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Los colegios mayores y el machismo invisible

Lo sucedido en el colegio mayor Elías Ahuja de Madrid es una muestra del patrón machista en la sociedad. La condena de los centros homólogos valencianos es rotunda. Las expertas alertan de la normalización de estas actitudes.

Unas chicas, ante el colegio mayor femenino al que iban dirigidos los gritos del Elías Ahuja de Madrid. jesús hellín/e.press

Los colegios mayores están en el punto de mira tras el escándalo de los gritos que los alumnos del Elías Ahuja de Madrid proferían a sus vecinas del Santa Mónica, a las que desde las ventanas llamaron «putas» y «ninfómanas». Un comportamiento que para el movimiento feminista es una muestra de la violencia contra las mujeres que impregna todos los espacios, también el universitario, y que se ‘esconde’ hasta en lo más cotidiano, como las novatadas para recibir a los nuevos estudiantes.

María (nombre ficticio), de 22 años, entró en un colegio mayor de València en 2018. «Nos cogían a nosotras para que hiciéramos las habitaciones y plancháramos la ropa. Eso nunca se lo pedían a un chico. Cuando salíamos fuera, nos hacían que chupáramos sirope en el abdomen de otro compañero. También nos tumbaban en el suelo y hacían flexiones encima. Las novatadas no eran iguales para todos. Las chicas, unas cosas y los chicos, otras», asegura. La joven recuerda que se sentían incómodas: «Te ponían entre la espada y la pared. Tienes ese miedo a que te hagan algo peor horas después. Es la presión del grupo. Da la sensación de que si no accedes a ciertas cosas te van a repudiar».

A Pablo, también de 22 años y exalumno de un colegio mixto, nunca le obligaron a planchar. Él considera que lo ocurrido en el Elías Ahuja es un ejemplo de machismo que rechaza, pero está sacado de contexto y no refleja la realidad de un colegio mayor. A su juicio, este tipo de actitudes corresponde a casos aislados y responsabiliza a «la persona que no sabe gestionar lo que es un juego». «En mi año, nadie se pasó de la raya. Si alguien se negaba a hacer algo, salvo que algún veterano tuviera necesidad de poder, nadie le hacía nada», añade.

En València hay una decena de colegios mayores. Cinco son religiosos y en cuatro de ellos se segrega por sexo a los alumnos, en concreto, los vinculados al Opus Dei. Las tarifas varían en función de las características de la habitación y de los servicios contratados. Sin beca, el precio no baja de los 600 euros al mes para una habitación compartida y puede llegar a 1.500 euros. Precisamente porque se trata de un entorno exclusivo, los responsables de los propios centros aseguran llevar años persiguiendo estas actitudes machistas.

Santiago Pons, director desde hace una década del Colegio Mayor San Juan de Ribera, asegura que desde el año 2006 no se ha producido ningún incidente en este sentido. Tampoco en el centro La Alameda, donde Joaquín Lleó Sapena, su director, asegura que no se ha expulsado a nadie ni denunciado ningún hecho así. En su opinión, estamos ante el «comportamiento lamentable de unos pocos, que se han escudado en tradiciones que de universitarias tienen poco». Algo que le produce «pena y vergüenza». Desde los colegios femeninos coinciden. «Frente a nosotras se encuentra un colegio mayor de chicos y nunca hemos tenido situaciones ni parecidas a la de Madrid. Tenemos muy buena relación de respeto y amistad», señala Asunta Moreno, directora del Colegio Mayor la Asunción de Nuestra Señora. Por su parte, María del Puig Cózar, directora del Saomar, transmite su «profunda repulsa» por lo ocurrido en Madrid y apoya todas las medidas que contribuyan a erradicar estos comportamientos. Para ambos colegios, promover el desarrollo de la mujer es fundamental.

Al rechazo absoluto de los colegios, se suma el de la comunidad universitaria. «No cabe otra respuesta más que la condena. En una sociedad evolucionada como en la que estamos no nos podemos permitir dar pasos atrás», subraya Ana Belén Anquela, defensora universitaria de la Politècnica de València (UPV).

Los representantes de los estudiantes también alzan su voz. «Lo que pasó en Madrid ocurre en muchas fiestas, residencias y ámbitos universitarios. Es triste reconocerlo, pero es así», comparte Beatriz Muñoz, vocal de Igualdad de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (Creup) y alumna de la Universitat Jaume I de Castelló. Para que no se repita más, Muñoz hace un llamamiento a que estas actitudes machistas «se denuncien más» y «no se normalicen». «Si no hay un castigo volverá a ocurrir», dice.

Los gritos machistas del colegio mayor Elías Ahuja: "Putas, salid de vuestras madrigueras como conejas, sois todas unas ninfómanas"

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Las expertas coinciden

Las expertas en igualdad alertan de que lo sucedido no es más que el reflejo de una sociedad en la que cada día crece la violencia contra las mujeres. «El machismo es un problema en todos los sitios y en todos los ámbitos de la vida. Lo que hemos visto estos días es preocupante, además, porque es una muestra de que a la gente joven, quienes ya se han educado en democracia y con igualdad, no les ha llegado, no se sienten interpelados por ella, y prefieren expresarse en términos de machos superiores que insultan a las mujeres», comparte Sonia Reverter, profesora titular de Filosofía en la UJI. A Marcela Jabbaz, socióloga y profesora de la Universitat de València (UV), le asustan la participación masiva en la acción y la coordinación: «Se ha ritualizado la reproducción de los estereotipos y, sobre todo, constituye un permiso para el ejercicio de la violencia», señala.

Al respecto, Juan Antonio Rodríguez, profesor de Sociología en la UV y experto en nuevas masculinidades, explica cómo la presión de grupo es «brutal» en estos casos. «Hemos crecido en un modelo de sociedad en la que se nos inscribe en un tipo de conductas. Los hombres tienen que actuar de una determinada manera y las mujeres de otra. Lo vemos continuamente, está impregnado en todos los ámbitos. Aquel que se salga de esto está estigmatizado», detalla.

Un modelo que, según las expertas, se refuerza en los colegios que separan a los chicos de las chicas. «Si hay segregación de sexos, se vive de espaldas a tener la oportunidad de observar de forma consciente que mujer y hombre somos iguales, no solo porque lo dice la Constitución, sino porque verdaderamente en nuestra convivencia se evidencia», subraya Elena Martínez, catedrática de Derecho Procesal de la UV. Por eso, Julia Sevilla, profesora honoraria de Derecho Constitucional en la UV y exletrada en las Corts defiende la importancia de tener «una educación en la que haya compañeros y compañeras, que los chicos compartan con ellas siempre esos espacios y las consideren en igualdad, aunque en el fondo siempre persista ese machismo oculto y permeable en la sociedad», concluye.

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