22 de agosto de 2020
22.08.2020
Levante-emv
Nueva normalidad

Luces y sombras de un verano de resistencia a la total parálisis musical

En un año tremendamente complicado los festivales y conciertos han tenido que adaptarse

22.08.2020 | 22:33
Un festival de música con medidas de seguridad en Oviedo.

El de 2020 ha sido el peor verano en la historia de la música en vivo en España, donde -pese al desamparo político en muchos casos y las restricciones por la pandemia- unos cuantos valientes plantaron cara a la páralisis total. ¿Pero cuál ha sido el balance real de ese esfuerzo titánico?

"En marzo llegó todo de golpe. Había gran incertidumbre sobre lo que iba a ocurrir, pero aún así los presagios fueron más optimistas de lo que ha venido. Tenemos una actividad mínima y no sabemos cuándo podremos volver a la normalidad. La situación es dramática", alerta Albert Salmerón, presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), la mayoritaria del sector.

Durante el confinamiento, la música se propuso paliar el hastío general con conciertos "en línea" sin apenas recursos, pero cuando acabó fue de las últimas áreas en recibir orientación sobre cómo reemprender la actividad en la "nueva normalidad": conciertos en autocines, potenciación del "streaming" de pago en salas, ciclos al aire libre con mascarillas y butacas distanciadas...

"El sector se ha adaptado con poquísimo tiempo a una nueva situación con la que nadie contaba. Me parece impresionante que en marzo nos encerrasen y en julio estuviésemos haciendo conciertos", destaca Jacobo Domínguez, mánager de Guitarricadelafuente, uno de los artistas que más espectáculos ha ofrecido en estos meses, unos 15, aunque el verano pintaba aún más grande antes de la COVID-19.

Domínguez reconoce que "fue un golpe muy duro", pero coincide con otros muchos en destacar "la generosidad y el compromiso tan grande de promotores, de recintos y de artistas que ha hecho posible que hubiese música en vivo esta temporada", por lo que hace un balance "superpositivo".

Y eso que las cifras no salen. Los cachés han bajado en general de acuerdo con la reducción de aforos. "Nosotros en Barcelona íbamos por ejemplo a una sala de 2.000 personas y ahora a una de 500", señala el mánager. Y porque los recintos necesitan más personal para atender las medidas de seguridad.

"En nuestro caso esta gira no es rentable. Álvaro (Lafuente, alias Guitarricadelafuente) podría haber viajado solo y llevarse todo el caché, pero quisimos ser coherentes y apoyar a la industria y a nuestros músicos y técnicos, por eso vamos con el equipo al completo, nueve personas", señala Domínguez.

No todos han podido adaptarse y eso ha llevado a que algunos dieran la voz de alarma. Es el caso de Dani Cantó, responsable y mánager en Snap! Clap! Club y promotor de uno de los ciclos musicales más interesantes del confinamiento, el Cuarentena Fest.

"Igual deberíamos dejar de intentar programar conciertos por un tiempo. Hacerlo está desgastando a bandas, público y, por ende, a todes les que trabajan en el sector", escribía en Twitter, al lamentar que "no se reúnen ni las condiciones de experiencia (para público), de equipos (que son mínimos), de condiciones laborales (cachés a taquilla) o rentabilidad (solo funcionan por subvenciones)".

Cantó, que no dejaba de aplaudir "la bravura" de la apuesta, consideraba que solo habían funcionado dos modelos: "Los románticos suicidas (a los que pronto han cerrado) o los lobbies (que han aprovechado para sacar tajada)". Denunciaba además que por el camino se habían quedado las bandas jóvenes, la paridad en carteles y se habían disparado de los precios de entradas.

"Los pocos promotores activos son superconservadores. Ahora mismo vender un aforo de 400 u 800 personas es 4 veces más difícil que antes porque hay gente con miedo de ir a conciertos, la inseguridad de si se va a hacer... Pensarías que los grupos pequeños son ideales para estos aforos, pero tienen más problemas por los gastos de adaptarse a la normativa y que no pueden cobrar una entrada de 20 o 25 euros", coincide Adrián Martínez.

En su agencia de "booking", Movidas Ardilla, lleva a grupos grandes como Carolina Durante y pequeños como Confeti de Odio. "Trabajo con entre siete y diez bandas y de esas solo han tocado tres; de ellas, alguna solo han dado 1 concierto en todo el verano. Cuanto más grandes, más fácil lo han tenido", insiste, una premisa extensible a las promotoras.

"Grandes empresas con capacidad de programar en 20 ciudades simultáneamente han hecho muchos ciclos en varias ciudades en las que los ayuntamientos se habían quedado sin fiestas mayores; te ofrecían por 10 veces menos de su caché a grupos como Hombres G o M-Clan. En ese ecosistema es difícil meter a un grupo de 200 personas", añade.

¿Cuál ha sido el papel de las administraciones públicas en todo esto? "Han dejado bastante que desear. Necesitamos un apoyo mucho más efectivo y contundente", reclama Salmerón, que ha apreciado una "papel desigual" en el caso concreto de los consistorios.

"El primer concierto de Guitarricadelafuente, el 15 de julio en La Riviera de Madrid, tenía un aforo de 800 personas: 650 se vendieron por anticipado muy rápido pero, por problemas de inspecciones, se decidió que lo de taquilla no salía. A horas de la actuación, apareció la Policía y redujo el aforo a 500, así que tuvimos que devolver 150 entradas por orden de compra", lamenta Domínguez sobre la incertidumbre que a veces ha traído lo público.

Para APM, "gracias a algunos ayuntamientos se han celebrado ciclos y festivales, pero con otros se ha echado de menos un apoyo convencido ante eventos que se han tenido que cancelarse pese al esfuerzo invertido. Y ahora mismo es muy difícil para la mayoría de promotores realizar estas iniciativas a no ser que estén subvencionadas o patrocinadas".

Para más inri, su importancia estratégica es actualmente aún mayor, como destaca Martínez, dado que el recientísimo cierre de discotecas y locales de ocio nocturno (incluida su programación de conciertos) ha hecho que "prácticamente el único sitio donde se pueda tocar ahora mismo sean espacios públicos".

No ayudaron a evitar esa medida o su estigmatización algunos eventos que se viralizaron, como sucedió con los conciertos del dúo Les Castizos o de Taburete (con el público en pie y sin mascarillas, con la aquiescencia cuando no jaleo de artistas). "Es superinjusto que por un par de conciertos parezca que todo es así", denuncia el mánager de Guitarricadelafuente.

"Ha habido numerosos intentos por toda la geografía de eventos, ciclos, festivales y conciertos ajustándose con rigor a los protocolos sanitarios y de seguridad. Se ha trabajado bien, pero mientras algunos se han celebrado, otros se cancelaron sin entender por qué otras actividades sí se llevaban a cabo", señala APM, antes de reclamar por fin una ayuda decidida para un sector tocado y casi hundido.

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