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Las Tusquets de Russafa

"Dicen los síntomas»"lleva los personajes al extremo

Bárbara Blasco y Elisa Ferrer, ayer en las escaleras de La Lonja.

Bárbara Blasco y Elisa Ferrer, ayer en las escaleras de La Lonja.

Viven en el mismo barrio y un prestigioso literario les ha unido para siempre. Bárbara Blasco se adjudicó al final del verano el Tusquets de este año con Dicen los síntomas y Elisa Ferrer estaba en el jurado que le dio el premio porque lo había ganado en 2019 con Temporada de avispas. No se conocían antes, tampoco se habían leído y hoy son las escritoras emergentes de Russafa.

Elisa Ferrer (L’Alcúdia de Crespins, 1983) admite que las tres novelas finalistas de este año eran buenas, pero la de Bárbara Blasco (València,1973) «era la mejor». La autora de Dicen los síntomas no era al primer concurso que se presentaba. «Tenía una editorial interesada, pero había decidido llevar esta novela a premios para sacar un poco de rentabilidad a esto de escribir». «La verdad es que no confiaba, aunque siempre hay una parte de ti que sí», reconoce.

Hay más coincidencias además de premio y barrio. Las dos protagonistas de sus novelas son mujeres con problemas con su progenitor. Mientras que Nuria (Temporada de avispas) pasa por momentos de crisis personal, Virginia (Dicen los síntomas) se enfrenta a la enfermedad terminal de su padre. Cuando Ferrer leyó el texto de Blasco pensó que «tenía algo que ver, pero es una historia completamente distinta, pero ahora hay mucha gente que escribe de la relación con el padre, a decir en voz alta lo que ha pasado en muchas familias».

Las dos novelas son muy visuales, porque ambas tienen formación y cultura audiovisual. La protagonista de la novela de Blasco cita algunos famosos programas de la televisión de los ochenta y noventa. «El cine me interesó mucho y me gusta que en las novelas haya una parte que sea visual, pero cada día me interesa menos lo que es el guion audiovisual y más el trabajo con el lenguaje». Algo en lo que corresponde Ferrer, más interesada también en el texto literario. «Cuando empiezas una novela no sabes donde vas y eso es fantástico, en cambio en el guion ya sabes como termina desde el principio».

Blasco asegura que no ve series, pero cuando se le comenta que algunas escenas de su libro recuerdan a «House», entonces lo admite, «y me encantaba». Aquel doctor era muy canalla, como la novela ganadora este año del Tusquets, como asiente Ferrer. «Pero es la única de hospitales que he visto», explica.

Como Ferrer ya ha hecho promoción, le han preguntado si su ficción era autobiográfica. «Me molestan en general -dice- las preguntas sobre cómo hacemos ficción las mujeres». Blasco, a la que le van a preguntar si su padre está enfermo, avisa: «mi novela no es autobiográfica, pero de alguna manera ha sucedido en mi imaginación».

Coinciden en que resulta inevitable que en una novela actual haya un relato de este tiempo. «Somos cronistas de una época, pero a mi no me interesa como a Elisa esa visión del feminismo, como si las escritoras fuéramos diferentes».

En Dicen los síntomas está bastante documentado la parte médica y hay muchos pasajes que serán familiares para los que hayan pasado por una clínica. «¿Hoy en día quién no ha pasado por un hospital?», se excusa. «Claro que hay un poco de documentación, tampoco excesiva». Admite que un amigo médico revisó el borrador para concretar patologías. No es hipocondriaca, «pero como a mi personaje, me gusta observar y entender la vida a través de los cuerpos, de sus detalles y sus averías».

La vigente ganadora del Tusquets ya había publicado antes. Suerte fue su primera novela y La memoria del alambre, la segunda. «Mis novelas son un poco viscerales, me gusta llevar la acción al extremo, poner a los personajes en un momento de cambio y frente a un abismo».

Elisa Ferrer consiguió el Tusquets con su primer libro, al que se presentó animada por Ana Merino, su profesora en el acreditado máster de Escritura Creativa de Iowa. Merino ganó después el último premio Nadal con El mapa de los afectos. Está escribiendo, «un párrafo hoy y mañana lo corrijo; y dentro de cuatro días escribo otro».

Hablamos de la cuantía del premio. El Tusquets además de un galardón prestigioso es uno de los diez con mejor dotación económica en español, 18.000 euros. Ferrer no se lo ha gastado todo, pero afronta su futuro literario con más tranquilidad. Está escribiendo una película de encargo y preparando oposiciones a profesora. «Vivimos en la periferia de la escritura», explica su sucesora, que también da clases de escritura y colabora en prensa.

Aunque ahora como ganadoras no se atreven a hablar mal de los premios, si que han desconfiando como todos los autores que se han presentado alguna vez. «Quedan muy pocos premios a los que puedan acceder alguien que no está metido en el mercado, pero no es para ir a denunciarlo, porque son empresas privadas», sostiene Blasco.

Ambas tienen la sensación que se publica más que lee. Basta ver la mesa de novedades. Blasco lee mucha novela, en Dicen los síntomas cita a Susan Sontag, una autora que ha escrito sobre enfermedades propias y ajenas. «Su La enfermedad y sus metáforas me interesaba mucho para mi libro».

«Todo va muy rápido», reconoce Elisa Ferrer en el mundo literario «y a veces es muy superficial», en referencia al marketing editorial en redes.

Las escritoras están encantadas de la casualidad «maravillosa» de ser las dos últimas premiadas. «Estuve a punto de no presentarme porque pensé que tras haber ganado un chica de València, seguro que este premio no era para mi», subraya Blasco. «Para que veas como son en Tusquets, premian lo que les gusta».

Esta tarde Elisa Ferrer presenta el libro de Bárbara Blasco a las 19:30 en Ruzafa Gallery. No podía ser en otro sitio, porque ya son las Tusquets de Russafa.

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