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No entren al trapo

La última ocurrencia de la mayoría terminal ha sido recuperar la batalla de Valencia, antiguo episodio de las guerras púnicas, a ver si con la ley de Señas de Identidad y su correspondiente Observatorio, les cae algo. Todos quietos y no se me alteren. Los más jóvenes del lugar desconocen que en Valencia y alrededores hubo, durante casi una década, una kale barraka que acogotó, zarandeó, insultó y bombardeó impunemente a quienes no entraban en la ortodoxia dominante, algo así como el entorno de ETA, pero en azul: por lo visto, la violencia sólo admite reproche si no la practican los nuestros, curiosa ética. Bien ¿Y que es una ley de Señas de Identidad y su Observatorio?

Pues es una policía de las costumbres al estilo del Irán de los ayatolás. Una Inquisición muy poco santa que practica la «transferencia de sacralidad» (Jon Juaristi) de los dogmas religiosos a los hechos y signos civiles, por su naturaleza discutibles, evolutivos, materia de transacción. Y así deben seguir siendo: la democracia es la convivencia de ideas incompatibles gracias al principio de cesión. Pero ya digo, no se me alteren, no entren al trapo, apúntense a otra guerra, que corra el aire. Es curioso constatar, otra vez, que quien vivió de un determinado modo, sólo es capaz de morir de la misma manera.

La derecha valenciana convirtió el anticatalanismo en su Santo Grial, en manadero de votos, pero ya no lo tiene tan fácil. El personal no tiene trabajo, pero sí conocimiento. No es que se apropiara de los signos de identidad para dominar, es que pudo apropiarse de ellos porque dominaba, como hizo Pujol con el nombre de Cataluña o Stalin con el movimiento obrero. Se hará lo que se pueda, pero, por Dios, no entren al trapo, que se cuezan en la paradoja de odiar a Cataluña y esperar que los detestados sigan dentro de la cerca levantada por quienes les detestan. Mientras tanto, pondré en mi ventana la bandera que me salga del forro y contribuiré a la brillantez de las fallas con el himno de la Unión Soviética o el coro de Las corsarias, según me pete.

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