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Rajoy, Sánchez, Bárcenas, Iglesias

Rajoy y Sánchez en el Congreso, Iglesias en las telas y Bárcenas en Baqueira. Este es el panorama disperso pero no inconexo.

Rajoy en el Congreso y Bárcenas en Baqueira. La imagen del extesorero del PP esquiando con alegre despreocupación se sobrepone a la del presidente del Gobierno anunciando el final de la crisis y la llegada a la tierra prometida que mana leche y miel. Bárcenas es el recordatorio de la losa que abruma los populares aunque el precio del petróleo y la máquina de imprimir euros de Draghi impulsen la economía con la aceleración propia de quien rebota tras caer muy abajo. Bárcenas hace que Rajoy sea casta, diga lo que diga la macroeconomía.

Sánchez en el Congreso e Iglesias fuera, en la tele, obsequiando con récords de audiencia a los periodistas que le entrevistan. Sin Podemos, el debate de política general es falso, cojo. La realidad política española ya no es bipartita, y cualquier cara a cara es incompleto si no es a tres bandas, con tendencia hacia las cuatro: Ciudadanos tampoco está el Congreso. El duelo de recursos verbales entre el presidente del PP y el secretario general del PSOE es una versión reduccionista del debate político realmente existente.

Rajoy, Sánchez, y luego sube a la tribuna Duran Lleida. Otra incongruencia. La desconexión del portavoz con el sentir mayoritario de su formación ha llegado a ser tan grande que apenas se representa a sí mismo.

Existen grandes corrientes de cambio que no se expresan en las Cortes. Cambios tan grandes como el que supuso la sustitución de la UCD por Alianza Popular „germen del actual PP„ como gran partido de la derecha, hace 35 años. Entonces, una moción de censura del PSOE contra Adolfo Suárez dio a Manuel Fraga ocasión de lucirse desde la tribuna. Pero Iglesias no es diputado, y por eso habla desde otros escenarios, donde sus intervenciones no impugnan sólo al gobierno, sino a toda la retórica del debate y de la cámara que lo amparaba.

Bárcenas e Iglesias en las noticias. Uno siembra y abona generosamente los campos de la indignación y el otro recoge la cosecha. Sacos de votos para el granero de Podemos.

La ausencia de Iglesias lo devaluaba, pero el debate del Congreso ha existido, y ya conocemos los análisis de ganadores y perdedores. Convenía saber si Sánchez aguantaba o se hundía. Con poco ya mejoraba su punto de partida. Pero las palabras de la semana pasada pronto serán olvidadas. Las elecciones andaluzas son la próxima gran cita.

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