Fuera de compás

Bigotes y música contra el suicidio

Fernando Soriano

Fernando Soriano

Bigotes molones que en el mundo del rock han sido: el de Freddie Mercury, de amigo soltero de tu tía; el de Frank Zappa, de forajido del Oeste; el de Greg Norton, de forzudo de circo; el de Nick Cave, de casero avaro y metomentodo; el de James Hetfield, de manillar de bici pija; el de Jimi Hendrix, de alambrillo púbico; el de Little Richard, de Sazatornil; el de Lemmy Kilmister, de don Pantuflo Zapatilla; el de Tony Iommi, de cantor de Híspalis; el de Carlos Santana, de padre ochentero; el de David Crosby, de profesor de mates jubilado.

Por obra y gracia de los bigotes, noviembre se transforma en Movember, mezcla de moustache y november, y se pone en marcha una campaña para concienciar a la población en general sobre enfermedades propias del hombre, tales como cáncer de próstata y testicular, pero también problemas más oscuros como la depresión y el suicidio masculino. Temas tabú durante muchos años porque tiraban por tierra el estereotipo de macho cazador y protector de la tribu, fuerte como el acero e inasequible al desánimo.

El suicidio es la principal causa de muerte externa en España. El de hombres triplica al de mujeres. Es un fenómeno complejo que entraña múltiples factores, agitaciones de todo tipo y desarreglos psíquicos, químicos y emocionales. Quitarse la vida es el final de un negro y doloroso proceso lleno de pena, confusión, incomunicación y desamparo que necesita comunicación, comprensión y auxilio profesional para revertirlo.

Tema difícil de tratar en medios, pero insoslayable. Mis amigas de la asociación La Niña Amarilla trabajan incansablemente por la prevención de estas tragedias a través de charlas, talleres, actividades, investigaciones, estudios y la ruptura del tabú social. Además, asesoran a los medios y a las universidades de Periodismo sobre el adecuado tratamiento de este tema para no caer en el morbo ni en el efecto Werther, tan temido durante décadas. «Intentemos incluir los teléfonos de la Línea de Atención a la Conducta Suicida 024 o el Teléfono de la Esperanza 717 003 717 en los textos que escribamos y demos un mensaje esperanzador, alejándonos de las fotos con botes pastillas y otras que reflejen actitudes sórdidas, oscuras o morbosas. En el aspecto audiovisual de las informaciones sobre el suicidio, ofrezcamos color y canciones con un fondo de esperanza», explica Cristina Martínez Vallier, secretaria de la asociación.

En este sentido, La Niña Amarilla cuenta con una playlist en Spotify repleta de temas musicales que podríamos aprovechar en nuestras noticias y reportajes para dejarnos ya de tanto black metal escandinavo, tanto maquillaje corpse y tanto cantautor cortavenas. Hay de todo, bossanova, hip-hop, pop al uso de todas las épocas, indie, rock duro, Ambkor con «Sal», Cristina Branco con «Alfonsina y el mar», Kase-O con «Tiranosaurios Rex», Pearl Jam con «Jeremy», Queen con “It’s a Hard Life” y así hasta siete horas.

La música no tiene milagrosos poderes curativos, pero si la escogemos bien puede ser la acompañante perfecta para las terapias de prevención del suicidio. Es lo que ha pensado la sanidad pública finlandesa al financiarle a un músico catalán un proyecto musical para luchar contra la autólisis de jóvenes y adolescentes en la zona de Etelä-Savo y mejorar una salud mental que salió muy dañada después de la pandemia de COVID-19. Hussein Garcés, que está haciendo historia de la música independiente española con su folkgrunge en Le Clotêt Avec Garcés, montó un proyecto paralelo denominado The Nightwalker, cuyo primer disco verá la luz en diciembre.

Se trata de música electrónica, confeccionada en su totalidad con un teléfono móvil, que levanta el ánimo de sus oyentes, activando las áreas cerebrales responsables de la integración y la felicidad, ayudando a regular los niveles de dopamina y serotonina, neurotransmisores cuyo desequilibrio tiene mucho que ver en los procesos suicidas. El manresano está muy satisfecho con los resultados porque le consta que algunos jóvenes han dejado atrás sus ideas autolesivas después de una sesión con su música. «La buena música es medicina y yo hago música para sanar. ¿De qué te sirve tener un Grammy en la estantería si no ayuda a ninguna persona en nada?», se pregunta Garcés.