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La pandemia hunde la inversión extranjera un 63 % en la C. Valenciana y apenas deja 44 millones

Las mejoras en empresas y las operaciones de multinacionales se desploman entre enero y marzo, en línea con el conjunto del país y la dinámica internacional Es el peor inicio de año del último lustro

La pandemia hunde la inversión extranjera un  63 % en la C. Valenciana  y apenas deja 44 millones

La pandemia hunde la inversión extranjera un 63 % en la C. Valenciana y apenas deja 44 millones

Tras un 2019 marcado por la inestabilidad política, la salida de Reino Unido de la UE, las tensiones comerciales a nivel mundial o el conflicto de Cataluña que ya lastraron la economía española, este arranque de 2020 que ha dejado en shock al mundo está arrojando unas magnitudes económicas prácticamente desconocidas en tiempos de paz. La recesión a la que se enfrenta España, con un retroceso de la economía del 5,2% en el primer trimestre, va a tener también su correlato en las cifras de inversión.

Si bien la pandemia no estalló en España hasta el mes de marzo, la situación de excepción generada a nivel global, con el cierre de las fábricas en China y el desplazamiento del foco de la Covid a Italia en febrero ya ha marcado la caída de la inversión extranjera en el primer trimestre, apenas un anticipo de lo que está por venir.

La inversión productiva en la Comunitat Valenciana se ha desplomado un 63% entre enero y marzo de este año, el peor arranque de año desde hace un lustro. Las multinacionales apenas invirtieron en mejoras para sus filiales o en operaciones en territorio autonómico 44,6 millones de euros.

La caída va en línea de lo sucedido en el conjunto de España, que arrastra un desplome notable de la inversión desde 2019, cuando esta variable retrocedió un 55%. Así las cosas, durante los tres primeros meses de 2020, en el conjunto de España solo han aterrizado 2.646 millones en inversiones, frente a los 7.396 del mismo periodo de 2019.

Consolidando una dinámica establecida desde hace tiempo, es la Comunidad de Madrid (que es también donde tienen domiciliada su sede la mayoría de multinacionales) la que absorbe el grueso de esta inversión, con 1.685 millones, bastante más de la mitad aunque también retrocede un 57,5%. Le siguen, por este orden, Cataluña (667 millones), Andalucía (123) y en tercer lugar se sitúa la Comunitat Valenciana, según datos publicados hace unos días por el Gobierno.

En cuanto a los sectores de la inversión, las actividades crediticias, con 11,3 millones; la fabricación de maquinaria de la industria de la alimentación (11,7) y la promoción inmobiliaria (8,9 millones) protagonizaron las principales operaciones. En cuanto a los países origen de las inversiones (la información recopilada por el Ministerio de Economía no concreta empresas) destacan Suiza (12 millones), Reino Unido (11,9) y Bélgica (8,3).

Conviene, como siempre, analizar con prudencia unos datos que, si bien son sintomáticos al ir en línea con lo que ocurre en todo el mundo, siempre están sujetos a variables como el ciclo inversor de las grandes empresas, y que pueden sufrir grandes fluctuaciones de un trimestre (o un año) a otro. En el último lustro, por ejemplo, la inversión anual en territorio valenciano ha rondado de media los 800 millones, pese a las fluctuaciones dependiendo del año, con un pico de más de 1.200 millones en 2017 frente a los 261 de 2015.

Con todo, los presagios no son muy positivos. En los primeros días de marzo, un organismo de la ONU (Unctad) ya advertía de que los flujos de inversión extranjera directa caerían este año hasta un 15% por el virus. Es la misma lógica que está produciendo un hundimiento de las exportaciones. Un estudio del IVIE alerta de una caída de hasta el 34% en el caso de la Comunitat Valenciana. La parada total durante abril ya ha arrastrado el primer cuatrimestre del año a un retroceso de más del 10%.

En ese contexto, la reducción de los beneficios de las empresas va a afectar a las inversiones transfronterizas. El impacto se va a vivir en los países golpeados por la crisis pero también en otros, por efecto de las cadenas globales de valor, que hace que una parte muy importante de la producción de las grandes compañías esté deslocalizada, añadía el estudio de la ONU.

No es únicamente un problema puntual por la paralización de un país, sino un incremento de la aversión al riesgo. Un mercado de referencia en América como Brasil, que se está viendo muy afectado por la crisis sanitaria, ha visto retroceder un 35% las inversiones extranjeras en proyectos productivos en los cinco primeros meses del año.

A nivel global, también puede jugar en contra de los movimientos de capital la incertidumbre que ha generado en los últimos años la creación de barreras a este tipo de operaciones en países como China o EE UU. Incluso potencias europeas como Francia han comenzado a controlar previamente las operaciones en los sectores que considera estratégicos.

Y parece que irá a más. En el contexto de la pandemia, han crecido las voces dentro de la UE que alertan de la cada vez mayor presencia de propiedad extranjera en empresas de sectores clave de la Unión, así como el aumento de las inversiones procedentes de economías emergentes como China. De hecho, la Comisión está diseñando medidas proteccionistas.

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