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Ultraderecha

"Si gana Le Pen habrá una gran desilusión"

Varios ciudadanos franceses en València opinan sobre la segunda vuelta de las elecciones galas. De nuevo, la ultraderecha se encuentra cerca de entrar en el palacio del Elíseo, frente a un Macron desgastado tras un mandato y la aparición de los chalecos amarillos.

Jesús Díaz de Vivar, Paul Pierroux y Anne Sophie, en el Centre del Carme de València . F.bustamante

Le Pen o Macron. Macron o Le Pen. Toda Europa mira a Francia por las elecciones presidenciales de hoy. La ultraderecha puede irrumpir en un gobierno de una gran potencia continental. De hecho, está más cerca del Elíseo que nunca. Por eso no son unos comicios normales, aunque sí parecidos a los últimos. Como en 2017, la extrema derecha de Marine Le Pen ha pasado a la segunda vuelta frente a un Emmanuel Macron desgastado tras un mandato. Hace un lustro, el llamado Frente Republicano (votantes de izquierda y derecha que llenaron las urnas contra el auge ultra) dio la victoria al centrista. Hoy, los ciudadanos franceses dudan de la buena salud de ese frente, y ven más peligro de que la ultraderecha irrumpa en el poder. Mientras tanto, han surgido nuevas caras a la izquierda (Melenchon) y en la extrema derecha (Zemmour).

Hace justo 20 años un terremoto llamado Le Pen sacudió Francia. Pero no fue Marine, sino Jean Marie, el padre, que se clasificó para la segunda vuelta contra el conservador Jaques Chirac tras eliminar al socialista Lionel Jospin en la carrera presidencial. Fue un cataclismo. Miles de personas salieron a las calles y llevaron a Jospin a anunciar que abandonaba la política. La movilización en las calles hizo que Chirac arrasara en el balotaje y el fantasma de la extrema derecha quedara solo en un mal sueño. Dos décadas después, el fantasma es el mismo, pero los franceses ya han normalizado que la ultraderecha vuelva a aspirar por tercera vez a la presidencia.

«Cuando Le Pen padre llegó a la segunda vuelta los franceses tenían claro que era el diablo», explica Paul Pierroux-Taranto, francés afincado en València. Por eso, continúa, «Marine se ha esforzado mucho en llevar una estrategia de ‘desdiabolización’ todos estos años». Eso se ve en todos lados, empezando por los carteles electorales. Como explica Anne-Sophie Crocquevieille, nacida en Normandía, «es curioso porque en los carteles electorales solo pone ‘Marine, presidenta’. Ni siquiera usa ya el apellido de su padre. Cuando pasó a la segunda vuelta, hace 20 años, yo tenía 15, y lo recuerdo como un señor que sudaba odio, así que ella ha querido separarse de esa imagen», explica. De hecho la nieta de Le Pen, que también está en política, se llama Marion Maréchal.

Pablo Stefanoni es periodista y especialista en movimientos de extrema derecha. Explica que en estas elecciones hay dos componentes fundamentales que condicionan las candidaturas. El primero es la irrupción de Éric Zemmour, otro candidato ultraderechista con un discurso mucho más agresivo e islamófobo. «Esto ha hecho que Le Pen parezca una candidata mucho más razonable y se presente como una opción ‘moderada’», cuenta Stefanoni. El segundo viene desde la izquierda y se llama Jean-Luc Mélenchon. Fue el tercer candidato más votado, con un 22 % de las papeletas frente al 23,1 % de Le Pen. Se quedó fuera de la segunda vuelta por 400.000 votos. Pero Stefanoni desconfía de que su electorado se movilice para votar a Macron y evitar la victoria ultraderechista. «Las elecciones francesas las van a decidir los votantes de Melenchon. Pero hay encuestas que dicen que un 15 % de esos votantes podrían decantarse por Le Pen y otros abstenerse. Muchos sienten que ya votaron a Macron en 2017 para parar a los ultras y que no ha funcionado», explica.

La realidad (al menos la de las encuestas) es que el presidente saliente parte como gran favorito para repetir, con la economía como gran baluarte. «En realidad, Macron no ha hecho grandes promesas, pero su campaña venía a decir lo siguiente: ‘Soy el capitán de este barco en tiempos de tormenta económica’. Y en realidad le está sirviendo mucho. Él viene de trabajar en el sector bancario, y tiene esa postura de gestor preparado para mucha gente», dice Pierroux. A Le Pen le sucede lo contrario, dice Anne Sophie, «creo que en el debate electoral del miércoles no se le vio ese poderío, esa capacidad de llevar un país», opina la francesa.

Para Gary Bourguignon, francés afincado en València, "lo que creo que se debería votar para no dividir a la sociedad es Macron. No entiendo que tengamos que centrarnos en el tema de las etnias o el color cuando no es un problema, Francia siempre ha sido un país muy diverso, hay de todo", asegura.

Ciudadanos franceses camino a las elecciones Fernando Bustamante

Homonacionalismo, islam y rotondas

Francia es el país con más rotondas de todo el mundo. Hay una cada 21 kilómetros, sobre todo en las zonas del interior y desindustrializadas en las últimas décadas. Ahí, en la conocida como ‘Francia de las rotondas’ tiene su mayor caladero de votos la ultraderecha de Marine Le Pen. «Suelen ser zonas deprimidas, donde las fábricas han ido cerrando y sin servicios públicos, donde la gente necesita coger el coche mucho tiempo para ir al trabajo o al hospital», cuenta Stefanoni. Otro aspecto relacionado con esa clase trabajadora que se siente abandonada es el movimiento de los chalecos amarillos. «Hay un gran resentimiento contra Macron desde esta gente, y tampoco hay que olvidar al movimiento antivacunas, que en Francia es considerable. Todas estas personas no quieren a Macron», comenta Pierroux.

El colectivo Lgtbi es también uno de los puntos donde ha calado la ultraderecha. Aunque pueda parecer sorprendente, Le Pen ha conseguido extender una suerte de «nacionalismo sexual» u «homonacionalismo» en el país. Pero no solo ahí, como cuenta Stefanoni esta postura está extendida en la extrema derecha europea. «Florian Philippot, segundo de Le Pen hasta hace poco tiempo es abiertamente gay, y ella no se posiciona totalmente en contra del colectivo.

La ultraderecha alemana de AFD tiene una lideresa lesbiana y en Holanda, hasta hace muy poco, el líder también era gay. La clave es alzarse en defensa de los derechos Lgtbi en contraposición de la idea de ‘islamización’. Es algo que hace parecer a la extrema derecha ‘progresista’ en lo cultural», dice Stefanoni. Jesús Díaz de Vivar es biotecnólogo, especialista climático y homosexual. Asegura que conoce a muchas personas homosexuales que votaron a Marine Le Pen por este tema. «Ha conseguido capitalizar al antiislamismo como una vía para defender los derechos del colectivo», señala.

La inmigración es otro punto central del debate francés, pero uno capitalizado por la extrema derecha. En opinión de Díaz de Vivar, «es un debate que es una tontería. Y no entiendo por qué no hablamos de migraciones, y más actualmente. La gente viene y va, muchos franceses estamos viniendo a España en los últimos años, gente joven que trabaja desde otros países y luego vuelve a Francia. Al fin y al cabo todos somos inmigrantes en algún punto de nuestra vida. Es un tema que, ni me parece un problema ni me interesa», resume. Pero la realidad no es la de Vivar, sino otra. «Le Pen, al contrario que muchas extremas derechas, no es nacionalcatólica. Ella ha conseguido levantar la bandera de la laicidad, que la presenta como republicana en contra del islam y la islamización. Ella defiende un discurso en el que hay que combatir el islam porque es peligroso contra las minorías», cuenta Stefanoni.

Pierroux, Crocquevieille, y Díaz de Vivar tienen opiniones distintas sobre las posibilidades de la ultraderecha. Pierroux está convencido de que el Frente Republicano volverá a llenar las urnas, para Crocquevieille, «mucha gente está ya cansada y no va a ir a votar». Sin embargo, todos coinciden en algo: «Si gana Le Pen, se va a generar una gran desilusión». Para ellos, la candidata ultraderechista promete cosas que son imposibles de cumplir, lo que generará frustración entre los franceses que depositaron su confianza en ella.

Para Stefanoni, en cambio, hay peligro de que se salte sus promesas y se llegue a un Gobierno autoritario «al estilo Orbán en Hungría». «Le Pen no entiende que Francia no puede ir por su cuenta, que necesita buenas relaciones con el resto de países para cambiar las cosas. Macron podrá tener sus defectos, pero al menos sabe moverse en esas aguas», sentencia Jesús Díaz de Vivar.

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