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El estado catatónico

Antes de retratarse durante el pleno convocado en el Congreso para hablar de tanto tomate, Rajoy advirtió que tampoco exageremos tras deslizar que en todas las profesiones cuecen habas y se cometen errores. ¡Hombre, Mariano! Un fallo es ponerte una funda en el diente que no es. Ahora bien, meter al resto de actividades en el mismo saco y catalogar de error la retahíla de episodios nacionales que hemos coleccionado, demuestra lo que Pedro Sánchez le espetó de entrada. Que su reino ya no es de este mundo.

Que por motivos diferentes este mundo no es del presidente del Gobierno ni del rey que abdicó ni de Rubalcaba ni de Cayo Lara ni del arzobispo de Granada, que se tiró al suelo antes de que lo tiraran, ni de buena parte de la jerarquía -seglar o no- que ha tenido la sartén por el mango durante un tramo nada despreciable, está claro, y los que no lo asuman da lo mismo porque les queda dos pelás.

Ahora bien, lo que ya resulta más catatónico es que recientes apariciones no sepan diseccionar lo que tienen delante ni reaccionar ante secuencias disparatadas. Me refiero a Pedro Sánchez, al que le han preparado ignoro qué tipo de asamblea ciudadana para compartirla hoy en Alicante, aderezada por uno de los puntales con los que contó en su acceso a la secretaría general.

Y para contribuir a lo esgrimido ayer en el debate por el portavoz del pesoe en torno a la «crisis de valores y de desconfianza que afectan al modelo de convivencia», Echávarri, su puntal y alcaldable, se ha rodeado de un plantel de campaña que es para verlo y en el que uno de ellos, exedil del pepé, elogiaba hace tres días a Camps y a Castedo hasta el paroxismo, vanagloriándose de ser imbatibles con ellos de guía. Igual está pensando en rescatar a Diego Such y en hacerse lo antes posible con los servicios de Ana Mato.

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