25 de junio de 2019
25.06.2019
Descontrol

Caos de coches en la cala de la Barraca de Xàbia

Mientras los bañistas invaden con sus automóviles zonas en las que está prohibido aparcar, los vecinos pintan en el suelo que las calles son privadas

24.06.2019 | 22:27
Caos de coches en la cala de la Barraca de Xàbia

La cala de la Barraca o del Portitxol de Xàbia tiene todos los números este verano para convertirse en la imagen de la masificación turística. La Granadella se cerrará al tráfico el 1 de julio (bajará el autobús y luego, cuando esté el nuevo contrato, el trenet turístico). Ambolo está clausurada a cal y canto; bajan algunos temerarios, pero ya no es la muchedumbre de antes. La otra cala de moda es la de la Barraca. El pasado verano ya sufrió colapso de coches. Y ahora la cosa pinta incluso peor. De hecho, ayer, en el festivo de Sant Joan, el acceso ya era un caos.

Algunos bañistas hicieron caso omiso a la prohibición de aparcar en los laterales más complicados (las curvas). Incluso estacionaron los coches debajo de la señal de prohibición y del cartel que avisa de que la grúa se lleva el coche. De un verano para otro (el pasado la grúa trabajó a destajo), los turistas olvidan el disgusto de volver a por el automóvil y no encontrarlo.

Además, este año ya se vislumbra un conflicto en ciernes entre los bañistas y los residentes. En la calle Samaruc, que era una alternativa de aparcamiento, los propietarios de los chalés de lujo han pintado en la calzada e incluso en los troncos de los pinos señales de prohibido aparcar. También han escrito en enormes letras que la calle es privada. En un rodal en el que entraban cinco coches, han levantado montones de tierra para evitar que se estacione. A estos residentes, les molesta la masificación. Pero la playa es de todos y, mientras no haya alternativas de transporte público, los bañistas se las arreglan como pueden para aparcar.

Quienes no quieren toparse con el colapso de coches que suben y bajan, dejan el vehículo bien arriba y llegan caminando. Pero lo más habitual es que el conductor lleve a sus acompañantes hasta la pequeña rotonda que está justo a un paso de la playa. Allí para un momento y descarga a los amigos o la familia y todos los cachivaches playeros (sombrillas, hamacas, neveras, flotadores...).

Al mogollón de coches, se suma que el vial de acceso está descarnado. Además, aquí no se para de construir chalés. Las obras agravan el colapso.

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