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La que tenemos encima

Con el corte de cinta de las andaluzas, arranca el viernes el ciclo electoral que no parará hasta el mes de los muertos. De no ser por el canguis, tiene guasa. Todo apunta a que, por mucho que baje, el pesoe resistirá en su feudo. Cada uno lo verá como lo vea, pero es tela. En las autonomías históricas se ha dado la alternancia y, sin embargo, en la tierra de Felipe y de Arfonzo, no hay quien descabalgue a los paisanos. Y aunque Arenas capituló tras un porrón de intentos, visto el entusiasmo que despierta el actual, igual se precipitó. Susana, no. Ella dijo a éste me lo quedo y convoco antes de que se arrepientan. Encima, cojo a los nuevos con el pie cambiado y le doy moral a los míos y le pongo un cohete a Sánchez a ver dónde cae.

Lo que registran las encuestas dentro del régimen general es el ascenso de formaciones en construcción, sin programa apenas, regulín implantadas y por organizar aún en gran parte del territorio. Los partidos tradicionales lo han conseguido. Demasiado tiempo ha durado la inercia o la sopa boba, llámenle equis, teniendo en cuenta lo que han sido capaces de ofrecer a sus seguidores. Aunque no por ello dejarán de gobernar en múltiples rincones de una manera o de otra, la estrella bipolar, con los comunistas en sus diferentes versiones agarrados a la cola, ha entrado en declive según los barridos de opinión. Por muy malos que sean los resultados que obtengan, siempre serán mejores que los que merecen. De hecho hay votantes suyos, contrarios a dejar de acudir a las urnas y reticentes a entregarse a los cachondos que no traspasan la pura fachada, que de cara a mayo han echado mano de un coaching y se han apuntado a sesiones de yoga con tal de coger fuerzas suficientes para levantarse de la cama el domingo de marras. No obstante, algunos creen que van a tener que darle también al taichí.

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