trabajo sin mirar carnés ideológicos, mientras combatía al régimen franquista a través de un ejército clandestino.

Fabra murió 5 años antes que el dictador. Con su pérdida, su hija Leonor cobró conciencia de que era huérfana por partida doble: "de padre y de patria". Inició entonces un peregrinaje por la administración valenciana que cristalizó en 1986 con el traslado -costeado por el Ayuntamiento de Valencia- de los restos del sargento al cementerio de Chella, donde descansan. Recibido con todos los honores por personalidades de la antigua República, Carlos Fabra volvió ser tratado como un héroe y se le restituyó la calle con su nombre en el municipio y con el tiempo la declaración de hijo predilecto que el franquismo le había retirado.

A comienzos del siglo XXI, cuando la memoria histórica comenzaba a tomar impulso, el fallecido historiador José Antonio Vidal terminó de rescatar la figura del militar con una exhaustiva tesis sobre su vida que descubrió detalles inéditos, en buena medida gracias a la abundante documentación entregada por su hija. Ese trabajo ha dado pie ahora a una novela ilustrada dirigida al público juvenil promovida con intención divulgativa por el Ateneo Republicano de Paterna y escrita por Ricardo Vilbor ("Fabra. Un sargento leal"), que se presentó este pasado lunes en Chella con un éxito de público. "El libro me ha hecho descubrir parte de mi infancia, he vuelto a sentirme cerca de mi padre, como si fuera de nuevo una niña", señala una emocionada Leonor, que con 90 años sigue volcada en recoger, dar valor y transmitir la memoria de su padre, un proceso cuyo resultado hasta ahora "ha sido extraordinario". "Las familias -española y francesa- que antes estaban separadas por un abismo han descubierto sus raíces y la inmensa solidaridad espiritual que ha generado la figura de mi padre. Si transmito sus valores habré cumplido humildemente mi misión", observa.

El reconocimiento pendiente

Pero el sargento que se jugó la piel por la democracia todavía aguarda un reconocimiento fuera de las fronteras de su pueblo, cuando están a punto de cumplirse 120 años de su nacimiento. Hace una década, el Ayuntamiento de Paterna aprobó por unanimidad una moción de Esquerra Unida para conceder una calle a Carlos Fabra y ceder un espacio público donde instalar una escultura que conmemorara los hechos que tuvieron lugar en el acuartelamiento de la localidad. Hasta el momento nada de ello se ha hecho y el Ateneo Republicano se ha embarcado en una nueva iniciativa para intentar que el acuerdo se cumpla. "Es un referente democrático y en Paterna no lo conoce nadie que no esté ligado al movimiento republicano: su figura debería reconocerse a nivel oficial", subraya el presidente de la entidad, Josep Joan Armengou.

El Museo Militar de Valencia le pidió a la hija de Fabra el busto que hizo de su padre, pero tras un cambio de dirección el trasladó quedó abortado

La propia Leonor, que tiene un estudio de escultura y cinco obras expuestas en el Museu de l'Exili de la Jonquera, creó un busto de arcilla de su padre que se presta a ceder para que se haga de él un molde con material sintético que pueda colocarse en un lugar público. Aunque inicialmente el Museo Militar de Valencia le pidió la obra para exponerla, un cambio en la dirección abortó su traslado. "El director ahora es un coronel y me ha dicho que el busto iría a los sótanos", ironiza la escultora.

El presidente del Grupo de Recuperación de la Memoria Histórica, Matías Alonso, ve incomprensible que no haya ningún monumento ni calle dedicada en Valencia al general y considera necesaria al menos una declaración de reconocimiento personal y reparación del sargento Fabra por parte del Gobierno. "Era un militar profesional que defendió el régimen legítimo y eso le costó la carrera", resume. Alonso destaca de Fabra que fue "un hombre de principios", un "militar progresista que ponía por encima los valores que profesaba".