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Del 11S al virus global, dos décadas de vértigo

Contemplar en 2001 en directo por televisión la caída de un icono de la capital del mundo marcó a una generación. Fue la constatación de que, en el nuevo siglo XXI, la catástrofe se hacía cotidiana. Las distancias temporales y emocionales se rompían. Casi veinte años después, la pandemia de la covid-19 es la última tragedia globalizada. Como aquella, televisada en directo en medio de una sorpresa general

Del 11S al virus global, dos décadas de vértigo

Del 11S al virus global, dos décadas de vértigo

A la hora del postre, las 15.03 (hora española), el vuelo 175 de United Airlines impactaba contra la torre sur del World Trade Center de Nueva York. «La otra torre», clamaba un locutor español de televisión en directo cuando informaba de lo que entonces no se sabía si era un incendio, un accidente o quién sabé qué estaba pasando en esas torres, que volvían a recibir el golpe de un avión. Como los espectadores, no terminaba de creerse lo que estaba viendo.

Sorpresa, incertidumbre,percepción inmediata de los acontecimientos y búsqueda desesperada de responsables son conceptos indispensables para explicar, 19 años después, lo que sucedió el 11 de septiembre de 2001. Para una generación, no hay suceso más impactante que aquel: la caída, transmitida en directo en todo el mundo, de las Torres Gemelas de la capital del planeta tras el ataque suicida de unos terroristas islamistas. Casi veinte años después, los mismos conceptos son fundamentales para explicar la pandemia por la covid-19, otro fenómeno de impacto global y de consecuencias desconocidas hasta ahora. Y entre medias, una cascada de hechos (otros atentados suicidas, desde el 11M español a la matanza de la revista Charlie Hebdo, además del Brexit y una crisis financiera como no se conocía desde hace casi un siglo).

Uno diría que el tiempo se ha acelerado, pero el historiador Anaclet Pons precisa que lo que se ha modificado es su percepción. Todo es hoy inmediato: la visión de los acontecimientos se percibe antes de su narración y, por supuesto, de un intento de comprensión o explicación. Entre el 11S y la pandemia de 2020 hay un hilo invisible que es «la sensación de que todos estamos en el mismo planeta y no podemos huir de lo que pasa a miles de kilómetros», explica el antropólogo social Albert Moncusí.

«Lo que conecta el 11S con la pandemia de la covid es, además de su impacto global, su transmisión en vivo. Asistimos a los acontecimientos en directo y sin intermediación, dos de las claves que explican nuestra sociedad», agrega la politóloga Aida Vizcaíno. «Desde el 11S se han desdibujado esas intermediaciones que permiten comprender la globalidad -sentencia-. Vivimos en una sociedad tan especializada e interdependiente que es osado creerse con la capacidad de comprender los temas complejos. Pero la realidad es que así lo consideramos. Somos capaces de opinar de cualquier cosa porque tenemos la creencia de estar bien informados. Y esta desinformación unida a la crisis socioeconómica y política, es premisa perfecta para la desconfianza». Y la confianza es pilar para la democracia.

Así, la consecuencia para la política mundial es «el avance del pensamiento reaccionario y liberticida», apostilla el historiador Ismael Saz. También una fuga hacia adelante en la búsqueda de un enemigo exterior. En 2001, fueron Afganistán, Al Qaeda e Irak. Donald Trump mira hoy hacia China. Y también una perversión del lenguaje, «preludio de todas las demás destrucciones, empezando por la de la razón», señala el profesor.

Tanto en los hechos del 11 de septiembre de 2001 como en esta crisis que ya no solo es sanitaria, lo que sobresale con el paso de los días es «la debilidad de una sociedad que se creía fuerte e inmune», reflexiona el historiador Albert Girona. Hace casi veinte años pocos podían imaginar un ataque altamente letal en una capital de Occidente. El de las Torres Gemelas dejó casi 3.000 muertos. Luego vendrían Madrid, París, Londres, Bruselas o Barcelona. Y hoy, «cuando parecía que la medicina nos había garantizado el control sobre las epidemias», las sociedades de todo el mundo se ven obligadas a confinarse como única forma de huir de un coronavirus sin respuesta. Lo que resulta es «una sensación de desasosiego y temor, como la experimentada después de los hechos de las Torres Gemelas», asevera Girona.

La conclusión, apunta el sociólogo Francesc Hernández i Dobón, otro de los expertos consultados por este diario, es que «la catástrofe se ha hecho cotidiana». Epidemias ha habido siempre, bombas, también. «Las podíamos contemplar en los noticiarios. Pero ahora, por la unificación del espacio social, las tenemos dentro de casa». Por eso, porque habitamos en el riesgo, «hay gente que querría alejarse y encuentra evasión en las nuevas formas religiosas: la pseudociencia y el fanatismo».

Además, Aida Vizcaíno observa otro puente político entre ambos momentos: «El deterioro y crisis de los estados-nación». «En ambos casos vemos un repliegue en torno a unas estructuras nacionales (banderas, instituciones) que no acaban de ser eficaces ante estos problemas globales», sentencia.

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