Suplente por segundo partido consecutivo, Iago Aspas llegó tarde para encabezar la revolución del Celta, que perdió 3-2 ante el Getafe pese a la reacción que encabezó la estrella del conjunto gallego en el segundo acto. Jaime Mata, con un doblete, anuló la aparición de un hombre que no cuenta para Rafael Benítez en los últimos partidos y que dio una lección de fútbol sobre el césped del Coliseum.

Con las buenas sensaciones de la pasada jornada en Pamplona, Rafael Benítez apostó por repetir con el once que le dio tan buenos réditos ante Osasuna. El 0-3, con Iago Aspas en el banquillo y con un sistema bastante defensivo, funcionó hace una semana. Pero no en el Coliseum, donde su equipo sólo carburó cuando Iago Aspas apareció en el terreno de juego. Antes, Benítez apostó por jugar con tres centrales para encerrarse atrás. Repitió su plan y salió malparado.

Quiso que sus jugadores calcaran prácticamente el tipo de planteamiento que en ocasiones repite el Getafe. Muy bien encerrados atrás, salidas rápidas y mucha intensidad. Tal vez, en exceso, porque los jugadores del Celta salieron excesivamente revolucionados y muy fuertes al choque. Cualquier balón dividido se convirtió en un tesoro para el cuadro gallego, que se toparon con un hueso duro de roer.

Y es que, el Getafe sabe jugar muy bien a eso. Aceptó la guerra y su víctima duró apenas 41 minutos, los que tardó Borja Mayoral en abrir el marcador con su decimoquinto tanto del curso. Los hombres de José Bordalás se armaron de paciencia y sacrificaron el juego por la batalla física. Y la ganaron.

Con ese guion, el choque se convirtió en una representación tediosa en el que las oportunidades brillaron por su ausencia. El Celta apenas lo intentó con un misil de falta lanzado por Ristic y con un cabezazo de Unai Núñez. Ninguno fue entre los tres palos. Igual que un intento de Greenwood, que desde fuera del área mandó la pelota a la grada del Coliseum.

Y, precisamente, fue Greenwood, un jugador aparentemente apático, quien cuando quiso revolucionó el partido. En los últimos diez minutos cambió de marcha y por fin pasaron cosas. Y, la primera, en una jugada que inició el inglés por la banda derecha, y que acabó en un centro de Diego Rico desde la izquierda, llegó el gol de Mayoral. Antes, ese centro de Rico lo remató Jordi Martín al larguero y el goleador del Getafe recogió el rechace para marcar de cabeza a placer.

Greenwood no tardó en volver a hacer de las suyas y justo antes del descanso agarró la pelota por la banda derecha para irse por velocidad de Ristic y abrir con el camino hacia el segundo del Getafe. Guaita evitó su tanto pero no el de Jaime Mata, que, como Mayoral, atento, recogió el rechace para hacer el segundo.

Los dos goles del Getafe, al filo del descanso, fueron un mazazo para el Celta, que intentó recuperar el rumbo con la salida casi inmediata de Iago Aspas y de Allende. Benítez recolocó a sus jugadores, impuso un 4-4-2 con más colmillo e intento buscar un punto que parecía imposible. Sin embargo, el Celta, arrinconó poco a poco al Getafe con Aspas al frente de las operaciones. El jugador celeste dio una 'master class' de fútbol y cambio a su equipo.

La colección de pases con sentido, de balones filtrados y de cambios de ritmo, fue inmensa. Aspas se encargó él solo de desmelenar al Celta, que en el último tramo del choque recortó distancias con el tanto de Strand Lersen. Cómo no, Aspas inició la jugada con un pase entre líneas a Manquillo, que puso un centro medido a la cabeza del noruego con la que batió a Soria.

Al Getafe solo le quedaba rezar para que cesase la inspiración de Aspas. Tenía veinte minutos por delante para aguantar las acometidas del Celta. No lo consiguió. Aspas fue mucho Aspas. Aún tuvo tiempo de filtrar otro balón de lujo que dejó a Tadeo Allende sólo ante Soria. No falló el argentino , el Celta empató saboreó la gloria y en un último arreón del Getafe se pegó el tortazo.

De nuevo, una acción de Greenwood marcó la diferencia. El extremo inglés puso un centro que envió Jaime Mata a la red en el minuto 88, con un remate a medias entre la cabeza y el hombro, y la revolución protagonizada por Aspas se vino abajo para jolgorio de un estadio que sufrió hasta el final por culpa del mejor jugador de la historia del Celta.